Bufete de Informaciones Especiales y Noticias

Respuestas a una globalización hostil

Por Mario Teijeiro (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 22/03/04.-

Inequidad y globalización

El tema del proteccionismo se ha ubicado nuevamente en el centro de la campaña electoral en Estados Unidos. La opinión pública americana está sensibilizada ahora por la eventual pérdida de puestos de trabajo provocada por la globalización de los servicios. Resulta que son cada vez más los conglomerados empresarios que, aprovechando las nuevas oportunidades de la revolución informática, deciden cerrar oficinas administrativas en los países desarrollados y subcontratar servicios como contabilidad, marketing y desarrollos de software a empresas radicadas en países emergentes. La amenaza de perder trabajos industriales a manos de los chinos y de los mejicanos se ha extendido ahora a la potencial pérdida de puestos administrativos a manos de contadores hindúes y programadores rusos.

El sistema político americano se encuentra así tironeado desde adentro y desde afuera. Quienes vivimos en países emergentes le exigimos que abra sus mercados para permitirnos exportar más y así dar empleo a nuestros trabajadores marginados. Desde adentro, la presión es la opuesta: se pide protección frente a la pérdida de puestos de trabajo, tanto en la industria como en la agricultura y, ahora también, en los servicios. ¿Es esta preocupación válida?. ¿Debería el sistema político americano atender los intereses proteccionistas internos o por el contrario, aceptar las presiones a favor del librecambio que provienen de nuestros países?.

Siempre el comercio internacional y las innovaciones tecnológicas han provocado resistencias por su aparente perversidad, al destruir fuentes de trabajo preexistentes. La resistencia de los inmediatamente afectados es natural, pero nada justifica que se las atienda porque las ganancias generales son insoslayables (aunque esquivas a la percepción general). Las exportaciones chinas a Estados Unidos desplazan empleo industrial que utiliza mano de obra poco calificada, pero la mayor capacidad de gasto de la economía china implica mayor demanda de aviones y otras exportaciones americanas de alta tecnología, que incrementan la demanda de personal calificado. Lo mismo ha de ocurrir con los servicios que ahora se contratan en países emergentes: la demanda de estos empleos caerá en Estados Unidos pero aumentarán las oportunidades de empleo en sectores que exporten bienes que los hindúes demanden.

El comercio y las innovaciones tecnológicas crean oportunidades de empleo y de crecimiento de los ingresos para todas las partes involucradas. Esto no significa sin embargo que en el corto plazo los beneficios se repartan por igual. En los últimos treinta años el ingreso per capita de todos los segmentos sociales de USA ha aumentado, pero mientras lo ha hecho muy poco en los segmentos de menores ingresos, el ingreso per capita ha aumentado mucho en los segmentos de mayores ingresos. Aunque todos están mejor, la distribución relativa del ingreso ha empeorado. ¿Se trata de una perversión intrínseca del capitalismo?. De ninguna manera, es meramente el reflejo de una circunstancia histórica en la cual se han incorporado a la globalización China y otros países, con enormes poblaciones ansiosas de salir de la miseria a través del trabajo duro. La abundante oferta de bienes producidos con esa mano de obra barata y laboriosa ha afectado las remuneraciones (cuando no el empleo) de mano de obra poco calificada en todo el mundo occidental. Una distribución del ingreso que empeora en el corto plazo es el precio que el capitalismo occidental tiene que pagar para integrar al mercado mundial a enormes masas de población empobrecida por décadas de socialismo. Pero las ganancias del comercio y de las innovaciones tecnológicas son suficientes para mejorar substantivamente el ingreso per capita de chinos y americanos por igual.

Pero países como el nuestro, que no han crecido en los últimos 30 años por errores propios (incluyendo una pésima inserción en la globalización), están peor. Para aquellos países que se han estancado, el empeoramiento (mundial) de la distribución del ingreso significa que los sectores de menores ingresos están peor que hace tres décadas en términos absolutos. Nuestros índices de pobreza e indigencia así lo atestiguan. Hoy el punto de partida para definir nuestro rumbo estratégico es que no sólo tenemos que superar la consecuencia de nuestros errores pasados (siendo la mas importante la debilitada confianza de inversores y ahorristas) sino también enfrentar la decisión de qué hacer frente a una globalización competitiva y hostil.

El mundo nos plantea un panorama "darwiniano", de masas empobrecidas que se lanzan a competir en el capitalismo globalizado. También de flujos de inversión que se mueven rápidamente hacia zonas que ofrecen rentabilidad y seguridad jurídica, huyendo de países donde impera la corrupción y la expropiación distributiva. Se trata de una realidad irreversible a la cual hay que adaptarse. La pregunta es cuál es la mejor manera de hacerlo. En este contexto mundial, aún recuperando la confianza de inversores y abriéndonos apropiadamente al comercio mundial, la capacidad de nuestro sistema productivo para remunerar a mano de obra poco calificada será mejor que la actual pero limitada, porque tendrá que competir con los salarios chinos y de quienes se vayan sumando a la globalización. La perspectiva de mejorar el salario y la distribución del ingreso es aún más débil si consideramos las consecuencias futuras de nuestra reciente apertura irrestricta a la inmigración de países vecinos. ¿Cuál es entonces la respuesta estratégica apropiada?. ¿Revivimos el proteccionismo, procurando aislarnos de una "globalización explotadora" de nuestra clase trabajadora a través de una estrategia de sustitución de importaciones dentro del Mercosur?. ¿Agrandamos el Estado para reparar las "injusticias del mercado"?. Estas son las respuestas estratégicas del gobierno de Kirchner que impedirán un crecimiento alto, sostenible en el tiempo. Veamos por qué está equivocado y cuál es la verdadera alternativa.

El proteccionismo no es la respuesta

¿Qué opinaría Ud. si leyera la siguiente (utópica) noticia?: "Los lideres de los barrios de La Cava y la Villa 31 se han reunido para debatir soluciones a la marginación de sus pobladores. Han reconocido que son victimas de un sistema capitalista explotador, que se aprovecha pagando salarios bajos a quienes se emplean en barrios ricos como empleadas domésticas o a quienes consiguen empleo en la construcción y otras actividades informales. Ni que hablar de quienes sobreviven como cartoneros. Ante esta realidad de explotación y dependencia, han decidido proponer a sus vecinos renunciar a sus empleos fuera de las villas, así como renunciar a comprar productos que no se produzcan dentro de ellas. Si se acepta esta propuesta de autosuficiencia e integración villera, creen que el desarrollo de la actividad económica dentro de las villas y el comercio preferencial entre ellas será garantía de prosperidad y desarrollo independiente".

Una propuesta de esta naturaleza resultaría ridícula a los ojos del sentido común. ¿Es posible generar dentro de las villas mejores oportunidades de empleo que las que se pueden obtener fuera de ellas?. Por supuesto que no, pues no hay actividad económica potencial dentro de las villas que pueda justificar salarios cercanos a los que se ofrecen afuera, por mas "explotadores" que esos salarios sean. El servicio doméstico vale si se hace en el domicilio de quien lo demanda. El empleo en la construcción vale si la obra se realiza en un country. El empleo industrial puede darse sólo en una localización apropiada. Tampoco el comercio libre y preferencial entre las villas servirá pues si prescinden de las oportunidades de trabajo fuera de las villas, sus pobladores no tendrán poder adquisitivo para generarse demanda entre ellos. El proyecto de integración y autosuficiencia villera implicaría un empobrecimiento mucho mayor que el producido por la actual "explotación capitalista". Sin lugar a dudas, alguna actividad económica se terminará desarrollando dentro de las villas, pero será porque se torna rentable como consecuencia de que los salarios caen estrepitosamente y no porque habrá salarios mas altos y consecuentemente mas "mercado interno".

Las ideas de los (supuestos) dirigentes villeros son las mismas de los antiglobalizadores que creen en la injusticia de la globalización y en la resistencia unida de los países pobres. El proteccionismo es el hijo intelectual de la "teoría de la dependencia" (según la cual nuestra pobreza se explica por la explotación a las que nos somete el capitalismo multinacional). La idea es que con un proyecto desarrollista de defensa de nuestros mercados e integración entre países pobres (como el MERCOSUR) vamos a estar mejor. El ejemplo de las villas es preciso para rebatir esa utopía. Por más injusto que sea el intercambio con los países desarrollados, nunca el proteccionismo estará en condiciones de igualar los ingresos obtenibles si comerciáramos libremente con mercados de mayor poder adquisitivo.

El distribucionismo tampoco

La gobierno cree en la redistribución de ingresos para solucionar al mismo tiempo la pobreza y el crecimiento. Si mejoramos los ingresos de los mas necesitados, mejoramos la capacidad de consumo y reactivamos el mercado interno. En el mundo keynesiano de Kirchner no hay conflicto entre equidad y crecimiento, sino complementariedad. Estamos frente a un distribucionismo que se gasta toda la mayor recaudación, sin preocuparse por retrotraer los impuestazos del pasado y darle aire al crecimiento del sector privado.

El conflicto entre distribución y crecimiento no se manifiesta hoy, pues la reactivación impulsada por los factores externos fortuitos puede avanzar en un contexto de desempleo generalizado y capacidad ociosa. Pero las falencias de esta estrategia se manifestarán una vez que se agoten esos factores externos y sea evidente que desperdiciamos el crecimiento de la recaudación en aumentos de gasto publico de baja o nula productividad. El conflicto entre equidad y crecimiento es inevitable y se manifestará de varias maneras. Primero, redistribuir significa mayores impuestos que afectan la competitividad de la economía y desincentivan las inversiones productivas. No en vano un alto porcentaje del crecimiento del empleo está ocurriendo en sectores informales. Tenemos que tomar conciencia que en el proceso de seducir la inversión productiva estamos compitiendo con países como China con impuestos bajos, sin leyes laborales pesadas y con una mano de obra laboriosa dispuesta a trabajar por bajos salarios. En segundo lugar el gasto público es mayoritariamente consumo, no ahorro que se invierta y aumente la capacidad productiva de la economía. Una tasa de ahorro interna alta es critica si queremos prescindir del endeudamiento y no podemos seducir la inversión externa. El modelo distribucionista condiciona entonces una economía ineficiente y con una tasa de ahorro baja, factores que nos condenan a un crecimiento mediocre en el mediano plazo.

Hay que educarse para la globalización

Es evidente que con proteccionismo y distribucionismo no podremos crecer sostenidamente. Nuestras chances de crecer a altas tasas existen solamente con apertura económica en serio, impuestos bajos, leyes laborales que no desanimen el empleo y respeto por la seguridad jurídica. Pero si esa globalización a la que nos jugamos es despiadada, ¿cómo haríamos para mejorar los salarios y la distribución del ingreso?. Ante todo una economía que crezca aceleradamente solucionaría el desempleo, que es la primera causa de empobrecimiento y marginación. Pero si pretendemos mejorar nuestra distribución del ingreso y que eso no sea a costa del crecimiento, la apertura no alcanza, pues la capacidad de pagar altos salarios a la mano de obra poco calificada estará siempre limitada por la competencia de los pobres que continúen ingresando en la globalización. La única solución de largo plazo al problema distributivo es que nuestro sistema educativo nos permita saltar escalones de productividad de tal manera de poder aspirar a ser competitivos en actividades de alto valor agregado. El Presidente Kirchner y su ministro de Educación han empezado a reconocer la importancia de mejorar la calidad educativa, pero desafortunadamente todavía confían en poder mejorar una educación pública manejada por los gremios y las burocracias provinciales.
(*)Presidente del Centro de Estudios Publicos.
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