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La Patagonia, sin control aéreo

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 19/feb/03 (09, 52 p.m.).- El 27 de diciembre de 2002, la prensa de la provincia de Chubut informó que a falta de aeronaves de fuerzas de seguridad y militares, el gobernador Lizurume asignó la de la gobernación a tareas de patrullaje costero.

La información de los últimos días procedente de Río Negro dice primero que la región patagónica carece de radares para seguridad de los vuelos y después que pese a la carencia, los vuelos son seguros. Aunque entre la aparición de una y otra noticia se produjo un accidente fatal en la provincia de Santa Cruz, el cual no se puede atribuir a priori a la falta de radares. Estos podrían haber permitido a los controladores verificar el cumplimiento del plan de vuelo y cualquier irregularidad que la comunicación radial, si se produjo, no haya revelado.

El problema del control de la región patagónica no es menor si se considera que el mar territorial -según se denuncia cada tanto- es depredado por flotas pesqueras ilegales, que la escasez de rutas y ferrocarriles obligan a que se conecte con el resto del país por aire y que esa parte del suelo nacional es la única que motiva una hipótesis de conflicto dada la existencia en las islas Malvinas (territorio argentino en poder de una potencia colonial) de una poderosa base militar británica.

En 1998, los aeropuertos argentinos fueron calificados por autoridades norteamericanas como inseguros, entre otras causas, por la obsolescencia de los radares o su inexistencia. La preocupación de los norteamericanos se fundaba en supuestas amenazas terroristas, (justificadas, por los dos atentados ocurridos en la Argentina). Sin embargo, simultáneamente, la empresa Westinghouse -proveedora de tecnología de defensa de EUA- pugnaba con una competidora italiana por la provisión de un poderoso radar a la Fuerza Aérea argentina y un sistema de orientación (ILS) de vuelo a ciegas para el aeropuerto de Ezeiza.

Durante el segundo gobierno de Carlos Menem, y no obstante la permeabilidad del sistema de control de migraciones, el jefe de estado mayor conjunto, general Martín Balza, debió rechazar en numerosas ocasiones la presión de los norteamericanos para que las FF.AA. argentinas se comprometieran en la lucha contra el narcotráfico.

Las restricciones presupuestarias en el área de defensa, finalmente persuadieron a los militares argentinos a contribuir, cuando menos con recursos tecnológicos, a la causa policíaca del Pentágono.

Se instaló a tales efectos un sistema de radares en la provincia de Salta para monitorear vuelos que en cierto porcentaje se sospechaba clandestinos, y, naturalmente, vinculados al narcotráfico. La operación, según datos de la Fuerza Aérea argentina, controló más de 4000 vuelos en un mes, 40 de los cuales eran clandestinos. Parecen una enormidad de vuelos, pero, si se tienen en cuenta las pistas clandestinas de la provincia de Santiago del Estero y las aproximadamente 300 de Entre Ríos, se deduce que el tráfico aéreo en la Argentina es considerablemente mayor al que se declara.

Después de los operativos "Cabañas" 2000 y 2001 y sobre todo, después del ataque a EUA del 11/09/01, fue desplazado un poderoso radar a la zona Nordeste argentina, en la llamada triple frontera, donde están emplazadas fuerzas norteamericanas y argentinas. Es difícil saber si tanto el radar de Salta como el del Litoral son semejantes o el mismo que Westinghouse habría instalado en Ezeiza.

Llama la atención que en la Argentina por un lado, y cuando las circunstancias lo requieren, por motivos aparentemente militares ajenos al país, se pueda registrar tan minuciosamente los vuelos, y que por otro lado, en una región explícitamente amenazada por fuerzas extracontinentales no exista el control aéreo mínimo.

Agencia SICLA.

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