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El inefable actor Ronald Reagan

Por Enrique Oliva

Rebanadas de Realidad - N&P;, 07/06/04.- "Ya les he dicho a mis colaboradores que cuando suceda algo importante deben despertarme, aunque me encuentre en reunión de gabinete", dijo en 1986 el entonces Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan.

En la oportunidad, la prensa norteamericana estuvo dividida al comentar esa frase. Unos la atribuyeron a sus frecuentes humoradas, por lo general infantiles. Otros la sumaron a una cantidad de pifias acumuladas por el mandatario, pero advirtieron que algo no funcionaba bien.

En 1982, en el mes de mayo, Reagan visitó varios países de Europa con medidas extraordinarias de seguridad, ante la impopularidad obtenida en el viejo mundo por su apoyo a la agresión colonialista de Margaret Thatcher en Malvinas. No pudo presentarse en ningún sitio en público. Para evitar el peligro de transitar calles, se desplazaba dentro de ciudades en helicóptero. En su entrevista con Juan Pablo II, a quien cierto periodismo suele disfrutar esperando que bostece para fotografiarlo, quien se durmió, en dos oportunidades, fue el presidente yanqui.

Reagan, siempre se mostraba movedizo y atlético en público y ante la prensa, para dar una estudiada imagen juvenil y buen estado físico. Los periodistas que seguimos sus pasos en varias situaciones, no podíamos menos que ponderar su habilidad en ese sentido, con una profesionalidad más efectiva que en sus películas clase B. En su visita a Londres, quebró la oposición de los responsables del protocolo, porque quería, y logró, incluir entre sus actividades un paseo a caballo con la Reina por el parque del Palacio de Windsor. A cierta distancia el periodismo observaba, y a su paso un fotógrafo le gritó ¡Ronnie!, quien se desvió para acercarse al grupo de prensa y saludarlo campechana y sonrientemente. La Reina, que no puede hablar con los periodistas, expresó su disgusto poniendo cara de cochinillo, como dicen en la familia real cuando ella se enoja, y siguió con su caballo al paso, uniéndosele luego el Presidente con un trotecito.

También lo vimos a Reagan en varias reuniones de los Siete Grandes y nunca dejaba de dar alguna nota pintoresca, como lo hizo asimismo en el histórico encuentro con Mijail Gorbachov en Ginebra en noviembre de 1985. Pero en la segunda supercumbre de ambos en Reikjavik, en octubre de 1986, se ganó comentarios por su proceder teatral e intencionado con el ruso. En el programa figuraba una visita de Gorbachov a la residencia de su colega en la capital de Islandia y allí fuimos los periodistas a observar el encuentro desde unos poco metros tras una valla. En cuanto llegó el auto del soviético, apareció en la puerta Reagan con ropa común de calle y sin sobretodo, pese al frío reinante. Bajó ágilmente los cinco o seis escalones hasta la vereda y se dirigió al auto de su visitante que había parado a varios metros de distancia, quien baja del vehículo con largo sobretodo negro, bufanda y sombrero calado hasta las orejas. La sorpresa fue que Reagan lo acompaña hasta los escalones de entrada sin soltarle el brazo, en actitud de ayudarlo a subirlos, como si se tratara de un anciano, cuando era 20 años menor. En la conferencia de prensa conjunta final, en un teatro, repitió el mismo gesto protector.

Es habitual en Estados Unidos, todo allí puede comercializarse, y Reagan, al igual que sus predecesores y sucesores en el cargo, al dejar la Casa Blanca inmediatamente anunció que había firmado contrato para dar conferencias en distintos foros nacionales e internacionales cobrando un mínimo de 100.000 dólares cada una (fuera de gastos e impuestos). (1)

La primera actuación, dos meses después, fue bochornosa. No leía bien lo que llevaba escrito y cuando intentó improvisar dijo incoherencias, acompañadas de grandes risotadas sin el menor sentido. Luego, la programada gira debió ser anulada. Desde entonces, año 1990, quedó recluido en su casa de Los Ángeles, bajo el celoso cuidado de sus familiares, quienes recién en 1994 reconocieron que padecía el mal de Alzheimer. Y comenzó a circular la pregunta: ¿cuándo le aparecieron los primeros síntomas y si con tal enfermedad había estado actuando como presidente?.

La historia de la humanidad podrá condenar a Ronald Reagan por sus múltiples errores en política internacional que sufrieron muchos pueblos, pero tampoco dejará de reconocerle su habilidad actoral demostrada a favor de su imagen política. Conquistó carisma de "patriota" desde que fuera por años jefe sindical de los actores de Hollywood y por su papel en la caza de brujas del senador McCarthy, quien con su anticomunismo salvaje persiguió durante años a intelectuales, periodistas, artistas y empresarios; y el genial Charles Chaplin se vio forzado a un largo exilio en Suiza. En esa época, Ronald Reagan se pasó al Partido Republicano, fue dos veces gobernador de California y también repitió como Presidente.

Los argentinos no le perdonaremos jamás su ayuda a la colonialista Margaret Thatcher, desde el primer día de la Guerra de Malvinas, sumándole a su lado a otros gobiernos poderosos, pero a ningún pueblo del mundo, ni siquiera al británico.

(1)John F. Kennedy se perdió ese negocio muy legal por su prematura muerte. Lo mismo le ocurrió a Franklin Delano Roosevelt. Pero la señora de este último, continuó haciendo publicidad para la empresa de aviación Pan American. Tampoco rechazaron esos ingresos otros mandatarios como Gerald Ford y hasta el defenestrado Richard Nixon. Y aquí, en Buenos Aires, lo vimos a George Bush (padre) junto al reverendo Moon, cuando vinieron juntos a promocionar el lanzamiento de un periódico de la secta que encabeza el coreano, quien lo contrató. Es decir que, en Estados Unidos, no hay fama (buena o mala, pero fama al fin), que no tenga una cotización en el libre mercado). A William "Bill" Clynton no le va mal. Sigue logrando un buen éxito de taquilla y parece que con tales ingresos saldará las deudas que le ocasionaron los honorarios de sus abogados defensores en los juicios por sus travesuras sexuales, que lo llevaron al borde de la bancarrota.
Gentileza de la agencia NAC & POP.
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