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El capitalismo insolente

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 06/ene/03 (23.30hs).- El gobierno argentino aseguró la semana pasada que su gestión ni la que lo sucede podrán cancelar los Planes Jefes y Jefas de hogar. Duhalde avisa de esta manera que no transigirá en ese condicionamiento del FMI, que no está dispuesto a ahorrar gasto público de interés social y político, y que su reemplazante -si lo hay- debe guardarse de retacear fondos imprescindibles para mantener los vínculos del PJ Bonaerense con su base.

Duhalde no puede olvidar el año '94 cuando el entonces Ministro de Economía, que compartía el poder con Menem, cerró el grifo del fondo de reparación histórica a la Provincia de Buenos Aires (u$s 600 millones) obligando al gobernador a echar mano de otras fuentes financieras ajenas al presupuesto nacional. Aquella vez, Menem logró establecer algunas cabeceras de playa en el distrito que era adverso utilizando recursos de igual procedencia puesto que Cavallo manejaba el déficit fiscal en sintonía con el FMI. Nunca Duhalde se vio tan débil y nunca sus operadores políticos se vieron tan atados a su suerte. A tal punto que tras el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, Bruno Tábano, el Intendente de Lomas de Zamora -municipio de residencia de Duhalde- acusó directamente al empresario menemista Alfredo Yabrán del homicidio.

El año '94 fue particularmente redituable para la Argentina en el contexto del Mercosur. La misma filosofía convertible equiparaba a Brasil con la Argentina. El bajísimo costo de mano de obra hacía en extremo competitivos a los exportadores brasileños.

La apertura irrestricta de la economía argentina facilitaba a las empresas transnacionales remitir divisas a sus casas matrices. El complemento era tan perfecto que las empresas trabajaban con costos brasileños y precios "argentinos" al punto de importar obreros clandestinos de Brasil o de que los camioneros de ese país cargaran combustible más barato allí y prohibieran a sus choferes comer en los refectorios de las rutas argentinas.

La crisis del modelo económico abierto obligó primero al Brasil a devaluar el real para recuperar empresas exportadoras que hacían su agosto desde la Argentina. Sin embargo la medida no implicó una mejora del salario y la ayuda social, pues, para que las empresas mantuvieran un status competitivo, exportar y facilitar al gobierno una política fiscal que corriera más parejo con los compromisos financieros, el ex presidente Felipe Cardoso mantuvo el concepto de Domingo Cavallo de competitividad. Su sucesor, Lula, llegó al poder con la promesa de erradicar de Brasil hasta el último vestigio del economista argentino.

Pretende que los trabajadores coman tres veces por día, lo que no supone necesariamente aumento salarial (fue advertido antes de asumir por el colegio de gerentes financieros de no incurrir en esas "medidas populares") sino algún tipo de plan salvataje parecido al de la Argentina: Planes Jefas y Jefes de hogar.

La Argentina erradicó hace un año al propio Ministro Cavallo y al FMI reemplazándolo por 2 millones de planes sociales. Lo que no pudieron sustituir Duhalde y ahora Lula es el modelo exportador irrestricto que preconizaba Cavallo. El Hambre Cero y los planes de trabajo requieren una recuperación de una pizca de la masa de riqueza transferida del salario al sector exportador mediante grandes devaluaciones que no han sido acompañadas por una justa política impositiva.

Los Planes Jefes y Jefas de hogar se pagan con un remanente del default argentino pero los exportadores retienen su rentabilidad aplicando por igual al mercado interno precios del mercado rico. La carne, la harina, el arroz, la leche, el azúcar, se han alejado de esos $ 150.- transferidos de la deuda externa a la supervivencia social.

La meta del Hambre Cero de Lula encuentra un obstáculo parecido. Lula y Duhalde se encontrarán dentro de unos días para concertar los precios de la canasta básica que es lo mismo que unificar una política exportadora del Mercosur en el rubro agropecuario y alimenticio frente a la política subsidiadora de EUA que le permite a esa potencia imponer los precios internacionales: lo que argentinos y brasileños deben pagar en el almacén. Un fracaso en ese sentido pondrá a Lula y a Duhalde más lejos de sus bases electorales. Un éxito los pondrá más cerca del ALCA. En cualquier caso el sector exportador hará un negocio mientras los países se sumergen en la inestabilidad político social.

Pero hay una tercera vía como la que salvó a la Provincia de Buenos Aires en 1994 del aislamiento al que la sometía Cavallo y de la codicia insaciable de los exportadores. Un empresario heterodoxo lo llamó "capitalismo insolente".

Agencia SICLA.

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