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Duhalde nunca encontró el equilibrio entre petroleros y estancieros

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 03/ene/03 (23.00hs).- El senador en ejercicio provisional de la presidencia, Duhalde, admitió que su alianza con el empresariado hace un año fue apresurada y un error. El balance presidencial consiste en una simple respuesta a la crisis social que lo obligó a resistir a disgusto la única cláusula que FMI no está dispuesto a transigir: la eliminación del gasto social en la cifra de $4000 millones a los efectos de lograr un superávit primario del 3.5%. Esa cifra está compuesta por $3800 millones en planes jefes y jefas de hogar más un vuelto.

Protagonismo pour la gallerie

La alianza inicial a la que se refiere Duhalde daría la impresión de un rol protagónico del gobierno que en verdad no existió.

La cesación de pagos de la deuda externa conllevó la ruptura del sistema financiero, el aislamiento comercial exterior y una furibunda devaluación que bajó el costo argentino (salarios) provocando un aumento en la producción del sector primario para colocar en todo el mundo en condiciones ventajosas. La exportación agropecuaria y la hidrocarburífera fueron los soportes de ese proceso.

En un tímido intento por contener los colapsos provinciales, Duhalde quiso recaudar fondos para el fisco con una retención del 20% a las exportaciones petroleras. Ese sector respondió violentamente con una gradual reducción del abastecimiento de combustibles.

Los gobernantes de las provincias petroleras fueron los portavoces del empresariado del ramo. Incluso los productores rurales hicieron cortes de ruta presionando por un subsidio al gasoil agrario y su debida provisión agrandando el poder coercitivo de sus colegas en exportaciones primarias.

Duhalde desistió hacia mayo 2002 de la retención petrolera trasladando la medida fiscal a los agropecuarios que retomaron su actitud confrontativa pero esta vez solos.

Vista gorda fiscal

A esa altura del año, el gobernador de la provincia de Buenos Aires -primera productora agropecuaria del país- logró persuadir a los rurales de aceptar las retenciones a cambio de una vista gorda sobre los impuestos adeudados (hacia noviembre se conoció una lista de deudores que como en el caso de José Alfredo Martínez de Hoz, dueño de 350 mil hectáreas en el distrito, alcanzan cifras superiores a u$s 1 millón).

Ya en el cierre del ejercicio, aprobado el presupuesto de $62.000 millones, Solá -inmerso en la campaña electoral- decidió aumentar el impuesto inmobiliario rural hasta una35% sin haber cobrado previamente a los grandes morosos.

La exportación, al margen del default

Se puede decir que los precios internacionales del petróleo y los productos agrícolas siguen desde esos días una curva ascendente concentrando una renta extraordinaria en los respectivos exportadores.

El agro y el petróleo no fueron afectados durante el 2002 por la crisis financiera de la Argentina. El primero, porque puede almacenar gramos -embolsados y en el propio establecimiento- a la espera del precio mejor. El segundo, porque vende por anticipado y a precios estimados según su propio criterio.

Al revés

El acuerdo del gobierno con los petroleros para evitar la suba de combustibles durante tres meses, tal como lo anticipó SICLA, consistió en un subsidio (*), al pagar el estado por adelantado exportaciones a u$s 18,5/barril como piso y u$s 35/barril como techo.

Si se tiene en cuenta que las petroleras no pagan el 12% en regalías sino el 6%, que liquidan el 70% de divisas en el exterior y el resto pueden hacerlo en bancos privados, se llega fácilmente a la conclusión de que dejan su diezmo en ese piso de u$s 18,5 y venderán a u$s 35 es decir, con más del 90% de ganancia sin que de ella quede un solo dólar en el BCRA.

En su informe internacional, SICLA señaló que el Banco Central de Ecuador bajó el precio estimado del barril 2003 de 22 a 18 dólares en un intento por cobrar por adelantado tres meses de regalías, cosa que no se produjo. El gobierno argentino hizo exactamente lo mismo pero para pagar él a las petroleras, cosa que aparentemente sí se produjo.

Más de lo mismo u otra vez sopa

Impedido de controlar a las petroleras, Duhalde repite como un calco la maniobra de abril 2002 e intenta aumentar las retenciones a las exportaciones agropecuarias cuyos precios internacionales han encarecido la canasta básica. Los economistas ortodoxos no vislumbran un salto inflacionario sino un razonable reflujo en el consumo. El 80% de la carne que se produce en la Argentina se consume en el mercado interno, pero al precio del 20% que se exporta. El argentino comía en 1970 cerca de 80kg. per cápita por año y hoy 53kg. Eso es una notable disminución en el consumo de proteínas cuyas peores consecuencias se ven en los 19 niños muertos por desnutrición en Tucumán. Entonces habrá que ver hasta dónde el pueblo compartirá la opinión de los economistas ortodoxos y la reticencia de los exportadores a pagar su cuota social.

Agencia SICLA.

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