Menú carcelario para la juventud

Por María José Grenni

Buenos Aires, Agencia SICLA, 3/9/02.- Hace varios años que la prensa resalta el incremento de la participación de menores de edad en hechos delictivos. La de La Plata informa como el sistema penal de menores entró en colapso ante el aumento en un 142% de la delincuencia juvenil en cuatro años.

Si bien los hechos delictivos son una realidad, suelen deformarse con la subjetividad de periodistas y medios que se presentan como realistas.

La solución planteada para estos jóvenes, que en su mayoría deben encontrarse dentro del reciente informe del INDEC de que la mitad de la población en condiciones de trabajar no ha completado sus estudios secundarios, no parece ser la más apropiada.

Entre la más difundida se encuentra la de bajar la minoría de edad en las imputaciones penales. Su albergue se prepara en buques escuelas (cárceles de menores), con reducción de espacio entre los barrotes para impedir la fuga de los reos que se caracterizarán por su escaso volumen físico correspondiente con su edad o con su grado de desnutrición. Estas soluciones se asemejan a la imaginada por George Bush para prevenir los incendios forestales talando los árboles.

Las situaciones de marginalidad, que no sólo incluyen a los jóvenes, son en extremo más complejas como para solucionarlas con un menú carcelario.

A la falta de recursos económicos de estos jóvenes para continuar sus estudios y la posterior dificultad de conseguir un trabajo, debe sumársele los escasos derechos que tienen los menores de edad respecto de los mayores.

La disminución de la edad imputable reduce también las chances de defenderse.

La pedagogía de la tala de árboles

Los centros educativos son eco, a su manera, de estas propuestas. En las escuelas de Mendoza aplican con éxito la mano dura en las normas de convivencia escolar. Las autoridades educativas aclaran que el autoritarismo les gusta, pero no en extremo y que deben tener cuidado de no cometer excesos.

Las normas de convivencia -como en la calle- no incluyen en sus fundamentos la Declaración Universal de los Derechos del Niño que garantiza la libre asociación y expresión de los jóvenes estudiantes.

Un crudo reflejo es el ámbito educativo más "progresista": La Ciudad de Buenos Aires, donde la Secretaría de Educación contrató en 20 escuelas estatales seguridad privada. Así es como en la escuela porteña Mariano Acosta, dicha Secretaría colocó un agente de policía privada porque una estudiante había sido expulsada por su actividad política y era necesario prohibir su ingreso y de paso el de cualquier estudiante que intentara ingresar con material político.

La comunidad educativa parece optar por la pedagógica tala de árboles. Junto con distintos credos y la Red Solidaria realizarán bocinazos este viernes a las 14 hs para decir basta a la inseguridad, casi conjuntamente al llamado del canciller Ruckauf de "mano dura" contra la delincuencia.

Si desea ver notas relacionadas bajar informe persecución y amenazas a estudiantes secundarios. www.sicla.com.ar/bajar archivos


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