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Menem cambió a Evita por Thatcher y Krueger

Por Horacio Poggi
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 21/01/04.- ¿Qué hubiera hecho Perón si le hubiese tocado gobernar la Argentina de los 90? Seguramente algo incomparable de lo que hizo Menem. Primero, porque era un patriota y, segundo, porque amaba al pueblo. Perón a su regreso del exilio forzado, abrazó al jefe radical Ricardo Balbín para sepultar los odios y afianzar la unidad nacional. En cambio Menem, en plena borrachera primermundista, pactó con Raúl Alfonsín para permanecer en el poder y afianzar la miseria de las mayorías que confiaron en él.

Luego de la tragedia avalada y sustentada por el Norte, el país comenzó a restaurar la esperanza, aunque los signos y los gestos superen las realizaciones. En este escenario, están quienes consideran que ante el agotamiento del nacionalismo económico de los años 40 y de la inviabilidad de la "patria socialista" de los 70, no queda otro camino que la copia de experiencias exitosas en otras latitudes. "Copia o muerte", plantean los maximalistas posmodernos.

Sin embargo, copiar es, lisa y llanamente, asumir el pensamiento ajeno; adoptar la estrategia del enemigo, que conlleva a renunciar al pensamiento propio, a la conciencia nacional.

Por eso, quienes gobernaron sin pensamiento propio en los 90 profundizaron la crisis abierta con el sangriento golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 y continuada por el alfonsinato.

Una muestra paradigmática de la falta de conciencia nacional del menemismo, expresó la adhesión del Consejo Superior del Partido Justicialista a la Internacional Conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Cambiar a Reagan por Perón y a la Thatcher por Evita, no sólo ha sido una claudicación ideológica sino también una inmoralidad política.

La reciente reivindicación del modelo menemista de la número dos del FMI, Anne Krueger, suena a música celestial a los oídos del ex presidente oriundo de Anillaco. Esas marrullerías tratan de encubrir las recetas del fracaso neoliberal: el endeudamiento astronómico, la apertura indiscriminada, la privatización corrupta de las empresas de servicios públicos, la liquidación de la producción y el trabajo, el desguace del Estado, el vaciamiento de la democracia, el pisoteo de los derechos humanos y la supeditación de la política a la economía, entre los flagelos más ruinosos.

La memoria popular es más fuerte que las posturas criminales de los agentes del imperialismo internacional del dinero. La señora Krueger ya no engaña a nadie, sólo entusiasma a la minoría privilegiada de los 90 que sueña con reconquistar los negocios mal habidos con una desestabilización externa (un símil de la situación venezolana donde Hugo Chávez se erige en el ejemplo a imitar).

Actualizar no es traicionar

Hemos ingresado en una etapa de recuperación general de la Patria que implica no renunciar al pensamiento propio del que siempre se nutrió el Peronismo. El que en nombre del Peronismo subestime la solidaridad y la dignidad de los argentinos, adscribirá otra vez a una postura alejada de los intereses nacionales.

Actualizar al Peronismo no es hacerlo menos solidario y menos favorable a los trabajadores como ocurrió mientras se pusieron en práctica los planes fondomonetaristas, fogoneados y regenteados por Krueger y Cía. durante el apogeo del modelo de demolición social.

Actualizar al Peronismo es poner en acto los valores permanentes de su doctrina: la equidad, la justicia social, la soberanía, el Estado protector de los humildes y excluidos, la independencia económica, la integración sudamericana, la cultura nacional, la libertad creadora, la fraternidad...

Actualizar no es tergiversar ni tampoco negar ni mucho menos traicionar. Actualizar es continuar la revolución de amor de Evita enfrentando el poder oligárquico de los grupos económicos que sirven a la usura y a la antipatria financiera representada por los bancos y los fondos buitres.

Identidad y desafíos

La identidad justicialista se encuentra desafiada por la mundialización cuyos personeros se refugian en la derecha neoliberal. El proceso mundialista con hegemonía anglosajona no es la etapa universalista prevista por Perón.

El universalismo organizado (una especie de cooperativa de naciones en la definición peronista) es una tarea que compete a las Naciones Unidas, hoy jaqueada por la voracidad del gendarme yanqui y su prepotencia de la guerra preventiva, una vuelta de tuerca de la rapiña imperialista que por petróleo invade estados y masacra a los pueblos.

En buen romance, el Peronismo para seguir siendo la herramienta del pueblo en su lucha por la felicidad y la grandeza de la Nación, en sintonía con las demás fuerzas que convergen en el Movimiento Popular, debe volver a su fuente inspiradora permanente: la Doctrina Social Cristiana. Y definir su vocación constructiva por una sociedad solidaria, distante del capitalismo salvaje y de cualquier modelo de explotación del hombre por el hombre.

Recuperar la identidad justicialista, tras la felonía menemista, no es retroceder ni volver a prácticas superadas. Es una forma de colaborar en la reconstrucción del hombre argentino, desde una perspectiva pluralista y revolucionaria, con la ética de la lealtad a flor de piel y la moral republicana en la formación de una nueva dirigencia.

"Es indudable que el verdadero contenido de la política norteamericana en América Latina debe ser analizado a la luz de los fines globales de su gigantesca maquinaria bélica. En realidad todos los planes de ayuda a nuestros países, la política de exportaciones, el sistema de financiación del desarrollo industrial están sometidos a los intereses de los planes estratégicos del Pentágono. Esto explica el gran interés del Pentágono, en la adquisición de materias primas estratégicas, en el desarrollo acelerado de ciertas industrias, etc." (Carta de Perón al General Prats, 20-11-1973).

"Debemos pensar que las grandes reservas están en Latinoamérica, y hay dos elementos críticos que se van a presentar como amenaza grave en un futuro inmediato, es la comida para un mundo superpoblado y la materia prima para un mundo superdesarrollado. Esos son los elementos críticos de los cuales tenemos grandes reservas" (Perón a periodistas panameños, 16 de enero de 1974).

"Una Latinoamérica desperdigada, como somos, no se podrá defender. Nos van a quitar las cosas por teléfono... Unámonos, organicémonos y preparémonos para defendernos. Me parece que eso es fundamental y básico, en un mundo cuya evolución actual lo lleva a la desaparición de todas las divisiones. ¿No está integrada Europa? ¿No está integrada Sudáfrica? Asia también está integrada. Nosotros somos el último orejón del tarro" (Perón a sindicalistas latinoamericanos, 8 de abril de 1974).

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