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Bolivia. Confluencia de desplazados

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 16/feb/03 (09, 38 p.m.).- La semana pasada se reunieron los ministros de relaciones exteriores de Bolivia, Colombia y la Argentina para tratar un temario que no dejaba ver al primer vistazo el tema de fondo: las políticas migratorias y la seguridad.

Este asunto aparecía muy al final de acuerdos económicos regionales. Entre Bolivia y Argentina existen desde hace 40 años convenios de compra de gas boliviano y zona franca en el puerto de Rosario, Argentina, para uso exclusivo de Bolivia que carece de salida al mar. A lo que hay que agregar ahora el marco regional del Mercosur, por el lado argentino, y el de la Comunidad Andina de Naciones, por los bolivianos cuyo país es casi el quinto integrante del primero. Pero Colombia no podía justificar su presencia sino por el tema dominante que se ha señalado.

¿Por qué es tan importante el tema de las políticas migratorias en América Latina, mas específicamente en los países andinos, en las llamadas "fronteras calientes"? Un año atrás esta pregunta dejaba muda a la prensa. Sobre todo cuando la Secretaría de Estado norteamericana, después de numerosas maniobras militares conjuntas con Bolivia, Colombia y la Argentina, entre otros; después de numerosos ejercicios de control poblacional en Buenos Aires, recomendó a esta capital deportar ciudadanos bolivianos indocumentados.

La respuesta se puede encontrar en numerosos análisis de SICLA, especialmente a partir del lanzamiento de George Bush de la guerra mundial contra el terrorismo el 11/9/01. Estados Unidos desplegó entonces un sistema continental de control de movimientos migratorios a los efectos de detectar y destruir eventuales operaciones terroristas las cuales quedan perfectamente catalogadas en la prospectiva 2001 de la Secretaría de Estado, segmento América Latina. Allí se destaca como sumamente peligroso el desplazamiento de poblaciones por causa de la guerra (Colombia) o por motivos económicos (Ecuador, Perú, Bolivia).

En la primera parte de esta nota (15/2/03) se pone énfasis en las fumigaciones de plantíos de coca en Bolivia financiadas y supervisadas por EUA y efectuadas por el ejercito boliviano. Queda claro en ese documento que el bombardeo químico tiene por objetivo la desconcentración y desplazamiento de poblaciones campesinas, antes que la destrucción de la coca, a los efectos de dispersar focos críticos de oposición a un gobierno adicto (Algo igual ocurre en Colombia mediante la acción combinada de fumigaciones y terrorismo paramilitar). Esta parte de la estrategia norteamericana se corresponde con la hipótesis de guerra a la "narcoguerrilla", anterior al ataque del 11/9/01. Es decir, en la región se superponen dos estrategias opuestas de EUA: la de provocar los desplazamientos y la de controlarlos y coartarlos.

Es una doble agresión a las poblaciones campesinas. Es una doble fuente de ingresos en ayuda militar a Bolivia. No es problema demasiado grave para los estrategas de Washington en tanto disponen de dinero suficiente para financiar sus arrebatos esquizoides y en tanto las víctimas no se notan tras una nebulosa periodística.

Uno de los desplazamientos más críticos, a parte de los campesinos, fue el retorno a Bolivia de cientos de miles de trabajadores que se fueron radicando en la Argentina durante el gobierno de Carlos Menem. La paridad del peso argentino con el dólar le permitió a estos trabajadores remitir a Bolivia parte de su salario en moneda norteamericana. Al ser derrocada la convertibilidad y el gobierno que la sostenía a fines del 2001(el de De La Rúa), ese ahorro se diluyó con la devaluación del peso argentino en más del 250% y provocó una emigración en masa de trabajadores bolivianos.

Los retornados se encontraron con una crisis semejante o peor de la que habían escapado, y, si a esto se suma el recorte salarial de Sánchez de Lozada, se advierte claramente que el drama de los campesinos se sumó rápidamente al de esos trabajadores urbanos recién retornados. De allí que confluyeran la semana pasada en sangrienta jornada de protesta sectores que pocas veces se han mancomunado, o, como en el caso de la policía, que directamente revistaron en el bando represivo.

Agencia SICLA.

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