Verdades y mentiras en la campaña de la inseguridad

Por E. Bell

El Silencio es Salud

Buenos Aires, Agencia SICLA, 7/9/02.- Pasados ya unos 60 u 80 días del comienzo de la campaña sobre la inseguridad, tomaremos unos minutos y algunas hipótesis para evaluarla.

Nos referimos a "campaña" porque desde sus inicios (alrededor de un año), se notaron aspectos que denotaban su aparición en escena como algo digitado: se aducía a los índices de asaltos y asesinatos como extraordinarios, cuando en esos meses -principios de 2001- dichos índices estaban por debajo de los de 1993, hecho que fue resaltado por muy pocos.

El recrudecimiento de esta campaña tapó los temas predominantes hace dos o tres meses: el repudio a las organizaciones financieras, a las campañas electorales, y otros heredados de los convulsivos días de Diciembre y Enero.

Al día de hoy podemos ver claros efectos en índices y encuestas. Se pueden subrayar:

  1. El beneficio de prestadores privados de servicios y bienes de seguridad.
  2. El beneficio de ciertos candidatos a las próximas elecciones.
  3. La generación de una conducta social necesaria para ciertos fines.

1.- En la semana pasada se dio a conocer el aumento de un 20% en la contratación de agencias de seguridad privada. También aumentó la venta de armas de defensa personal.

La seguridad es uno de los servicios que brinda el estado, y lógicamente implementada una política de privatizaciones, este servicio comenzó a ser tercerizado. Tiene la particularidad de estar regulado por la Constitución Nacional: el Estado debe ejercer el monopolio de la fuerza.

En pos de la seguridad jurídica tantas veces invocada, este sector privado puede llegar a plantear -sólo hay que sentarse a esperar- que se modifique la Constitución para no seguir en la ilegalidad.

Eliminar este concepto sería el equivalente de la eliminación del Artículo 40 de la Constitución del 49, que proscribía la extranjerización de los resortes básicos de la economía nacional.

Se ha logrado, hasta cierto punto con razón, una desconfianza en el accionar de la policía estatal, al punto que por los medios de comunicación se informa "la Policía Bonaerense no interviene en la investigación del secuestro por pedido de los familiares...".

De ahí la lógica suba en el índice de actividad del sector mencionado.

2.- Un sector claramente definido dentro del Peronismo no justamente progresista ha aumentado sus expectativas electorales con un discurso basado en la seguridad o falta de ella. Rodríguez Saa lanzó su campaña junto a Aldo Rico, icono de la mano dura el 19 de Agosto, fecha epicentro de la campaña si tomamos los últimos 3 meses.

A su vez, Luis Patti sube puntos en una votación virtual según se informó el 15 de Agosto. Este título aparecía justo debajo de: "Secuestran a la madre de un intendente."

Como no podía faltar, Menem o sus asesores de imagen hicieron centro de campaña en este tema. Llegó a proponer el Estado de Sitio y la Pena de Muerte (noticias del 15 de Agosto).

Como decíamos en el análisis del sábado pasado, las cosas se han dado vuelta al punto de que los "líderes" políticos ya no nacen y se forman en base a las necesidades populares o a la aparición de nuevos sectores sociales, sino que se fabrica la "base social" necesaria con los temas que más convengan, resaltando unos temas y tapando los de difícil resolución.

3.- Por último, sumando declaraciones de hoy aparecidas en diarios nacionales y provinciales ("Duhalde dice que no tiene un plan B si no se arregla con el FMI"), podríamos profundizar en la hipótesis de que sí existe un plan alternativo, o más bien una política alternativa a la de la paz social. Y es la necesaria para contener un estallido social multiplicado en las provincias.

En casos como ese, ante el que Diciembre quedaría como un simple anticipo, la necesidad de un control social permanente, de las personas y las organizaciones políticas y gremiales, se transforma en un hecho que debe ser legitimado.

Los anuncios sucesivos de reincorporación de agentes ya retirados de las policías -por distintas razones-, operativos en accesos a ciudades, control poblacional y vehicular (esta semana se retomó el método de detener colectivos para el control de los pasajeros. No se utilizaba desde épocas que el lector podrá recordar), son progresivos y en escalada.

Por los medios de comunicación se imparten consejos de modificación de la conducta: "Si ve movimientos extraños, aléjese y no se meta", "Si ve a alguien sospechoso, cruce la vereda y busque un policía"...

Efectivamente, el acostumbramiento social a estos métodos se está generalizando, incluso apoyado por manifestaciones organizadas en pequeñas localidades y a nivel nacional: en la Ciudad de Colón los Centros de Estudiantes han trocado s! us objetivos gremiales por petitorios y reuniones con el Intendente y el Comisario para deliberar sobre la seguridad.

La máxima expresión de esta situación la podemos encontrar en la historia argentina, cuando en 1975, año previo a la dictadura comenzada en 1976, el General Embrioni erigió un símbolo en el mismísimo Obelisco: una cartel que mostraba a una enfermera mirando a su espectador, con el índice tapando sus labios, y una leyenda: "El silencio es Salud".


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