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Rastros de un complot
Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 06/12/02.- Hace aproximadamente seis meses llegó a esta redacción una opinión anónima sobre un presunto complot entre fabricantes de armas, petroleros y oligopolios energéticos para ubicar gente de su confianza en puestos estratégicos del actual gobierno de EUA. Desde esos cargos -sugería el anónimo- se impulsarían políticas de Estado favorables a los negocios citados.

Como es habitual que llegue a SICLA toda clase de correos, algunos poco fiables o de difícil comprobación, se optó por no hacer ningún comentario.

Pero, el mencionado correo contenía la reproducción de un reportaje al periodista del diario británico The Guardian, Greg Palatz por una emisora de radio norteamericana. Allí Palatz prácticamente denunciaba el complot basándose en sus propias fuentes.

También mencionaba dos cosas que justificaron que la información fuera archivada. Una, que la Argentina era aludida explícitamente como víctima ejemplar de la intriga. Otra, que una de los monjes negros era Paul O´Neil, Secretario del Tesoro de EUA, que acaba de ser echado por Bush.

Sólo a los efectos de presentar el tema, SICLA puede decir, sin adherir irreflexivamente a una visión conspirativa, que las relaciones ínter empresariales que se citan al principio son ciertas.

En este mismo espacio se ha señalado que la empresa AES Corp. está integrada por empleados de todas las jerarquías de Grumman y Northrop. La primera construye en San Nicolás la central eléctrica Paraná (U$S 450 millones), protagoniza un litigio por la construcción de los diques Caracoles -Punta Negra en San Juan (U$S 309 millones), sin contar con que su área de comunicaciones opera la telefonía de Venezuela, y que junto con la mexicana CPC construye una importante represa en Centroamérica. La incubadora de AES son Grumman y Northrop, fabricantes de aviones y proveedores de las FFAA norteamericanas.

Por su parte Paul O'Neil -quien al tiempo que renunciaba oyó el estrellamiento de un avión en oficinas de la reserva federal- es uno de los principales accionistas del mayor productor de aluminio del mundo. O'Neil sostuvo en infracción a los deberes de funcionario público (por incompatibilidad de intereses), U$S 100 millones en acciones de la empresa que regenteaba en la actividad privada. El aluminio es uno de los insumos básicos de la industria aeronáutica.

Aproximadamente en la primavera de 1985, un matutino de Buenos Aires especializado en temas agropecuarios y del ámbito castrense publicó dos noticias siamesas. En una contaba que en EUA se había suspendido como proveedor del área de defensa a Grumman, Lockheed, y alguna empresa aeronáutica más. La razón que adujo el F131 para efectuar 30 detenciones, era que uno o más proveedores le pagaban U$S 10 mil por mes a un funcionario de la Secretaría de Defensa para que les "adelantara" las especificaciones técnicas de los aviones que el Estado compraría. Los datos técnicos adquieren mayor importancia en compras que no se hacen por licitación.

Al lado había otra noticia sobre un nuevo producto del Área Material Córdoba, el jet militar IA63 "Pampa" que tenía posibilidades de ser adquirido por la marina de EUA por un contrato de U$S 2000 millones. Esta, y siguientes informaciones mencionaban como obstáculo a la operación las barreras aduaneras contra ese tipo de tecnología importada que opone EUA. En los corillos periodísticos se decía que la manera de sortearlas era exportar el Pampa bajo una marca norteamericana asociada. La transacción fracasó.

En 1994, el Área Material Córdoba fue abierta a concesión. Al principio se mencionaba a Grumman y finalmente se le adjudicó a Lockheed.

Tal como se informó ayer, esta empresa amenaza dejar la fábrica de aviones porque -entre otros alegatos- se frustró una venta de aviones IA63 a Colombia. Esos aviones deberían ser comprados con el dinero del fondo de ayuda de EUA a Colombia (U$S 1600 millones) para la represión antiguerrillera, pero Washington exige que se use para comprar productos norteamericanos. Con lo que aquella hipótesis de 1985 queda desvirtuada.

Si la fábrica de aluminio de O'Neil contaba con las compras de Embrear y de Córdoba, es decir, con la guerra sudamericana, para mover sus cuentas, la conspiración descripta al principio de esta nota va por mal camino. O quizás, las abultadas cifras del sector energético, socio en la conquista del mundo, lo han convencido de cambiar sus U$S 100 millones en acciones de aluminio a otro rubro industrial.

Agencia SICLA.

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