Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

Juan Sin Tierra

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 13/ene/03 (23,07 hs).- La encuesta realizada por el diario La Gaceta de Tucumán entre sus lectores dice que el 80% repudia la autocondecoración de los legisladores de los legisladores de la provincia. Estos se habían otorgado a sí mismos sendas medallas de oro para recordar su paso por el poder legislativo. Las medallas cuestan $200 cada una con lo que el gasto total no excede los $10000.

La autocondecoración es una costumbre generalizada en el poder legislativo de todo el país y supone, junto con el diploma de diputado, la certificación del honor de cumplir con un mandato del pueblo con honradez y vocación de servicio. El pueblo piensa que los funcionarios tucumanos violan elementales normas éticas, y hasta de pudor, al adornarse con oro en una provincia que ha sido particularmente azotada por la pobreza extrema.

En este mismo espacio se ha señalado en alguna oportunidad (ver archivo) que el clamor todavía persistente en el pueblo de "que se vayan todos", se funda no sólo en actos de corrupción intrínsecos a la función pública sino al vaciamiento de principios en los partidos políticos (algunos ostentan un nombre claramente desvirtuado por la práctica y por el acomodamiento doctrinario a la ocasión) y por la falta de democracia interna que es el primer sumidero por donde se vacía la democracia externa.

El presidente Duhalde -elevado al rango por una asamblea legislativa que en ese mismo instante era execrada por el pueblo- ha aprendido desde 1999 que su exposición al libre juego de la democracia le es adversa. Perdió con Menem. Perdió con De la Rúa. Y recién ganó cuando una veintena de gobernadores y algunas centenas de legisladores lo aprobaron. Es decir, incluso cuando ganó perdió junto a la clase política en la estimación popular.

El presidente Duhalde enfrenta ahora directamente al ex presidente Menem. Una compulsa general atribuiría a este el monopolio del mal. Y en tal caso una gran parte de la ciudadanía justificaría el uso de cualquier estratagema para impedir su reaparición en la laguna negra del poder. Duhalde se reconoce en esa corriente y trata de evitar por todos los medios la elección interna que su enemigo pide con clamor. La lectura de esta curiosa situación descubre una paradoja: Duhalde, el más asociable con la democracia y el bien en la persona de su delfín Kirchner, rehúsa consultar al pueblo en las internas; Menem, el más repudiado, quiere que el pueblo se exprese en el voto.

Pero en esta oportunidad, para muchos dirigentes peronistas, queda claro que ni el más loable fin justifica los medios.

No escapa a nadie que la designación de Kirchner ha forzado el escalafón del PJ. El gobernador de Santa Cruz acomodó la Constitución de su provincia para ser reelecto por tercera vez al mismo tiempo que se oponía a que Menem experimentara la misma sensación. Pese a su discurso por momentos hasta patriótico, mil millones de dólares de su provincia reposan junto con todos los capitales fugados del país en bancos extranjeros. Pero lo que más importa a la dirigencia del PJ es que carece de representatividad en los 4 millones de afiliados del partido.

Así se han manifestado Reuteman, Busti, Solá, De la Sota, Juárez, Puerta y otros, sin contar con el disgusto más desestabilizador de la pléyade de dirigentes menores de la provincia de Buenos Aires.

Duhalde da por entendido que la interna del partido del estado es abierta y converge con las elecciones generales. Sabe que sólo así podrá expresarse el antimenemismo que pulula fuera del PJ. Menem sabe lo mismo y por eso clama por una especie de voto calificado: el del padrón partidario. Duhalde presiona a la dirigencia amiga convocando la elección de gobernador en Buenos Aires simultáneamente con la presidencial de Kirchner, el resistido. La dirigencia del PJ resiste aún más sin que ello lleve un balde agua al molino de Menem.

Es posible que Duhalde alcance su objetivo coyuntural a costa de un vaciamiento más de la democracia. La hermandad de los dirigentes políticos está dispuesta a tolerar la omisión de la opinión popular pero no de la opinión propia. Cualquier retirada en su reducto los echará del poder y acaso los empareje con los demás ciudadanos.

Cuando el usurpador Juan Sin Tierra fue acorralado por los señores feudales de Inglaterra, leyó al principio de una carta que le extendían: "Nos, que separados somos iguales a Vos; y que juntos somos más que Vos..."

Los dirigentes del PJ que sean expulsados al llano deberían leer también la Carta Magna.

Agencia SICLA.

Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones