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Producción de conocimiento

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 29/12/02 (23.00hs).- La Municipalidad de Colón -al norte de la Provincia de Buenos Aires- desde el 2000 otorga un premio de $280 mensuales al mejor promedio del año de todas las secundarias de la localidad. La beca, que cubre el tiempo que duren los estudios universitarios del beneficiado, este año correspondió a una estudiante que el Concejo Deliberante considera de alto nivel económico, lo que motivó la protesta de uno de los bloques. Pretende que se revise el mecanismo becario y que en este caso se entregue al segundo mejor promedio.

En este caso los concejales se guían por algo parecido al sentido común, ese instinto popular que desea, por ejemplo, que la lotería, ya que es cosa del azar, al menos le toque a un pobre. Y no está muy errado asimilar una beca estudiantil a la suerte más que a una política. Sobre todo cuando es una para cubrir las necesidades de miles.

Pero hay en todo esto un error de fondo que excede este caso particular. Consiste en que la próspera situación económica de la estudiante beneficiaria no es de ella si no de sus padres. De hecho, la joven no podría disponer ni siquiera de sus propios bienes hasta cumplir 21 años, salvo en situaciones excepcionales. Mucho menos podría disponer de los de sus padres de no mediar una donación o una sucesión a las que sólo accedería cuando fuera mayor de edad. Así lo establece el código civil.

Sin embargo, la estudiante, como cualquier otro estudiante, tiene derecho a cobrar ese dinero por la sencilla razón de que efectúa un trabajo que consiste en producir conocimiento.

Que el estudio, como trabajo en la producción de conocimiento, es un factor reconocido en todo el mundo como ventaja comparativa, a esta altura no debería ignorarse. Como tal, entonces, no debería realizarse sin el correspondiente pago (el 40% de deserción escolar se origina en la búsqueda de actividades renumeradas debido al aumento de la pobreza). Pero se argumenta que el pago en realidad se produce, sólo que lo perciben directa o indirectamente los padres a través del salario familiar, el salario por escolaridad, etc. De ser así, prevalece por sobre la condición de trabajador la de persona inhábil para disponer del fruto de su propio trabajo; o, lo que es más ajustado a la verdad, prevalece la condición de objeto antes que la de sujeto.

Poco a poco la sociedad argentina va admitiendo que millones de estudiantes constituyen un sector particular del variado espectro del trabajo. De tanto repetir que en el estudiantado reside el futuro del país y de tanto escuchar cuánto valoran en el primer mundo el conocimiento, las autoridades nacionales y locales presienten que ese trabajo debe tener continuidad. Provincia de Buenos Aires ha otorgado en mejores momentos más de 100 mil becas de hasta $200, y la ciudad de Buenos Aires, 80 mil. En el primer caso la percepción la hacía directamente el beneficiario. A menudo -dada la alta desocupación- era el sostén económico familiar, casi un jefe, o jefa de familia.

Mientras al pago por producir conocimiento se lo denomine beca, el criterio de otorgamiento se fundará en el estado de extrema necesidad del estudiante o en un rendimiento sobresaliente.

Suele afirmarse que el estado de gran pobreza va reduciendo las posibilidades de aprendizaje. Para evitar esa situación se asignan becas. Para acceder a las becas hay que ser sobresaliente. Para ser sobresaliente, y siguiendo esa línea de razonamiento, en general hay que comer bien y no pasar privaciones. Absurdo.

Si en lugar de beca se llamara salario se reconocería en ello un estado de normalidad: que el estudiante está trabajando. Las grandes carencias y los grandes rendimientos serían extremos a subvenir y a premiar, respectivamente. Probablemente serían excepciones.

Agencia SICLA.

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