Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

La 2da Internacional Socialista en campaña

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 27/ene/03 (10,32 p.m.).- Hay varias informaciones este día que ameritan alguna reflexión. Otras, en apariencia, deberían ceder la prioridad. Sin embargo, la realidad cotidiana de la Argentina está empedrada de falsas prioridades y así van quedando para otro día asuntos importantes.

La escuálida presencia de la izquierda en la política del país no lo es tanto por lo cuantitativo como por la continua metamorfosis de su ideología.

Un escueto título de un diario mendocino anuncia que el socialismo francés acude en apoyo de la candidatura de Alfredo Bravo.

El profesor socialista concedió al principio de esta jornada un reportaje a la radio estatal de la ciudad de Buenos Aires.

Después de reconocer que todavía en el socialismo "hay personas que deben depilarse cada mañana", aludiendo claramente a los "gorilas" -expresión local para designar a los antiperonistas-, Bravo explicó por qué el Partido Socialista Auténtico no había entrado en la reunificación del socialismo. Dijo: "Nosotros no votamos a Menem", sugiriendo que el PSA sí lo había hecho en 1989.

Tal descalificación era extensible a la mayoría del pueblo que con razón o sin ella llevó al riojano al poder (según el propio Menem, el pueblo lo apoyó porque el tuvo el tino de ocultar su verdadero plan de gobierno). Incluso el periodista matizó la respuesta distinguiendo entre la elección de 1989 y la reelección de 1995. Lo cierto es que la invectiva de Bravo contra sus correligionarios aludió sin nombrarlo al peronismo.

Durante la entrevista se leyó un mensaje de un oyente que pedía la opinión del candidato sobre Manuel Ugarte. Bravo elogió la figura del antiguo militante socialista en su carácter de visionario latinoamericano. Pero en ningún momento dijo que Ugarte fue expulsado del partido socialista por eso mismo y por su concepción nacional, que lo llevó a apoyar al peronismo, de cuyo gobierno fue embajador en México. Por lo demás, las opiniones de Alfredo Bravo sobre el descalabro político argentino fueron muy frontales pero de ningún modo agresivas, lo que es característico en él.

El antiperonismo de la izquierda tiene un sólido asidero en el profundo grado de autoritarismo y usufructo de la política de los dirigentes, aunque, como lo ha señalado SICLA, la izquierda a menudo copia esos defectos). No obstante, le resulta muy difícil separarse de su propia historia y distinguir entre el pueblo peronista y sus ocasionales dirigentes. Tampoco se debe imputar esa tendencia al Partido Socialista, pues en estos días, el lector puede leer en muchas paredes, pintadas de la Izquierda Unida que dicen "basta de PJ", cuando es precisamente el peronismo el partido o la corriente política que más adhesión popular concita. Claro que esto no le quita a la izquierda el derecho a proponerse como una instancia superadora del peronismo -que por su parte cada día se justifica más por argumentos culturales que por razones políticas.

La izquierda del país es heredera directa de la tradición europea. Y aunque ha modificado gruesos errores de pasado, sigue siendo subsidiaria de la visión que Europa conserva sobre los movimientos nacionales del tercer mundo.

En 1984, el diario Le Monde publicó un reportaje del famoso periodista Raymon Aarón al presidente de Francia, el socialista Francoise Miterrand.

Conocedor de la basta cultura del presidente, Aarón le preguntó si había sido discípulo del etnólogo Jacques Soustelle, gran estudioso de las culturas de los pueblos "pobres". Miterrand respondió que sí. Aarón dedujo en voz alta que el presidente era un defensor de esas identidades culturales. Miterrand respondió que sí. Aarón entonces destacó que su entrevistado era socialista, a lo que este respondió que sí. Por fin el periodista preguntó "... si usted dice que es discípulo de Soustelle y socialista ¿Por qué ha enviado tres mil paracaidistas al Chad?" Miterrand respondió que por todas las razones esgrimidas. Dijo que por ser socialista y por defender la identidad cultural del Chad, no iba a permitir que la guerrilla musulmana de Huedey Goukuni , auspiciada por Muhamar Khadafi, la destruyera. O, lo que es lo mismo -se puede agregar-,destruyera el gobierno de Hisene Havre, un amigo vendedor de petróleo a la antigua metrópoli colonial.

Agencia SICLA.

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