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El capital privado, a la recuperación de la fábrica perdida

Por la Redacción de SICLA
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Rebanadas de Realidad - Agencia SICLA, 21/04/03 (10, 51 p.m.).- Al dejar la presidencia en 1999 Carlos Menem, se calculaba que la capacidad industrial ociosa llegaba al 36%, cifra que no varió mucho bajo el gobierno de la Alianza UCR-FREPASO.

Al producirse la devaluación en febrero 2002 y ya consumado el cese de pagos de la deuda, la Argentina quedó virtualmente aislada en su comercio internacional, cesó la importación, y la exportación se circunscribió a la producción agrícola y petrolera, las que por diversos motivos, ya comentados en este espacio, podían financiar su comercialización por afuera del sistema bancario local quebrado.

La mayor parte de la población debió recurrir a diversas formas de economía de supervivencia, muchas bastante exóticas, y otras de simple sentido común, pero todas, necesariamente vinculadas al mercado interno.

Una de las formas más significativas de la respuesta popular a la enorme crisis fue la ocupación y recuperación de fábricas abandonadas, es decir, prácticamente esqueletos que quedaban de ese 36% de desindustrialización.

El fenómeno en sí no parecía tan raro al interior político social del país como para los observadores extranjeros. Pues, cabe recordar, que la ocupación de empresas se dio en el marco del desgobierno, estallidos sociales, asambleas populares, repudio generalizado a los partidos políticos y una violenta exacción del salario.

Justamente la ausencia de una ideología homogénea y de un partido político circunscribía la ocupación de empresas a una necesidad de trabajar y producir en cooperación sin plantearse un cambio de sistema o de régimen de propiedad.

Lo que universalmente se concebía como propio del socialismo, en la Argentina del 2002 ocurría en el capitalismo caótico (o tolerante pero por caótico).

Como toda la atención de los sectores económicos se centraba en el problema financiero y en las promisorias exportaciones agrícolas- no así en la industria manufacturera cuya reactivación se preveía más lenta- no se reparó en las ocupaciones de empresas abandonadas por cooperativas de trabajadores.

Pero el auge industrial que se produjo a partir del segundo semestre y la recuperación de cierta calma social, permitió que los propietarios de las industrias abandonadas calcularan que el dólar a $3,70 y el salario depreciado un 70% ameritaban volver a su antigua actividad. Y descubrieron que más de 130 empresas se habían colectivizado y producían con distinto grado de éxito.

Dos sectores económicos mostraron durante el 2002 y lo que va de este año un particular empuje. El sector cárneo creció el 100% beneficiado por la devaluación y por la demanda externa. El textil registró un crecimiento del 180% con un elevado volumen de colocación en el mercado interno y el Mercosur.

Respecto del primer sector, una de las fábricas cooperativizadas es el frigorífico entrerriano Santa Elena. El lector habrá comprobado en la información que se adjuntó días atrás que dicha empresa tiene por principal acreedor al Banco Nación. La cooperativa de trabajadores esperaba que la entidad financiera ejecutara por derecho las máquinas para poder iniciar la producción. Sin embargo el BN no lo hizo permitiendo que el empresario Tesselli las adquiriera al 3% de su valor.

La información procedente de Entre Ríos dice que las exportaciones de carne superan U$S 131 millones y esto explica el súbito interés del empresario citado en adquirir también el edificio de Santa Elena. Los diarios locales atribuyen a Tesselli el cierre de un supermercado en Gualeguay, por lo que se puede deducir que tiene la misma tendencia abandónica que los antiguos dueños del Santa Elena.

El Banco Nación siempre se ha caracterizado por su apoyo al agro y sus industrias derivadas. En este caso podría haber favorecido a la cooperativa del frigorífico pero prefirió continuar con su tradición facilitándole la compra de las máquinas a un empresario privado.

Tal opción por el empresariado, en realidad parece una constante, una afirmación de principios del Estado nacional o sus epígonos provinciales y municipales, como se puede verificar en el archivo 2002 de ésta agencia

En cuanto al sector textil, uno de los ejemplos más conflictivos de ocupación de fábrica es Brukman, en la ciudad de Buenos Aires.

La empresa se encuentra en convocatoria de acreedores por una deuda que ascendería a $2 millones. Entre los principales acreedores se encuentran sus obreros y el propio Estado.

La fábrica de trajes fue ocupada por sus obreros y durante este fin de semana desalojada por orden judicial.

Al momento de redactarse este cable se están produciendo incidentes entre la policía que custodia la fábrica Brukman y más de 4000 manifestantes que intentan apoyar la recuperación por los obreros.

 
Gentileza: Agencia SICLA.

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