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A la pesca

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 31/ene/03 (11, 59 p.m.).- El asesinato del empresario pesquero Cacho Espinoza en Puerto Madrin, vuelve a relacionar esa actividad económica con el delito.

Un delito muy común es la pesca ilegal. Otro, la malversación de fondos en las obras sociales de los pescadores (costó la vida al auditor estatal Alfredo Pochat). Otro, el narcotráfico a gran escala.

Desde la operación langostino hasta el último decomiso de un contrabando de cocaína en Puerto Deseado, Santa Cruz, el tráfico de drogas oculto entre el pescado es un hecho que sólo la extrema discreción de las autoridades mantiene a un costado de la opinión pública, debido, seguramente, a los recaudos legales, que deben tomar a fin de no afectar inocentes.

En 1995 un ciudadano boliviano murió a bordo de un vuelo de LAPA procedente de Comodoro Rivadavia al romperse una cápsula de contenía cocaína y que el hombre había ingerido para pasarla ilegalmente. La poca trascendencia que la prensa dio al suceso no pudo evitar, sin embargo, cierta perplejidad, pues dicho tráfico de narcóticos se producía desde la Patagonia hacia Buenos Aires y no en sentido inverso, que es lo que la lógica hubiera indicado.

No obstante, la relación que establece la DEA (agencia antinarcotráfico de EUA) entre los puertos poco controlados, la actividad pesquera o de gran movimiento de buques y el narcotráfico arroja un poco de luz sobre una serie de hechos que suelen aparecer desvinculados entre sí.

El suscriptor de SICLA puede encontrar en sus archivos nutrida información proporcionada por medios locales sobre delitos o dramas sociales que suelen aparecer junto a la droga, su consumo y su comercio.

Desde mayo 2002 este servicio informativo ha puesto en conocimiento de sus lectores casos de falsificación de dólares en Allen, Río Negro, descubiertos por una brigada antinarcóticos. Y a los pocos meses encontrarse con la captura en la misma región de un importante contrabando de drogas.

Sólo para empezar esta nota, cabe destacar el increíble aumento de la actividad pesquera en la provincia de Santa Cruz. A partir de 1980 y con base en Puerto Deseado comienza una curva ascendente y vertiginosa de esa actividad. Durante los años más florecientes del gobierno de Menem -1992/94- crece el 100% (81000 tn) y llega a facturar en el 96 U$S 342 millones con lo que involucra el 40% del Producto Bruto Geográfico de la provincia, es decir: U$S 1120 millones.

En uno de los años de mayor actividad, 1995 los puertos que monopolizaban la pesca eran Punta Quillas y Puerto Deseado ambos en Santa Cruz. El primero de ellos por sí sólo producía el 14% del total de la pesca argentina. Una averiguación relacionada al caso de la denominada "aduana paralela" puso en conocimiento del periodista que el puerto de Punta Quilla se reducía a un pequeño galpón costero al final del camino que lo une a la localidad de Puerto Santa Cruz.

La única explicación que tiene Punta Quilla, el mayor puerto pesquero en los registros argentinos, es que los buques factoría no necesitan de instalaciones portuarias. Pero en tal caso ¿cómo es que se puede fiscalizar su captura para que esta arroje ese enorme 14%? ¿cómo hace el fisco nacional y provincial para cobrar las regalías de la pesca y obtener esos U$S 1120 millones? Y si la pesca que se contabiliza es la de los barcos con apostadero patagónico o fresqueros ¿qué clase de uso dan a ese escaso galpón de Punta Quilla?

Agencia SICLA.

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