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Argentina, petróleo y guerra

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 02/ene/03 (23.00hs).- El Durante el tramo final de la campaña electoral brasileña, el ex presidente Cardoso decretó una rebaja del 12% del gas envasado de uso domiciliario en las plantas de Petrobrás. La medida podía interpretarse como un aliciente para el voto oficialista, pero no cabía duda que estaba acompañada por una política de mantenimiento de costos energéticos seriamente amenazados por la crisis de Venezuela, proveedor petrolero de Brasil.

Simultáneamente, Petrobrás adquiría la petrolera argentina Pecom y se unía a otras privadas en el aumento de combustibles en la Argentina, casualmente del 12% en septiembre 2002.

La escalada de precios del petróleo y sus subproductos, bajo el pretexto de la situación crítica de Iraq y Venezuela, arrastra a cualquier país productor y la Argentina no es una excepción.

La Argentina no es un exportador estratégico de hidrocarburos. Es decir, no es proveedor de Estados Unidos, que, frente a una posible guerra, necesita importar petróleo y gas a bajo precio para preservar sus propias reservas. Si fuera así, podría respaldarse en la estrategia bélica norteamericana a los efectos de negociar los precios internos de los combustibles con las petroleras privadas.

Las privadas, a diferencia del gobierno de EUA, han obtenido una diferencia de hasta U$S 14 por barril en países como Ecuador, cuyo crudo no afecta directamente la estrategia de Washington.

El aumento de combustibles en la Argentina sumado a la tendencia de revaluación del peso, al aumentar los costos industriales, reduce los márgenes de reactivación económica exportadora y restringe todavía más la del mercado interno. Sin embargo, es un achicamiento selectivo en tanto no malogra los costos agropecuarios cuyo consumo de combustible y energía en general es considerablemente menor al industrial, y consecuentemente más negociable.

Las petroleras privadas en la Argentina están obligadas a liquidar en el país el 100% de las divisas devengadas por la exportación, aunque sólo dejan el 30%.

En un principio y a los efectos de restañar las reservas del BCRA, el gobierno de Duhalde intentó compensar esa fuga de divisas aplicando una retención del 20% a las exportaciones petroleras o, para ser precisos, a las declaraciones juradas de explotación. La reacción fue un virtual desabastecimiento de combustibles que hizo retroceder al gobierno e hizo avanzar el precio, exceptuando el del gas oil del agro y del transporte.

La suspensión por tres meses del alza de combustibles acordada entre el gobierno y los privados acaso concluya en algún tipo de subsidio indirecto de los de uso agrario y del transporte permitiendo una mayor liquidación de petrodólares en el exterior.

El acuerdo, sin duda tiene dos interlocutores principales del lado empresario: Petrobrás y Repsol. Brasil y España son dos países cuya economía está atada al precio del petróleo según lo entienden las grandes explotadoras privadas y no como lo concibe el gobierno de EUA en sus estrategias belicistas. Y en eso se asemejan a la Argentina.

Otra razón que podría haber lubricado ese acuerdo precario es la declaración del canciller Ruckauf asegurando la participación de las Fuerzas Armadas argentinas en las posibles acciones bélicas que Estados Unidos e Inglaterra emprenderán contra Iraq. Se trata de reflotar la condición de aliado extra OTAN con el propósito de que sea directamente el Pentágono el que persuada a las petroleras.

Agencia SICLA.

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