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Partidos fuertes para una Argentina distinta

Por Miguel Saredi (*)

Rebanadas de Realidad - Prov. de Buenos Aires, 03/08/03.- Observo con preocupación, que algunos sectores intentan plantear un virtual enfrentamiento entre el actual presidente de la Nación Néstor Kirchner y el ex presidente Eduardo Duhalde. Versiones de apoyo, por parte de ambos dirigentes, a distintos postulantes en diversas provincias y distritos de nuestro país, no pueden ser argumento suficiente para aseverar la existencia de un conflicto sustancial.

Analizando con prudencia los ejemplos, que han trascendido mediáticamente, de Capital Federal y Misiones, personalmente no considero que el apoyo a uno u otro candidato sean líneas de confrontación cerradas como algunos pretenden. No puede afirmarse que existe un enfrentamiento basándose simplemente en un conjunto de livianas interpretaciones.

En este mismo sentido podrían mencionarse las palabras de Duhalde en su visita a Misiones, quien aseguró que cuando el presidente Kirchner se diera vuelta encontraría al Peronismo detrás. Esta es la verdadera concepción. Adoptar esta postura no es un detalle menor. Por el contrario, es la base fundamental para el futuro de la política y de la República misma e implica el saneamiento y fortalecimiento de los partidos políticos argentinos. La CAP (Comisión de Acción Política) representa la materialización de esa idea, representa la transformación en el justicialismo desde dentro del partido y esa intención debe trasladarse al resto de los componentes del sistema político.

Deben ser objetivos trascendentales, en esta metamorfosis: lograr la constitución de partidos políticos sanos, abiertos, bien definidos, fuertes y con legítima representación en el sistema democrático argentino. La ausencia de estas características nos condujo a las penosas elecciones del 2001 (penosas por el grado de abstención que se registró en las urnas), a los trágicos sucesos del 19 y 20 de diciembre y al posterior "que se vayan todos". Solo la inteligente conducción del Poder Ejecutivo en manos de Eduardo Duhalde, y la prudencia y mesura del Poder Legislativo evitaron la desintegración y la anarquía.

El orden en la transición nos fortaleció como Nación. Sin embargo la puesta en marcha de una reforma política sustancial quedó pendiente. Permanecen inalterables ciertas prácticas que definitivamente deben desterrarse como el clientelismo político, la actividad punteril, las prebendas ridículas, y el manejo de aparatos partidarios con la fortaleza del dinero. Al hablar de "Reforma" es preciso entender que los partidos deben estar regidos por una verdadera democracia interna. No pueden ser cotos de caza cerrados a la participación popular y, por otra parte, se deben poder elegir verdaderos representantes de la mayoría de esa fuerza. La apertura es fundamental. Es primordial que el partido esté abierto en cada distrito a la participación vecinal e independiente. Que reciba a aquel que llega al partido por primera vez. Esto implicará el aporte fundamental de ideas renovadoras, de formas auténticas, de métodos innovadores y de prácticas no viciadas. Aportará un verdadero debate de ideas, desde las bases para lograr partidos bien definidos y sólidos.

Si pensáramos en el esquema ideal para el fortalecimiento de nuestra Argentina, sería el de dos grandes partidos nacionales. Por supuesto no es una idea innovadora. Los países más importantes de Europa y el mundo así lo han hecho, y las diferencias de primacía en el orden de los valores no los hace ver contrapuestos a la concepción estratégica en cuestiones de estado. Algunos partidos más cercanos a concepciones conservadoras pueden hacer primar el concepto de seguridad y otros, más tildados de progresistas, ver su primacía en la defensa de derechos civiles. Sin embargo esto no significa que a los primeros no les importen los derechos civiles o a los segundos la seguridad de sus habitantes. En la Argentina a veces las pequeñeces meramente tácticas, los recursos mediáticos o ese afán de aferrarse a esquemas ideologistas, antiguos en el tiempo y en el mundo, como el de "izquierdas" y "derechas", hacen difícil éste camino de madurez necesarios para fortalecer nuestra República.

La conformación de la CAP, el fortalecimiento del PJ y el apoyo entre sus máximos dirigentes no inciden únicamente en el funcionamiento interno de este fuerza. Hacen a la necesidad de lograr partidos más sólidos que optimicen el funcionamiento de nuestro adolescente sistema democrático.

(*) Diputado nacional por el PJ de la provincia de Buenos Aires.

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