Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

El concepto de nación de Kissinger y el rescate de bonos

Por Carlos M. Duré
Información relacionada:
Lo que se haga con el peso se hará con los bonos - Por Carlos M. Duré

Rebanadas de Realidad - Agencia SICLA, 11/04/03 (11, 23 p.m.).- La definición de nación del ex Secretario de Estado de EUA, Henry Kissinger coincide con el pragmatismo de estos tiempos: una nación lo es en tanto domina su mercado interno.

Naturalmente, hay conceptos más profundos. Pero no cabe duda de que, en situaciones económicas extremas como las que pasó la Argentina hace un año, la unidad nacional o la desunión, se manifiestan en mecanismos de emergencia para un mínimo control del aparato productivo, la moneda, el intercambio, etc.

En abril del 2002, el dólar estaba a $4, la Argentina cesaba unilateralmente el pago de su deuda, habían caído tres gobiernos, y el cuarto, Duhalde, era un simple delegado de veinte gobernadores.

El país estaba al margen de las relaciones internacionales, primera potestad que la Constitución -las provincias- delegan en el poder ejecutivo nacional. Por lo tanto lo que se debatía entre los gobernadores era cómo reconstituir el poder central para no cargar individualmente sobre sus economías regionales la cuota correspondiente de la quiebra.

Tres años de recesión habían reducido el circulante al mínimo y el corralito terminó por eliminar el último peso de las calles. Sin dólares, sin pesos, sin financiación, con una exacción al salario medio del 40% y al bajo del 70% lo que aguardaba era un gran estallido social y la disolución nacional.

Pero la sociedad suele ser más madura que sus dirigentes en casos de extrema emergencia. El canje, los clubes del trueque y la creación de símil monedas provinciales evitaron transitoriamente la catástrofe.

La larga etapa recesiva impidió que la emisión de bonos provinciales a discreción derivara en una hiperinflación. Ciertos sectores comerciales debieron absorber hasta un 20% del aumento de sus costos optando entre la pérdida de ganancias o un eventual saqueo. Incluso los almacenes minoristas captaron la clientela popular de los supermercados financiando con la histórica libreta negra las pequeñas compras, fraccionando los comestibles y aceptando con bastante incertidumbre los bonos locales.

Si bien algunas provincias ya tenían bonos desde que sus economías fueran secadas por Cavallo y la importación, la de Buenos Aires fue la primera en emitir una moneda local respaldada en las inminentes exportaciones agropecuarias: el patacón, que hasta tenía una proyección extra provincial.

Precisamente, por esos días llegó una delegación del FMI que condicionó los U$S 1000 millones ansiados por los veinte gobernadores, a la eliminación de 800 millones de patacones.

El miércoles pasado, el presidente del Banco Central, Prat Gay admitió un error en la firma del acuerdo con el FMI en el punto que impide emitir pesos para este año. Aunque lo dijo por la necesidad del BC de comprar dólares para frenar la baja, tal emisión es necesaria para rescatar las cuasi monedas, y, cuando menos, doblar su cantidad (4500 millones) para salir de la recesión mediante el único mecanismo que conocen los entendidos: la recuperación salarial.

El objetivo del FMI es la reprogramación de los pagos de la deuda argentina. Pero en forma secuencial. Primero deben eliminarse los bonos recomparándolos a precio de mercado libre. Luego, el peso debe aproximarse al dólar y en lo posible retornar a la convertibilidad. Y finalmente volver a pagar con esa nueva moneda ( las exigencias del FMI de mayo del 2002 priorizaban la libre flotación del dólar, las exigencias de libre flotación de los bonos son de Lavagna de este año).

Es cierto que la proliferación de bonos provinciales en abril 2002 obedece a un conato de disolución nacional apenas atenuado por una asamblea de veinte gobernadores. También es cierto que la resurrección del peso es un síntoma de convalecencia nacional. Sin embargo, que todo este proceso remita al modelo de la convertibilidad desmiente el concepto de nación de Kissinger. Es decir, da lo mismo que una nación deje de existir por la atomización de su mercado interno (y de su política) o que deje de existir porque lo remiende para ponerlo a gusto de los intereses extranjeros.

 
Gentileza: Agencia SICLA.

Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones