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No somos una republiqueta...
Por María José Grenni

Buenos Aires, Agencia SICLA, 24/11/02.- Dentro de un contexto regional donde la Argentina se encuentra con altas probabilidades de cortar sus relaciones internacionales por no honrar sus deudas, y el Paraguay de entrar en "default" en el segundo trimestre del año próximo de no achicar el presupuesto público, el fortalecimiento de un mercado regional parece cobrar día a día más necesidad.

Sin embargo el nuevo presidente del Brasil, Lula, se encuentra en extremo condicionado por las presiones de los organismos internacionales para pasar del dicho al hecho respecto del MERCOSUR y el ALCA.

En una expresión cargada de ironía, Lorenzo Pérez, integrante de una misión del Fondo Monetario Internacional, dijo que Brasil está logrando controlar su balanza de pagos y es cada vez menos dependiente del capital extranjero.

Esta independencia, que produce una sospechosa algarabía del FMI, es contradictoria con la necesidad del nuevo presidente de recibir el aporte de dicho organismo de 24.000 millones de dólares.

Una peculiar independencia que permite que el presidente del Instituto Brasileño de Ejecutivos de Finanzas, Carlos Alberto Bifulco declare que Lula ha pasado la primer prueba de fuego "confirmar que mantendrá una política económica de responsabilidad fiscal y que no caerá en soluciones que implican popularidad como un descomunal aumento del salario mínimo".

Según el embajador brasileño ante la Unión Europea (UE), José Alfredo Graça Lima, el Mercosur tendrá su "momento de la verdad" en febrero, cuando se realizará el intercambio de ofertas de apertura de mercado en las negociaciones para crear el Área de Libre Comercio de las Américas y con la propia UE.

¿Costo cero hambre cero?

El lector advertirá la contradicción existente entre una política de hambre cero carente de un aumento salarial. Según datos oficiales 85 millones de brasileños están por debajo de la línea de pobreza, el 28,7% de los brasileños vive con menos de un dólar por día y más de 3,2 millones de trabajadores se encuentran obligados a tener más de una actividad remunerada, debido a los salarios bajos.

El combate del hambre no parece encontrar una solución coherente apoyada en préstamos externos que traen consigo la reducción del gasto fiscal y la manutención de salarios mínimos.

Esta contradicción permite que el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Otto Reich, afirme que el gobierno americano está dispuesto a dar todo el apoyo posible, inclusive de las agencias financieras internacionales para que se cumpla el sueño de Lula de dar a los brasileños tres comidas diarias. Categorizándo a Brasil como el nuevo ejemplo de estabilidad democrática y llave de la recuperación económica de América del Sur.

Mientras Brasil no intente resolver la citada contradicción, la desnutrición brasileña será símbolo de fortaleza y su combate estructural una debilidad. Y la integración al mercado mundial seguirá caracterizándolo por sus salarios desnutridos.

Independencia... cuidado con esa palabrita

Los ampulosos elogios del país del norte y organismos internacionales para con Lula tienen un límite. El gobierno colombiano reconoció que USA ejerció presión para que suspendiera la compra de 24 aviones de combate de la empresa brasileña Embraer, por 234 millones de dólares. La ministra de Defensa, Martha Lucía Ramírez, admitió que Washington recomendó a Bogotá adquirir aviones estadounidenses con fondos del Plan Colombia, de lucha contra el narcotráfico.

Estos choques dejan a luz que la luna de miel entre Lula y el país del norte no es demasiado armoniosa.

El desarrollo industrial brasileño no pone de muy buen humor a los norteamericanos especialmente cuando las cuestiones militares se mezclan.

Dejar en manos del Estado brasileño la provisión militar a Colombia no parece inspirar demasiada confianza al país del norte. Brasil este año no sólo se ha negado a dar inmunidad a soldados norteamericanos sino que se ha atrevido a proponer unas Fuerzas Armadas conjuntas del Cono Sur. Este atrevimiento lleva un nombre: Amazonia, el paraíso que buscaba Henry Ford.

Agencia SICLA.

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