Detrás de un largo muro

Por Carlos M. Duré

Agencia SICLA, 12/5/02.- Mientras el Banco Mundial asegura que no hay un muro entre ricos y pobres, la TV de algún multimedia gigante muestra a un clandestino mexicano escalando un muro fronterizo con EE.UU.

Si se consultan las fuentes de este balance informativo se advierte de inmediato que en la realidad cotidiana de la República Argentina, en un mismo distrito aparecen indicadores contrarios. Por una parte la actividad económica de cierto empresariado reencontrado con el mercado externo en la devaluación. Por otra, los trabajadores desencontrados con el mercado interno por la devaluación que hizo caer un 40% el poder adquisitivo del salario y su participación en el PBI. Esto para algunos es competitividad y para otros el desmenuzamiento de la infraestructura económica de la cual depende realmente su trabajo, su sustento y hasta su identidad social.

En la información se puede encontrar, por ejemplo la apertura de una fábrica de metanol, que agrega valor en las exportaciones y en la misma región el deambular de la gente buscando remedios que no existen en las farmacias o cuyo precio los hace inaccesibles.

La provincia en la que sucede esto es Neuquén, la sexta de mayor producto bruto per cápita y la primera en producción de hidrocarburos. He ahí un muro menos brutal que el que separa a los mexicanos de su fuente de vida pero no menos ominoso. Es el muro cuya existencia niega el Banco Mundial.

Tal muralla se yergue con la misma premeditación que los ladrillos.

El Gobierno argentino sigue apostando al enriquecimiento de los exportadores en la ilusión de recaudar más impuestos que coadyuven a la asistencia social y a un proyecto de infraestructura a largo plazo.

El derrame de una copa que nunca se llena, cuando menos dentro del país.

Los empresarios dedicados a la exportación parecerían quedarse con una parte del beneficio que ayer nomás acaparaba al sector financiero. Y al mismo tiempo, con la masa de dinero que antes componía el salario. Exportadores y banqueros -aún cuando se arrebaten algunos negocios- están de un lado del muro. Los asalariados, el Estado, la Nación misma están del otro lado y son la esencia de esos mismos negocios. Aquí ya no hay premeditación. Son las reglas de un juego donde todo vale.

 
La Subversión Económica en la guerra contra el terrorismo

La ley de quiebras y la ley de subversión económica cuya modificación y derogación respectivas sugiere el FMI, son consideradas por los opositores como la extranjerización de empresas argentinas quebradas y liquidadas a precio vil, y la impunidad de los quebrantos con fraude como podría ser el de los bancos. La ley de subversión económica formó antaño un arsenal con la Doctrina de Seguridad Nacional y se proponía desmantelar en los 70 la fuente financiera de grupos llamados subversivos, tal como hoy hace EE.UU. con los financistas de Al Qaeda en España e Italia.

Durante la dictadura de Videla y Martínez de Hoz, fue aprovechada para eliminar competencia en el negocio financiero.

La apertura económica de aquel gobierno, la manipulación de las finanzas, elevaron a personajes que medraban en mesas de dinero a la jerarquía de banqueros. Se recuerda el caso de los señores Greco y el Banco de Los Andes, y el señor Trozzo y el BIR.

Estos empresarios telúricos arrebataron a la banca respetable una gran porción del mercado mediante operaciones ilegales que podían encuadrarse dentro de un novedoso concepto: la subversión económica con fines de lucro. De allí surgió la teoría de los dos demonios. Uno de Izquierda violenta. Otro Derecha corrupta. Y en el medio, las víctimas: el pueblo que confiaba en la Ley y las grandes empresas confiadas en las circulares del Banco Central.

El FMI, un poco influenciado por EE.UU., solicita la eliminación de la Ley de subversión económica. No tanto por considerarla una incongruencia jurídica cuya continuidad podría afectar el buen nombre y honor de intereses de USA en el futuro, sino por ser una incongruencia ideológica. Porque la subversión es en la opinión del presidente Bush (11 de Abril de 2001) todo aquello que choca contra la libre empresa. De manera que lo que ayer sirvió para un barrido no debería servir hoy para un fregado.


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