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Mamá Tingó: Mártir Campesina y de las mujeres trabajadoras

En ocasión del Día Internacional de las Mujeres, 8 de marzo 2009.
Por José Gómez Cerda, Presidente de la ADPE

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Rebanadas de Realidad - Santo Domingo, 05/03/09.- La muerte de la líder sindical campesina Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), asesinada el primero de Noviembre en 1974, en Gualey, Hato Viejo, Yamasá, en República Dominicana, marcó un ejemplo de la lucha de las mujeres trabajadoras, en defensa de los derechos de los trabajadores.

Mamá Tingó es un símbolo de la lucha por la tierra y un ejemplo de la mujer rural en la defensa de los derechos del campesinado en toda América Latina y el Caribe.

Mamá Tingó era un militante de la Liga Agraria Cristiana de una comunidad de 350 familias pobres, que venían luchando por varios años por la tierra que los vio nacer y que trabajaron varias décadas, pero terratenientes y políticos disfrutaban de los títulos de propiedad, en forma mal adquirida.

Varios acontecimientos ocurrieron antes del asesinato de la líder sindical. Varios jóvenes fueron heridos, a la señora Altagracia Rosario le cortaron una oreja, decenas de campesinos de esa comunidad estuvieron en prisión en varias ocasiones, entre ellos su líder natural, Florinda Soriano Muñoz (Mamá Tingó), mujer de edad avanzada y analfabeta, pero con cualidades y autoridad suficientes para encabezar la lucha contra los desalojos injustificados.

Después de poner una querella contra el terrateniente Pablo Díaz, la sindicalista fue asesinada por Ernesto Díaz (Turín).

La Federación Dominicana de Ligas Agrarias Cristianas (FEDELAC), y la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC) denunciaron a nivel nacional e internacional este asesinato. Hay que destacar la labor del periodista Juan Manuel García, quién hizo varios reportajes, antes y después del asesinato, sobre la situación de los campesinos en esa comunidad, toda la prensa nacional, radio, periódicos y televisión destacaron ese asesinato.

Décimas, poemas y canciones resaltaron las virtudes de la líder sindical campesina, entre ella un merengue del cantante Johnny Ventura titulado «Mamá Tingó», y la referencia de la cantante argentina Mercedes Sosa durante el espectáculo «7 días con el Pueblo», que organizó la CGT.

Pero el asesinato de Mamá Tingó no es un caso aislado en la lucha por la tierra. El 30 de junio de 1975, en Alto de Peguero, El Cuey, en El Seybo, fue asesinado Dionisio Frías (Mister Beca) también militante de las ligas agrarias cristianas.

En Honduras ocurrió la Masacre de la Talanquera, el 18 de febrero de 1972, y las Masacres de Santa Clara y Los Horcones, el 25 de junio de 1975 en OLANCHO, donde fueron asesinados 25 campesinos, entre ellos 2 sacerdotes. Lidia Madariaga, de Nicaragua, líder campesina, fue asesinada, cuando estaba embarazada de su cuarto hijo.

Los asesinatos de líderes campesinos en Colombia y Brasil son permanentes y en masas, siendo estos dos países los de mayores atropellos a los derechos elementales de los campesinos; pero los asesinatos también han ocurrido en diversas ocasiones en El Salvador, Guatemala, Haití, Perú y Paraguay.

Mamá Tingó es un ejemplo de la participación de las mujeres en el sindicalismo y en la lucha para que la tierra de los hombres y mujeres que la trabajan.

En ocasión del DIA INTERNACIONAL DE LASMUJERES, el próximo 8 de marzo, rendimos homenaje a todos los mártires agrícolas de América Latina y el Caribe, reconocemos a las mujeres trabajadoras rurales, que trabajan en regiones donde la lucha por la tierra es más peligrosa del mundo.

Doña Florinda Soriano Muñoz, (Mama Tingó), como un ejemplo de las personas organizadas.

Las mujeres y la agricultura

El papel de las mujeres trabajadoras rurales es decisivo en el mundo rural.

Las mujeres trabajadoras rurales, son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos, producen entre el 60% y el 80% de los alimentos en la mayoría de los países del tercer mundo.

Las campesinas son los productores principales de los cultivos básicos de todo el mundo - el arroz, el trigo y el maíz -, que proporcionan hasta el 90% de los alimentos que consumen los pobres de las zonas rurales.

El salario de las mujeres trabajadoras agrícolas es casi siempre inferior al salario de los hombres, aunque existe el Convenio de la OIT, número 100, que establece la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres. En la mayoría de los países esa Convención es violada. Las tasas de salarios básicos en el sector agrícola son diferentes entre hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo, los salarios de las mujeres son más bajos.

Las mujeres trabajadoras agrícolas siembran, aplican fertilizantes y plaguicidas, recolectan y trillan las cosechas. Ellas también trabajan en los cultivos secundarios, las legumbres y hortalizas,

Los conocimientos especializados de las mujeres en relación con los recursos genéticos aplicados a la agricultura y la alimentación hacen de ellas custodios esenciales de la diversidad biológica. En el sector pecuario, las mujeres dan de comer y ordeñan a los animales de mayor tamaño, además de criar aves de corral y animales pequeños como ovejas, cabras, conejos y conejillos de indias.

Una vez que se ha recogido la cosecha, las mujeres aportan la mayor parte de la mano de obra necesaria para las actividades post-cosecha, responsabilizándose del almacenamiento, la manipulación, la constitución de reservas, la elaboración y la comercialización.

Aunque las campesinas están asumiendo un papel crecientemente importante en la agricultura, siguen contándose entre los grupos de población más desfavorecidos. La guerra, la migración de los varones a las ciudades en busca de trabajo remunerado y la creciente mortalidad causada por el VIH/SIDA han producido un aumento del número de familias encabezadas por mujeres en los países en desarrollo.

Pese a que las mujeres son los principales productores y proveedores de alimentos, continúan siendo asociados "invisibles" en el desarrollo. Las mujeres tienen conocimientos únicos sobre el valor de los recursos genéticos y su utilización para la agricultura y la alimentación.

En el África subsahariana, las mujeres cultivan hasta 120 especies vegetales diferentes en los espacios libres junto a los cultivos comerciales de los hombres.

En las regiones andinas de Bolivia, Colombia y el Perú, las mujeres establecen y mantienen los bancos de semillas de los que depende la producción de alimentos.

En Rwanda, las mujeres son los productores tradicionales de judías, conocidas como la "carne" del campo, que aportan una cuarta parte de las calorías y casi la mitad de las proteínas que ingiere la población.

En muchas zonas del mundo existe una creciente tendencia en la actualidad a lo que se ha dado en llamar la "feminización de la agricultura". A medida que disminuye la participación de los hombres en la agricultura, el papel de la mujer en la producción agrícola se hace cada vez más dominante.

En África, por ejemplo, la población masculina de las zonas rurales esta descendiendo rápidamente, mientras que la población femenina se mantiene relativamente estable. En Malawi, la población rural masculina sufrió una disminución del 21,8% entre 1990 y 2008. Durante el mismo período, la población rural femenina disminuyó tan sólo un 5,4%.

Varios estudios han mostrado que las mujeres que son cabeza de familia suelen ser más jóvenes y tener un nivel de educación más bajo que los cabeza de familia varones. Por lo general, tienen también menos tierra para trabajar e incluso menos capital y mano de obra agrícola adicional con que trabajarla.

A causa de la escasez de mano de obra y capital, las mujeres que son cabeza de familia se ven obligadas con frecuencia a hacer ajustes en los sistemas de cultivo y los sistemas agrícolas. Esos ajustes han tenido como consecuencia reducciones de la producción y, en algunos casos, la adopción de cultivos de menor valor nutricional. Por ello, no es sorprendente que esas familias padezcan a menudo la malnutrición e inseguridad alimentaria en mayor medida que otras.

En la mayoría de los países en desarrollo, los campesinos, ya sean hombres o mujeres, no tienen acceso a recursos adecuados, pero en el caso de las mujeres ese acceso está sujeto a limitaciones adicionales como resultado de las tradiciones y de factores culturales y sociológicos.