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La filosofía de la "guerra fría" venía madurando durante la Segunda Guerra Mundial, o qué está tras el discurso de Fulton de Winston Churchill
Por Nicolay Marchuk
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Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, Moscú, 04/03/06.- El 5 de marzo de 2006 se cumplen 60 años desde que Winston Churchill pronunció su memorable discurso en la ciudad estadounidense de Fulton, conocido como manifiesto de la "guerra fría", que fue declarada por Occidente a la Unión Soviética y puso fin a la coalición de las grandes potencias que habían derrotado a la Alemania nazi y el Japón militarista.

¿Sirvió realmente aquel discurso de Churchill de línea divisoria entre la alianza del "gran trío" y una confrontación cualitativamente nueva, que en más de una ocasión puso a la Humanidad al borde de un abismo? ¿O sería más correcto afirmar que las palabras del ex primer ministro británico, uno de los más relevantes políticos del siglo XX, no hicieron sino quitar el velo de una política que se aplicaba realmente y que había sido ideada por Estados Unidos y Gran Bretaña mucho antes?

A las preguntas de Victor Litovkin, analista en temas militares de RIA Novosti, responde Valentín Falin, Doctor en Historia.

- Solamente los historiadores conocerán hoy día el contenido del discurso de Churchill pronunciado en Fulton. Pero la mayoría de los rusos, especialmente aquellos que hicieron sus estudios en la época soviética, no vacilarán en responder que precisamente en Fulton fue proclamada una "cruzada contra el comunismo" y se levantó el telón de acero entre nosotros y el llamado mundo libre. ¿Pero qué concretamente dijo Churchill hace 60 años? ¿Qué realmente estaba tras sus palabras?

- Desde siglos la Humanidad está acostumbrada a vivir en un mundo de leyendas. Muchos lo perciben como algo normal, sin pensar en que las leyendas nos apartan de la verdad. Los inventos en torno a lo dicho en Fulton y la propia figura de Churchill son un ejemplo de ello.

En Fulton salió a relucir aquel mal que durante años venía madurando en los pasillos de poder de Londres y Washington. Conviene preguntar ¿por qué le encargaron precisamente a Winston Spencer Churchill sonorizar las ideas que se ocultaban hasta aquel momento? Pues pasaron un poco más de siete meses solamente desde que los electores británicos habían desaprobado la política de los conservadores, haciendo dimitir a Churchill. ¿Por qué los estadounidenses se dirigieron a él, sacándolo de la sombra? La respuesta es sencilla y hasta banal: en la sociedad anglosajona era difícil encontrar a otro estadista que fuese encarnación misma de la rusofobia.

Ya durante la Primera Guerra Mundial, Churchill se rompía la cabeza pensando qué se podía hacer para que las fuerzas principales de la Alemania del Kaiser se concentraran en la tarea de derrotar a la Rusia zarista, mientras que la propia Albión pudiese esquivar el cumplimiento de los compromisos asumidos en el marco de la Entente.

Fue Churchill quien en 1918 exhortó a dividir a nuestro país en "esferas de acciones", lo que tenía que coronarse con la desintegración del multinacional Estado ruso; más tarde él se desveló por rodear a la Rusia soviética con un "cinturón de los países que odien a muerte a los bolcheviques".

En el lenguaje de Churchill y sus allegados ello se llamaba "continuación de la guerra de Crimea de 1853-1856". Las retóricas anticomunistas que se emplearon después de la revolución de Octubre no cambiaban la esencia del asunto. Tanto Londres como Washington habían jurado la rusofobia mucho antes de que en Rusia fuese derrocada la autocracia. La aspiración a expulsarnos del concierto de las potencias mundiales determinaba la actitud que mostraban esas democracias patentadas hacia todos los problemas regionales y globales a lo largo de todo el siglo XX.

¿Pero de qué trataba Churchill en Fulton? Hay que aprender las lecciones de la Historia, aleccionaba el ex primer ministro. Los intentos de apaciguar al nazismo redundaron en la escalada de los planes de agresión alemanes y la guerra. Las "democracias" no deben volver a repetir los errores fatales, deben formar un frente único ante una nueva amenaza totalitaria, encarnada esta vez por la Unión Soviética, la que cortó con el telón de acero a medio-Europa, para imponer sus órdenes en los territorios controlados por ella.

Esta es la esencia del asunto. Si alguien no tiene a su alcance el texto de lo pronunciado por Churchill en Fulton, puede contentarse con su versión resumida, que aparece en la resolución emitida hace poco por la PACE. Los actuales "violadores del pasado"no han inventado nada más original que seguir un camino trillado. No sea que alguien pida autorización para echar un vistazo a los archivos que pueden verter luz sobre los contactos que tenían Londres, Washington, París, Varsovia y Estocolmo en vísperas de la subida al poder de Mussolini e Hitler y en las épocas posteriores, incluidos los años de 1941-1945, fatales para los destinos de la Humanidad. Por algo los más informativos documentos siguen guardados en Occidente en archivos debajo de las siete llaves, para que nadie los vea.

- ¿No están de libre acceso hasta ahora?

- Nadie les ha quitado el velo del secretismo, ni promete hacerlo en un futuro previsible.

En cuanto a la "subyugación de otros pueblos" y el "telón de acero", la idea de desmarque de los intereses del "gran trío" en el mundo postbélico proveía de Winston Churchill. Él hasta calculó el porcentaje, provocando un disgusto en Roosevelt, pero Stalin aceptó gustosamente la oferta del primer ministro británico. Pero ello no era lo fundamental.

En la etapa final de la guerra, Moscú tenía otras preocupaciones. Había que levantar de ruinas al país, en vez de soñar con una expansión cuasi comunista. Es un hecho probado que los dirigentes soviéticos no pensaban ni en 1945 ni en 1946 en reproducir en Europa Central y del Este unos modelos de organización política, social y económica parecidos al estalinista.

Por supuesto, no debía haber cerca de la URSS los regímenes que la "odien a muerte". Hasta otoño de 1947 - primavera de 1948, al timón de Checoeslovaquia, Hungría y Rumania se encontraban unos Gobiernos dirigidos por líderes de partidos burgueses. En Polonia, el proceso de formación de un Gobierno de unidad nacional se complicaba, porque los ingleses, que ardían en deseos en introducir en el escalón supremo del poder a un agente del Servicio de Inteligencia, oponían trabas a ello. Tito no le preguntaba a Stalin cómo debía dirigir Yugoslavia. Bulgaria optó por seguir el camino trazado por Dimitrov sin consultarlo con nosotros.

Aparte estaba el problema de Alemania, lógicamente. ¿Qué es lo que proponía la Unión Soviética? Conservar su unidad, realizar elecciones libres a escala de todo el país, y partiendo de sus resultados formar un Gobierno nacional, después de lo cual concertar lo más rápido posible el tratado de paz con los alemanes y retirar todas las tropas extranjeras del territorio de Alemania. Claro está que se creía que los alemanes iban a elegir ellos mismos el régimen en que querían vivir. Moscú habría aceptado gustosamente la variante de Weimar.

¿Mas cómo reaccionaron a las propuestas soviéticas EE UU, Inglaterra y Francia? Para no atascarnos en los detalles, me limitaré a alegar la posición mantenida por Washington. El secretario de Estado de EE UU marcó un jalón diciendo: "No tenemos fundamentos para confiar en la voluntad democrática del pueblo alemán". Nada de elecciones libres, ni de concertar un tratado de paz (Moscú preveía que en la redacción del texto de éste tenía que participar la parte alemana) ni de retirar las tropas extranjeras de Alemania.

Parece algo raro que Churchill no se haya preocupado de aclarar la procedencia del cliché "telón de acero". En su "confección" tomó parte Goebbels, exhortando a los alemanes a oponer una resistencia hasta la tumba a la invasión rusa. Bajo la cobertura de ese "telón" los nazis intentaron en 1945 amalgamar un "frente de salvación de la civilización" contra las hordas rusas. Y si Churchill cavase más hondo, descubriría que por vez primera el término "telón de acero" se puso en uso en los países escandinavos, donde a comienzos de los años 1920 los obreros protestaban contra la aspiración de los gobernantes de protegerlos contra las "ideas herejes" que llegaban del Este.

Pero retornemos al tema de ¿por qué los círculos reaccionarios estadounidenses colocaron por delante a Churchill y qué vergüenza propia querían tapar de este modo?

La traición a los compromisos asumidos y los juramentos prestados siempre se han considerado un acto vergonzoso. Pero en nuestro caso concreto las cosas eran aún peor. El presidente Roosevelt, en su último mensaje dirigido al congreso (marzo de 1945) advertía que del cumplimiento honesto de lo acordado en Teherán y Yalta dependían los "destinos de Estados Unidos y del mundo entero por todas las generaciones venideras". "Los estadounidenses no podemos adoptar al respecto una decisión mediana. O vamos a asumir la responsabilidad por la cooperación internacional o vamos a cargar con la responsabilidad por un nuevo conflicto mundial", subrayaba Roosevelt.

Al cabo de un año de haber recibido esta advertencia más que clara de su antecesor, Garry Truman no tenía la seguridad de que la opinión pública mundial y la estadounidense acogiese con júbilo el fin de la coalición anti-Hitler. No existía unanimidad respecto a la eventual ruptura con la URSS ni en la propia Administración, ni en el generalato ni en el congreso. Voy a citar al general Clay, quien en 1946, siendo un vice del gobernador estadounidense de Alemania, informaba al Departamento de Estado: "A la parte soviética no se puede reprocharle el incumplimiento de lo convenido en Potsdam. Al contrario, los soviéticos lo están cumpliendo con la máxima minuciosidad, manifestando su sincera aspiración tanto a mantener relaciones de amistad con EE UU como el respeto a nuestro país". "Ni por un segundo creíamos en los planes de agresión de la URSS ni creemos en ello actualmente", decía Clay.

Truman necesitaba un apoyo para bendecir la doctrina Pax Aamericana, la de hegemonía estadounidense en los asuntos mundiales. A la par con la rusofobia que pasó la prueba de tiempo, al inquilino de la Casa Blanca lo atraía en Churchill su cinismo extraordinario, al que el ministro militar Steamson, del equipo de Roosevelt, caracterizó como "desenfreno de una escandalosidad que produce confusión". Desde el punto de vista de Truman, durante la guerra Churchill hizo más que cualquier otro político para dejar huera la cooperación de las potencias occidentales con la Unión Soviética, impedir la coordinación real de las operaciones entre las fuerzas armadas de tres Estados, hacer fracasar la apertura del Segundo Frente en 1942 y 1943 y con ello alargar la guerra, contemplando con olímpica tranquilidad cómo los alemanes y los rusos estaban desangrando los unos a los otros en los encarnizados combates. En este sentido, la concepción a que se atenía el primer ministro británico se hacía eco con la de Truman, quien en junio de 1941 profirió: Si los alemanes están a punto de ganar, se debe ayudar a los rusos, y si los rusos empiezan a imponerse, hay que ayudar a los alemanes, y que se maten mutuamente, cuanto más mejor.

La piedra de toque, que somete a prueba los méritos y los defectos de los políticos, es su conducta en situaciones críticas. Empezó la batalla del Volga. Se puso a la orden del día el problema de unirse a la guerra contra la URSS el Japón y Turquía, si Stalingrado cae. Estaba preparado para la firma un tratado de paz por separado con la Alemania nazi de parte de las "democracias", lo que confirma en sus memorias el entonces secretario de Estado, Hell. ¿Y Churchill? Éste ya en octubre de 1942, antes de que el Ejército Rojo pasara a la ofensiva, exigió "detener a los bárbaros rusos cuanto más lejos en el Este, mejor, para que ellos no amenacen a la Europa libre".

Cuando todavía no estaba concluida la batalla más pesada de la Segunda Guerra Mundial, la del Arco de Kursk, los jefes de los Estados Mayores de EE UU y Gran Bretaña, reunidos en agosto de 1943 en Quebec, debatieron lo conveniente de confabular con los generales nazis para "oponer resistencia juntos a los rusos", idea de lo cual les fue sugerida por Churchill. Éste se sintió preocupado al extremo cuando en la batalla de Kusk la Unión Soviética demostró su capacidad de poner de rodillas al Tercer Reich sola, sin la ayuda de nadie. A EE UU también le inquietaba tal desarrollo de acontecimientos, pero Roosevelt hacía conclusiones algo distintas: él quería que la bandera estadounidenses estuviese presente en el continente europeo, para poder compartir los frutos de la victoria con la Unión Soviética.

Se puede decir que aquello ya es Historia. Pero los pueblos habrían vivido mucho más tranquilamente en el período final de la guerra y después de su fin, si no se hubiera aplicado tal política. Lamentablemente,el antisovietismo y la rusofobia de Londres y una parte de los círculos estadounidenses no disminuyeron ni después de verse fracasados sus intentos de arrebatarle la iniciativa a Moscú en la etapa final de la guerra. En marzo de 1945 Churchill dio la orden de recoger las armas alemanas despojadas y almacenarlas para un eventual empleo contra la URSS. En aquella misma época él dio la orden de elaborar un plan de guerra contra la Unión Soviética, llamado "Lo increíble". Se preveía comenzarla el 1-ro de julio de 1945, con participación de 112 a 113 divisiones, incluida una docena de las de la Wehrmacht, que se entregaron a los ingleses y fueron trasladadas, sin disolverlas, a los campamentos de Schleswig-Holstein y la Dinamarca del Sur, donde las mantenían en estado de disposición combativa hasta primavera de 1946.

No es ningún secreto que Churchill se esforzó por atraer a la realización de "Lo increíble" a Truman, quien asumió la presidencia después de la muerte de Franklin Roosevelt (12 de abril de 1945). Sin embargo, ha quedado sin aclarar si existía vinculación entre los mencionados esfuerzos del primer ministro y la propuesta hecha por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien reunido el 23 de abril de 1945 con sus asesores políticos y militares, expuso la siguiente visión del momento presente y las próximas perspectivas: la Unión Soviética ya hizo su papel en el guión estadounidense de la etapa final de la guerra mundial; ya es hora de dar por concluida la coalición anti-Hitler; Estados Unidos hará capitular al Japón sin la ayuda de nadie. Si no fuera por el rechazo categórico con que lo acogieron los jefes militares de EE UU, "Lo increíble" de Churchill podía adquirir rasgos de algo muy real, y hasta con acento nuclear, probablemente.

La ruptura con la Unión Soviética fue pospuesta por unos meses, pero pese a ello Washington y Londres organizaron el 7 de mayo de 1945 una capitulación por separado de los altos mandos alemanes frente al Estado Mayor de Eisenhower en Reims. Los ingleses y los estadounidenses sabían perfectamente que el almirante Dönitz, sucesor de Hitler en el puesto de Reichskanzler, y el general Keitel dirigían a sus emisarios a Reims, dándoles la directriz de que las operaciones de combate cesaran contra EE UU y Gran Bretaña, "sin que dejen de realizarse operaciones en tierra firme y mar con el fin de conseguir la ruptura de contacto con el adversario en el Este". No, no se trataba de que los generales nazis se preocupasen de salvar a su oficiales y soldados del cautiverio soviético. Se trataba de concentrar reservas para el cumplimiento del plan "Lo increíble".

O sea que la filosofía de la "guerra fría" maduraba bajo el acompañamiento del fragor de los combates de la segunda guerra mundial. Se puede hacer constar que Washington pretendía en serio capitalizar su colosal superioridad económica, unida a la potencia nuclear adquirida, para convertir en "siglo americano" lo que quedaba del XX. Tal intención engendró a un mutante: ya en primavera de 1945 la política degeneró en una continuación de la guerra, pero con otros recursos.

En la década del 80 pude intercambiar opiniones con el autor del famoso "cablegrama largo", George Kennan. "Con la misiva telegráfica de 8 mil palabras, redactada por usted, algunos vinculan el viraje dado en la política de EE UU hacia el comienzo de la guerra fría", dije yo.

- ¿Era Kennan embajador en Rusia en aquel momento?

- No, era encargado interino de asuntos de EE UU en Moscú. Kennan replicó a mis palabras que no fue él quien atrajo la "guerra fría". En el cablegrama se trataba de crear para la URSS dificultades económicas, políticas y psicológicas para que el sistema soviético empezara a fallar y se viera obligado a dedicarse a la "autodepuración". El "cablegrama largo" se hacía eco con los guiones que se estudiaban en la Administración estadounidense antes y después de la muerte de Roosevelt. En este contexto Kennan mencionó a George Grew.

Yo había perdido de vista hasta aquel momento a ese amigo cercano de Roosevelt, el cual en 1945 se desempeñaba como asesor del secretario de Estado de EE UU. El 19 de mayo de 1945 Grew le mandó a Truman un memorándum: "Si en el mundo existe algo inevitable, será la guerra entre EE UU y la Unión Soviética", leemos en ese documento.

- ¿Lo escribió Grew?

- Si, fue él. "Sería mucho mejor que el choque se produjera antes de Rusia se vea capaz de reconstruir y desarrollar su inmenso poderío militar, económico y territorial". Y mientras tanto, hace falta "recrudecer en todos los derroteros la política que EE UU aplica con respecto a la URSS", recomendaba Grew.

En esencia, precisamente sobre la base ideológica recogida en el memorándum de Grew empezaron a desmontar el legado político que dejó Roosevelt, incluido el cumplimiento de los compromisos asumidos por EE UU en Teherán y Yalta. Paralelamente, a plena marcha se fue desarrollando la nueva doctrina militar de EE UU, estimulada por la feliz prueba del arma nuclear que se realizó en el Estado de Nevada y fue definida con júbilo por Truman como "tarjeta de presentación de EE UU desde ahora y por siempre".

La Conferencia de Potsdam se inauguró el 17 de julio de 1945, y el 19 de julio el comité de los jefes de los Estados Mayores concluyó la elaboración del proyecto JCS-1496, que cambiaba radicalmente la política militar de EE UU. Su leitmotiv desde ahora era: los golpes preventivos asestados contra el potencial adversario son la mejor defensa. Además, se proclamaba la prerrogativa de Estados Unidos lo de determinar quién era el "potencial adversario", qué amenaza partía de él y cómo se podía neutralizarla.

- ¿Precisamente esa doctrina debería considerarse como comienzo de la "guerra fría"?

- No del todo. El deslizamiento hacia la "guerra fría", igual que el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, no eran un acto momentáneo. Quiero repetir que ya el 23 de abril de 1945 Truman estaba dispuesto a pasar la URSS de la categoría de aliados a la de adversarios potenciales de EE UU. Existe otro hecho que no se conoce ampliamente. Durante la Conferencia de Potsdam los políticos intentaron imponerse a los generales para excluir la participación de la Unión Soviética en la guerra contra el Japón, pues ardían en deseos de revisar lo convenido en Yalta respecto a los cambios que tenían que operarse en la región del Pacífico después de la guerra.

Washington, en particular, tenía sus planes con respecto a las islas Kuriles. Se intentó ponerse en contacto con Chang Kai-Chek, para persuadirlo no reconocer a Mongolia como Estado independiente. La parte soviética supo hacer fracasar esa maniobra de Washington.

En la noche del 8 al 9 de agosto, el Ejercito Rojo forzó el río Amur y entró en combate con el Ejército de KuangTung, de un millón de efectivos, en Manchuria. Podía parecer que los ánimos de aliados volvían a imponerse. Hasta la capitulación del Japón quedaban tres semanas y media. Pero en la tercera década de agosto surgió "El mapa estratégico de ciertas regiones industriales de Rusia y Manchuria", confeccionado con participación de altos mandos de EE UU. Allí figuraban 15 ciudades soviéticas, con blancos marcados que había que destruir en primer lugar, y cálculos - partiendo de la experiencia adquirida en Hiroshima y Nagasaki - de cuántas cargas nucleares se necesitarían para hacerlo. El nombre "mapa" era más que convencional. Se trataba de un plan de desplegar la fabricación y almacenamiento de bombas atómicas destinadas para agredir a la URSS. En este contexto se hacía obvio que el Japón sólo había servido de un polígono de pruebas, efectuadas en vísperas de un ataque contra la URSS, que ya se planificaba.

Empezó el carrusel militarista. En septiembre y octubre de 1945 se tomaron decisiones que orientaban a las Fuerzas Armadas de EE UU a "ser las primeras en asestar un golpe contra la fuente de que parta el peligro de agresión", haciendo hincapié en el factor sorpresa "como la única garantía del éxito" y en el carácter "paralizador" de tal golpe.

En noviembre, EE UU hace otro "estudio" en que se mencionan 20 ciudades soviéticas como eventuales blancos del bombardeo atómico. Se supone que el primer golpe se tiene que asestar "descubriendo los indicios de que el adversario en el proceso de su desarrollo industrial y científico va adquiriendo la capacidad de atacar a Estados Unidos o de resistir ante un ataque estadounidense".

Un grupo de militares encabezado por Eisenhower estaba elaborando el plan "Totality", el de una guerra global contra la Unión Soviética, orientada a liquidar el Estado ruso. En aquel mismo período, a finales de 1945, empezó a practicarse sistemáticamente el reconocimiento aéreo del territorio soviético por EE UU. En un comienzo los aparatos penetraban en el espacio aéreo nuestro, incluida la provincia de Moscú, sin llevar marcas de identificación, luego durante un tiempo volaban bajo la bandera británica. Cincuenta años más tarde, el jefe de aquel levantamiento aéreo reconocería que sin esa flagrante infracción del Derecho Internacional los planes estadounidenses de librar guerra contra la URSS no valdrían ni el papel en que estaban escritos. A la pregunta: ¿hacía lo propio la URSS sobre el territorio de EE UU?, el general respondió con un conciso "No".

En este ambiente, en diciembre de 1945 en Moscú se desarrolló la reunión de ministros de Exteriores de cuatro países. En su marco el secretario de Estado de EE UU, Beerns, tuvo una prolongada conversación con Stalin. Al regresar a su país, Beerns hizo un llamamiento a los compatriotas el 30 de diciembre. Tras las conversaciones sostenidas en Moscú estoy más convencido que nunca que es posible lograr una paz basada en la justicia y la sabiduría, dijo.

El 5 de enero de 1946 lo citó Truman. Las componendas no nos hacen falta, tenemos nuestros propósitos y hemos de aplicar con firmeza la línea orientada a conseguir Pax Americana, subrayó Truman. Precisamente el 5 de enero de 1946 es la fecha, aunque convencional, de proclamación de la "guerra fría". No sería de sobra añadir cómo interpretaba a ésta el propio Truman. La "guerra fría" es una guerra de verdad, pero se libra empleando recursos distintos, decía.

- Surge una lógica pregunta: ¿realmente presentaba la URSS en aquel entonces una amenaza para el "mundo democrático"? ¿O era una amenaza inventada para justificar la carrera armamentista nuclear?

- Propongo debatirlo la vez que viene.

- De acuerdo.

El presente material se edita en Rebanadas de Realidad por gentileza de Yuri Nikolaev, Director de la Agencia de Información de Rusia RIA Novosti, en Argentina. Web / Correo
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