El ejército norteamericano podría irse de la Argentina por falta de apoyo moral

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 30/8/02.- Los operativos cabañas 2000 y 2001 consistieron en maniobras militares y de fuerzas de seguridad de varios países americanos en territorio argentino. Participaron, además del anfitrión, Estados Unidos, Paraguay, Colombia, Brasil, Bolivia, Uruguay y Chile.

Se practicaron en ambas ocasiones operaciones de "guerra fluvial selvática". Fuerzas norteamericanas de rangers y marines se radicaron en algunas bases fronterizas alquiladas al ejército argentino principalmente en las provincias de Salta y Misiones. En la isla de la Mazaruca, -delta de Entre Ríos-, base de la Fuerza Aérea Argentina, se radicaron los marines quienes efectuaron sus maniobras en conjunto con infantes de marina argentinos.

Se puede considerar parte de estos ensayos las maniobras aéreas conjuntas argentino-norteamericanas en la provincia de San Luis, y las navales que sumaron a Francia a operaciones de USA, Argentina, Brasil y Uruguay. Ambas, durante el 2001.

Estas maniobras y la instalación de campamentos norteamericanos eran algo previsto desde el retorno a la soberanía administrativa panameña en 1999 del canal interoceánico y la consiguiente remoción del comando sur de USA con base allí. El entonces presidente argentino, Menem, propuso a sus colegas americanos instalar un comando sur ampliado o escuela de fuerzas interamericanas en su país.

Simultáneamente, el Plan Colombia para USA o Ley de Seguridad nacional para Colombia, contra la insurrección armada de ese país, entre otros objetivos, inclinó al Pentágono a rechazar la oferta del presidente argentino y distribuir su comando en numerosas bases empezando por Ecuador.

El método norteamericano hasta 1999 para coentrenarse con militares latinoamericanos era llevarlos a la famosa Escuela de las Américas. Desde esa fecha son profesores a domicilio y con cama adentro.

El entrenamiento no se limita a una hipótesis de intervención interamericana contra focos insurreccionales. La inclusión del narcotráfico en la misma hipótesis permite a las fuerzas norteamericanas actuar en el plano policiaco. Aunque las FF.AA. Argentinas se opusieron a actuar en ese aspecto en tanto la ley de su país se lo prohíbe, el ataque del 11 de septiembre 2001 al Pentágono reinstaló, como en la época de la subversión marxista internacional, un enemigo ubicuo, sin rostro y de hábitos urbanos.

Dicho ataque reforzó los argumentos de USA para llevar su nuevo despliegue de seguridad continental incluso al control poblacional y de tránsito de automóviles.

Si bien un año antes -Operativo Cabañas 2000- curiosamente en Buenos Aires, el FBI, la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura Naval habían hecho simulacros de captura terrorista de un barco con toma de rehenes y de un ataque con armas químicas en el subterráneo, la currícula de la escuela de las Américas incluyó en el Cabañas 2001 la materia copamiento de la Embajada de USA.

No sin antes pasar por la guerra química, biológica y atómica; tópicos sobre los que las FF.AA. Argentinas instruyeron a una muchedumbre de funcionarios de la Provincia de Buenos Aires, alborotados por el merodeo del ántrax.

Al empezar la invasión norteamericana de Afganistán, los rangers acampados en la provincia de Misiones supervisaron el control poblacional de la policía argentina. Es decir, mientras las FF.AA. Argentinas se ocupaban de un dudoso holocausto, las FFAA de Estados Unidos se avocaban a la tarea más urgente que, aquellas habían rehusado.

La prospectiva argentina del Pentágono para el 2000 abarcaba desde el traslado al país de los carteles de la droga hasta una guerra civil más bien anárquica pasando por un colapso financiero. Los sucesos del 20 de diciembre que ocasionaran más de treinta muertos y la defenestración del gobierno, pero fundamentalmente el no pago de la deuda externa, justificaron las raras maniobras del Comando Sur que hoy estrena al general de cuatro estrellas Hill.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, exigió a su aliado colombiano, Uribe, que ese país sudamericano apoyara el status de inmunidad de los soldados norteamericanos que andan por el mundo.

Tal condición era imprescindible para liberar 1600 millones de dólares de apoyo militar al ejército de Uribe quien desde luego accedió, dada la comprometida situación económica de su país muy cercana al default.

USA repitió la maniobra con el presidente argentino, Duhalde, en el preciso momento en que levantaba las trabas aduaneras a 57 productos de ese origen -especialmente de autopartes- que requieren unos 2000 millones de dólares del FMI para financiar su exportación. Junto con una solicitud de ingreso a territorio argentino de tropas norteamericanas se pidió el apoyo en la ONU a la inmunidad de los marines. El conflicto civil y político que había pronosticado el Pentágono es a tal punto anárquico que el Congreso argentino lo rechazó.


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