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Carta abierta sobre la matanza de Carmen de Patagones

Por Héctor Roberto Roudil

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 29/09/04.- ¿Qué pasó ayer en Carmen de Patagones? Ahora vendrán las explicaciones y aquí va la mía. Las personas, en número variable, actúan por imitación y/o según modelos y modas que lo rodean de múltiples modos y van permeando su mentalidad o forma de pensar, sus actitudes, sus conductas y sus hábitos. Eso fue lo que ocurrió ayer en Carmen de Patagones: el asesino actuó por imitación.

¿Pero imitación con respecto a qué? Con respecto a la sociedad norteamericana o a las imágenes y mensajes que nos llegan de ella.

Estamos penetrados por dicha cultura, o por una parte de ella, que nos llega a través de los medios de comunicación y principalmente a través del cine y de la TV y a través del comercio y de la cultura en general.

Esto fabrica un "ambiente social" que nos condiciona en nuestras formas de pensar y de actuar desde la mañana a la noche.

Ello ocurre no solo por iniciativa norteamericana sino también por iniciativa de argentinos que están interesados por diversos móviles, las más de las veces por razones comerciales o económicas, por copiar, propagar e imitar dichas pautas culturales.

Así tenemos en el ambiente social que nos rodea y nos comprime, las campañas de "Llame ya" para comprar compulsivamente, los reality show para degradar a los jóvenes y lucrar con ello, los talk show para degradar la inteligencia y para desinformar fundamentalmente, las cantidades masivas de películas y series norteamericanas enlatadas, la propaganda de zapatillas y de ropa de marca a precios astronómicos para el ingreso medio de los argentinos, siendo que por esta ideología de las marcas delinquen jóvenes argentinos y otros compran ropa falsificada en cuanto a la marca. Recordemos esa propaganda de zapatillas norteamericanas que recomienda a los jóvenes, por el tuteo, en grandes letras: "just do it" cuya traducción es "hazlo ya" o "solo hazlo" o "simplemente hazlo o hacelo". Huelga decir que esta frase implica el no pensar en las consecuencias de nuestros actos. Pensemos también en la compra indiscriminada de armas por la población civil al estilo de vida norteamericano en aras de una supuesta seguridad que paradójicamente, hace la vida más insegura para todos.

Pensemos también en los estudios de posgrado al estilo de "master", "Phd" (doctorados) y otros títulos por el estilo surgidos en las ideologías gerenciales y académicas norteamericanas que presurosamente imitamos en nuestras universidades.

Recordemos también las campañas publicitarias dirigidas a los jóvenes para que consuman alcohol, cigarrillos y marcas que nuestros jóvenes desempleados y no escolarizados son impotentes económicamente para adquirirlas por medios legítimos.

Recordemos también los nombres en inglés "americano" de locales y firmas comerciales de todo tipo, muchas de origen argentino, cuya clientela es mayoritariamente de los sectores de alto consumo.

Recordemos también las innumerables recetas de management, recursos humanos, publicidad, marketing así como de productos medicinales basados en formas y modalidades del aparato comercial norteamericano; así como la enseñanza del inglés americano en casi todas las escuelas privadas.

Finalmente no nos olvidemos de la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo sin estar organizada la sociedad y la familia para ello. Tampoco nos olvidemos que en Norteamérica se consume mayoritariamente la droga.

Ahora bien, ¿cómo hacer para evitar estos procesos de imitación de las barbaridades norteamericanas tales como jóvenes que matan a sus propios condiscípulos en los establecimientos educativos?

Un camino puede ser el de la prohibición lisa y llana de publicar tales "noticias" en nuestros medios de comunicación. ¿Qué perdemos al no enterarnos de esas barbaridades propias de una sociedad muy enferma en la cual se pueden comprar armas por correo? ¿Qué pierde nuestra juventud al no enterarse de tales atrocidades? ¿En qué sería lesionada nuestra libertad de expresión? Absolutamente en nada. Al contrario, ninguna mente enferma ni ninguna mente sana dispondría del modelo de matanza colectiva al estilo de los colegios norteamericanos.

Si bien los usuarios de internet podrían enterarse a través de los diarios extranjeros, ello tendrá muchísimo menos impacto en nuestra opinión pública, aunque sería deseable que dichas "noticias" tampoco llegaran por ese medio.

Si por alguna razón el estado argentino no implementara dicha prohibición, ¿que recurso le queda para no permanecer inerme frente a la tragedia y no asumir políticas preventivas del horror?

Otro camino puede ser la incorporación a los planes de estudio vigentes al nivel EGB y Polimodal, de programas y actividades sistemáticas de procesamiento de frecuencia semanal de las noticias, de la publicidad y de las series y películas que nos invaden para neutralizar los efectos nocivos de la "tele" en las mentes de nuestros jóvenes.

Sin embargo aún nos quedaría una franja infanto-juvenil sin disponer de esta protección. Me refiero a la franja infanto-juvenil de aquellos que no estudian ni trabajan. ¿Cómo resolver este vacío de protección? Implementando campañas adecuadas en tiempo y forma, de carácter gratuito o de bajo costo para el estado, en todos los medios de comunicación con los mismos fines expuestos anteriormente, o sea de neutralización de los efectos nocivos de lo que se transmite en los medios.

El estado como expresión máxima de la sociedad, no debe permanecer inactivo frente al ambiente social prefabricado en el cual vivimos cotidianamente los argentinos de cualquier edad y condición social.

En una suerte de "experimento mental", deliberadamente no me informé sobre lo acaecido desde que escuché la noticia por radio ayer a la mañana. Hoy después de escribir esta carta abro el diario "Clarín" del 29/9/04 y leo "...Según una versión, la semana pasada se habría proyectado en la escuela Bowling for Columbine...".

Se trata de una película que muestra una matanza escolar.

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