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El negocio más grande: el turismo

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 10/feb/03 (09, 27 p.m.).- Estadísticamente, la Argentina es el país que más creció en el mundo en el rubro turístico considerando la temporada 2002/03. La Secretaría de Turismo y Deportes, que regentea Scioli es el área de gobierno que puede mostrar las cifras más impresionantes: a enero 2003, un crecimiento global del 46,9% con 6.457.595 turistas.

La cámara hotelera ha sacado una proyección de esa cifra sobre los tres meses de la temporada que anticipa 18 millones de turistas.

Por su parte la tradicional encuesta a empresas inmobiliarias de la costa bonaerense, a principios de Diciembre 2002 arrojaba un alquiler promedio de $1000 en Villa Gesell y Mar del Plata, los centros turísticos más concurridos del país.

Si se suma a esta última cifra los $750 por mes que insume la canasta básica para una familia tipo se redondea $1800 por un mes para cuatro personas.

El resultado es escalofriante. Por el movimiento turístico de Diciembre-Enero se facturaron aproximadamente $2900 millones y en la proyección final $8000 millones, más o menos U$S 2500 millones.

Los hoteleros han aclarado que los 18 millones de turistas no son 18 millones de personas, pues si así fuera -se puede acotar- el país exhibiría un paradójico estado de prosperidad o un estado de inconsciencia. El cálculo de la cámara hotelera considera por separado cada ingreso a una plaza turística bajo el supuesto de que cada turista va a más de una.

Se estima que un 10% de la población argentina se ha tomado vacaciones de tales características como para ser considerada en las estadísticas. De manera que, a menos que se crea que ese segmento es tan pudiente como para gastar en promedio unos $7000, la cifra principal devengada por el turismo la generan extranjeros o argentinos privilegiados.

Al tomar la plaza turística de Tucumán -una de las más económicas-, que declara haber crecido un 90% en el rubro, se comprueba que con peor infraestructura resulta más cara que el promedio nacional: $59 por día.

A esa provincia de gran atractivo ingresaron por turismo $18 millones y por la misma vía salieron $30 millones portados por 10 mil familias. Es decir, que el 3,5 % de los tucumanos se ha gastado el total de lo que la provincia adeuda a los poseedores de bonos. Es sólo una muestra pero se podrían hacer conjeturas a nivel nacional.

Es poco lo que el estado puede recaudar de la actividad económica más fructífera desde la devaluación. Por un lado porque las empresas vinculadas al rubro son reticentes a reinvertir sus ganancias en la zona turística en que operan, como en el caso de Misiones. Allí acusan al estado (a Scioli) de no cooperar. Se entiende que otorgándoles algún tipo de prerrogativa y mejorando la infraestructura. La prensa local apoya esa actitud revelando que miles de turistas que ingresaban por el cruce San José -el segundo acceso a la provincia- eran atendidos por la Subsecretaría de Turismo en una casilla sin luz y sin información.

Tal carencia de infraestructura, más el arreglo de caminos, balnearios, etc; más la escasez de plazas hoteleras y deficiencias ya de la órbita privada, permite suponer que los beneficios del auge turístico se pueden perder en el futuro.

El estado ha revelado que muchos empresarios se niegan a pagar impuestos o directamente operan de manera ilegal. Esos mismos empresarios esperan que el estado asigne recursos ajenos al turismo para facilitar -por así decirlo- su negocio.

Lo cierto es que la masa de dinero creada por el turismo receptivo, y en menor gado por una mayor movilidad del mercado interno, podría volverse al extranjero en otros bolsillos que los que llegaron sin que en su fugaz tránsito haya generado un kilómetro más de ferrocarril o camino, un metro más de cloaca o cable de electricidad. Lo que se suele llamar la infraestructura.

Agencia SICLA.

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