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La inseguridad como elemento de presión

Por Mario Raúl Bordón (*)

Rebanadas de Realidad - Concordia, 02/09/04.- A un año de haber asumido, el gobierno nacional que encabeza Néstor Kirchner se encuentra sometido a una feroz contraofensiva de los sectores del gran capital local e internacional que fueron desplazados de la Casa Rosada el 19 y 20 de Diciembre de 2001 -después de haber dominado la política argentina durante los diez años de Carlos Menem y el fugaz gobierno de Fernando De la Rúa- y que han encontrado en el horrendo asesinato del adolescente Axel Blumberg el disparador adecuado para impulsar una campaña desestabilizadora demandando mayor seguridad y menos "inclinaciones izquierdistas".

Falacia histórica

En verdad Kirchner no es un personaje al que se lo pueda encuadrar dentro de lo que, genéricamente, se denomina izquierda. Todo lo contrario. En sus tres mandatos consecutivos como gobernador de Santa Cruz aplicó las mismas recetas neoliberales que inundaban el país y el planeta. Kirchner es un hombre de la burguesía y solo se diferencia de sus antecesores en que se encuentra sostenido por los sectores devaluacionistas de la clase dominante, que tienen un fuerte anclaje en la Unión Europea y que desde el interinato de Eduardo Duhalde han obtenido un mejor posicionamiento en la lucha interburguesa. Se puede afirmar que Kirchner es distinto porque le toca gobernar, ahora, en una etapa histórica distinta del sistema capitalista en Argentina y en el mundo.

Por eso tampoco se justificaba la indisimulada euforia inicial de los llamados peronistas de izquierda, que treinta años después reprodujeron su falacia histórica pretendiendo reeditar la lucha por el "socialismo nacional" adoptada con Cámpora en 1973 en aras a recomponer el "capitalismo nacional" con Kirchner en 2003. Aquello nunca había tenido lógica política, esto no podía tener viabilidad política.

Resquicio político y mediático

Los actos del 24 de Marzo último realizados en el Colegio Militar y en la ESMA, la depuración de las estructuras militares y policiales, el rechazo a los aumentos de tarifas exigidos por las empresas privatizadas, la remoción de los jueces de la Corte Suprema más comprometidos con el menemismo y la negativa para avanzar hacia el ALCA intentando, por el contrario, alinearse en un bloque continental con Chávez y Lula son medidas que no pueden ser consideradas, seriamente, como un avance hacia la abolición del capitalismo en Argentina. Pero es mucho más de lo que el imperialismo y sus socios vernáculos pueden tolerar.

La ruptura entre las distintas fracciones de la burguesía se expresó el pasado 26 de Marzo en el frustrado Congreso Nacional del justicialismo en Parque Norte donde el partido gobernante no pudo elegir su conducción orgánica. Allí, la esposa de Kirchner fue insultada y los sectores que responden a Duhalde conformaron una conducción que se desgranó en menos de 24 horas porque casi todos los nominados -entre ellos Jorge Busti- desertaron ante la posibilidad de quedar definitivamente enfrentados con el primer mandatario.

Y a partir del 1º de Abril el caso Blumberg fue el resquicio político y mediático por donde la derecha introdujo una cuña que le resulta estrictamente funcional: la falta de seguridad.

Imponer el ajuste

Es evidente que la problemática de la inseguridad ha sido instalada con el objetivo político de ser utilizada como la gran causa de justificación del ajuste que, inexorablemente, necesita imponerle el gran capital al gobierno de Kirchner. Resulta obvio que no podrían registrarse los actuales niveles de inseguridad sin la complicidad expresa de importantes sectores del poder político. La táctica no carece de lógica desde la óptica de la derecha. Descartada la posibilidad de que nuevas medidas de ajuste puedan ser exhibidas como un logro, tal como ocurrió en gobiernos anteriores ("honrar la deuda" pontificaba Domingo Cavallo, "relaciones carnales" inmortalizó Guido Di Tella), una importante y sostenida movilización social en demanda de mayor seguridad podría convertirse en la excusa ideal para recortar aún mas la ya reducida calidad de vida de los argentinos. Y con un agravante: eso sería tolerado con beneplácito por la clase media, que es la franja social mas afectada por la inseguridad y que, paradójicamente, constituye el principal soporte político del gobierno de Kirchner dado que los sectores mas pauperizados de la sociedad, que históricamente reportaron al peronismo, están cautivos del clientelismo del aparato de Duhalde en territorio bonaerense y de los jefes provinciales del PJ en sus respectivos distritos.

La policialización de la justicia

Por lo pronto la deliberada movida en torno al fenómeno de la inseguridad ha producido dos consecuencias preocupantes. La primera es el cambio del eje de debate en el que, embrionariamente, venía involucrándose la sociedad argentina. Antes, las cuestiones socioeconómicas eran prioritarias. Ahora, en un sentido u otro, la seguridad ha ocupado el centro de la escena. El otro aspecto está dado por la policialización de la Justicia. Fiscales y jueces de todo el país se muestran proclives a comprar, en forma acrítica, el paquete armado por la policía ante cada hecho presuntamente delictivo. Así, el sumario de prevención policial en vez de ser considerado el primer indicio sobre la posible comisión de un delito se ha convertido en el elemento fundamental de todo proceso penal. Ello constituye una faceta mas de la policialización de la política que se ha producido en Argentina en los últimos tiempos debido a la gigantesca falta de representación política real que exhiben tanto los partidos políticos como los funcionarios públicos y que los lleva, invariablemente, a correr detrás de los acontecimientos ante la ausencia de un proyecto estratégico.

Fuerza política de masas

Mas allá de sus buenas o malas intenciones, el gobierno de Kirchner no se sostendrá si no define un programa de acción contra un enemigo que ya apunta a su cabeza. La remanida transversalidad no podrá ser la solución porque no resuelve la indispensable ecuación entre ideología, política y fuerzas sociales en juego. Por el contrario, puede afirmarse que solo de la articulación de una fuerza política de masas, con epicentro en los trabajadores (con o sin empleo) y -sobre todo- en el proletariado industrial, que sirva de soporte político pero que no se convierta ni sea utilizada como una nueva tropa cautiva, depende que en el futuro inmediato no le impongan un colosal ajuste en nombre de la seguridad y en lo que sería el principio del fin de su gestión.
Nota:
Este artículo de opinión fue publicado en el matutino "El Diario" de la ciudad de Paraná (Provincia de Entre Ríos) en su edición correspondiente al día lunes 24 de Mayo de 2.004 (primera sección - página 6). Rebanadas hace lo propio por gentileza del autor.
(*) Abogado de la ciudad de Concordia.
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