Ibarra opina sobre la madurez de quien lo elige

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 14/7/02.- El jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el señor Ibarra, declaró ayer en una entrevista radial, que la reforma política de su distrito no facilitará el clientilismo ni los vicios de los punteros partidarios.

Los mismos conceptos virtió el vicepresidente del Frente Grande, Ariel Schifirn, que es Secretario de Descentralización de la Ciudad.

Fueron expresados en una reunión con vecinos en respuesta a la inquietud por el incumplimiento de la constitución distrital en su artículo 127 que crea las comunas, es decir, la descentralización política y presupuestaria (art.52).

El mismo funcionario admitió en esa oportunidad que las comunas resultaron de una estrategia de la extinta Alianza para asegurarse la presencia en los barrios de sus dos principales componentes: la UCR y el Frepaso.

Los 16 Centros de Gestión y Participación (CGP) en los que se subdividió la ciudad fueron concebidos como transición a las comunas que debían constituirse el 1/10/01. Tales CGP tienen un Director y un Delgado Comunal, cargos distribuidos equitativamente entre los componentes de la Alianza.

La crisis argentina que estalló el 20 de Diciembre del 2001, provocó un fenómeno en principio autóctono de la Ciudad de Buenos Aires. El pueblo se convocó espontáneamente a deliberar en Asambleas barriales de las que nació la consigna Que se vayan todos, en referencia a los dirigentes políticos que ejercen cargos. También se repudió todo intento de usufructo partidario de las asambleas.

El propio Secretario de Descentralización admitió que no era bienvenido en tales reuniones. El gobierno intentó por interpósito Schifrin absorber el estado asambleario del pueblo en una serie de reuniones en las que se permitía opinar sobre la asignación del presupuesto no votado en el 2002 y 2003. Y se puede decir que por ausencia de objetivos concretos de las asambleas y por la rápida maniobra de diversión del gobierno, la descentralización política y presupuestaria fue puesta a buen recaudo.

El argumento del Gobierno de la Ciudad para explicar su incumplimiento de la Constitución se funda ora en la inmadurez de las asambleas, ora en el riesgo de la manipulación partidista. Y el ciudadano común los compartiría ante la deserción de los políticos del 20 de Diciembre. Y después de evaluar su propia participación en las asambleas. Sin embargo, ni esos argumentos ni otros mejores fueron esgrimidos antes de la fecha fatídica.

La conclusión es simple. Los hombres del gobierno consideran hoy manipulables las comunas e inmaduros para autogobernarse a los ciudadanos. Es decir, lo contrario que pensaron al redactar la Constitución. Era una época en la que la estabilidad parecía estable y la convertibilidad también. La ciudad era un premio electoral que dejaba en manos del vencedor 3,5 millones de habitantes y 3,500 millones de dólares de presupuesto. Para el oficialismo, eso se convierte en un castigo cuando pasa a manos de otro, aún cuando ese otro sea en todas las declaraciones el objeto de sus afanes: el vecino.

Hoy las encuestas favorecen la continuidad del oficialismo. No aparecen en el horizonte las comunas.


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