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Una tregua transitoria

Por Mario Teijeiro (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 12/03/04.- El acuerdo con el Fondo es una tregua antes de la batalla principal, que se dará sobre las metas fiscales para el 2005. Las presiones del Fondo en esta revisión reflejaron el creciente disconformismo del G7 y fundamentalmente de sus miembros europeos, por la inflexibilidad argentina en la negociación con los acreedores. Países como Italia, Francia y Alemania tienen que dar una respuesta a sus bonistas defaulteados y están ejerciendo presión para que Argentina mejore su oferta a los acreedores. La pretendida exigencia que Argentina llegue a un pronto acuerdo antes de Septiembre con una propuesta lo suficientemente buena como para suscitar un 80% de aceptación, se explica en este marco. El gobierno argentino evitó la trampa que hubiera implicado comprometerse a realizar una oferta que para tener un alto grado de aprobación, tuviera que ser probablemente incompatible con la solvencia fiscal.

Superada esta etapa, el meollo de la discusión volverá a sus puntos centrales: ¿Qué es una quita razonable?. ¿Cuál es el superávit primario necesario para pagar una deuda renegociada "de buena fe"?. El G7 parece dispuesto ahora a convertirse al mismo tiempo en abogado defensor de los bonistas y árbitro de la quiebra. En esa posición llegará el momento en que tendrá que definir cuantitativamente qué es una negociación de buena fe y qué es una quita razonable. Ambos juicios dependen críticamente de su evaluación de cuál es nuestra capacidad de pago. La negociación será muy difícil, pues los países europeos tienen una opinión equivocada de la situación argentina. Nos juzgan en función de sus realidades y en este sentido consideran que Argentina tiene un amplio margen para aumentar la presión impositiva (que luce baja en comparación a la europea) y por lo tanto para pagarle más a los acreedores. Piensan además que los argentinos no queremos pagar nuestras deudas mientras mantenemos nuestros activos financieros privados a buen recaudo en el exterior.

En una quiebra es importante reestructurar la deuda pero más importante aún es rediseñar la estrategia para que el negocio sea rentable y que lo que se acuerde pueda honrarse. El problema de esta negociación es que la discusión se está concentrando en la reestructuración de la deuda mientras que el replanteo estratégico para crecer está equivocado. El gobierno ha extraído dos lecciones de la crisis de los 90, uno correcta y otra equivocada. La lección correcta es que cualquier estrategia de crecimiento basada en un endeudamiento alto y caro y consecuente atraso cambiario, es insostenible y destructiva. La lección incorrecta es que el fracaso de los noventa reivindica una estrategia de crecimiento basada en el proteccionismo y el distribucionismo. Deberían mirar al mundo para ver qué tiene éxito y qué fracasa.

¿Podremos llegar a un acuerdo con los acreedores y a renovar el programa con el Fondo para el 2005?. Las posiciones hoy parecen lo suficientemente alejadas como para que sean importantes, aunque no definitivas, las chances de una discontinuidad del programa. Si bien es cierto esto es potencialmente grave, el principal drama ya lo tenemos delante de nuestras narices: un gobierno que cree que abrazándonos al proteccionismo del MERCOSUR y agrandando el Estado vamos a crecer sostenidamente.

(*)Presidente del Centro de Estudios Publicos.
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