Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIONES
Ahora sí que puedo contar toda la verdad (Iº Parte)
Por Yuri Plutenko

Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, Moscú, 12/05/07.- El pasado 28 de abril se cumplieron 100 años del nacimiento de Zoia Voskresenskaia-Ríbkina. Muchos la conocen ahora como escritora infantil pero muy pocos saben que durante un cuarto de siglo fue agente del servicio de inteligencia exterior. Sus partes de excepcional importancia estratégica entraban en los despachos de máximos dirigentes del país. La geografía de sus actividades de agente abarcaba China, Alemania, Austria, Finlandia, Suecia. La tirada total de los libros que ha escrito es más de veinte millones.

Sus condecoraciones hablan por sí mismas: la Orden de Lenin, la de la Revolución de Octubre, de la Bandera Roja del Trabajo, de la Guerra Patria, dos Órdenes de la Estrella Roja y numerosas medallas. Uno puede pensar que era fácil prestar este servicio y ser promovido a coronel del servicio de inteligencia.

He aquí un hecho señalado. Se rumoraba que cuando a Voskresenskaia se la recomendaba para concederle una Orden de Lenin, Beria dijo: "¿Para qué diablos vamos a condecorar a la mujer con la máxima condecoración soviética?"

Zoia Voskresenskaia nació el 28 de abril en la estación Uzlovaia, municipio de Bocharovo, gobierno de Tula. A la edad de catorce años empezó su vida laboral: trabajó de bibliotecaria y copiante en el estado mayor de las unidades especiales del Cheka, comisaria política en un centro correccional de menores y trabajadora del departamento de transporte del Ministerio del Interior. La admiten en el Partido Comunista y contratan para trabajar en los órganos de seguridad. En Moscú Zoia hace prácticas especiales vinculadas con las actividades de agente: santos y señas, escondites, vigilancia, etc. En agosto de 1929 se hace agente del servicio de inteligencia externa. Ya en calidad de agente de inteligencia Zoia Voskresenskaia es mandada a cumplir su primera misión en Harbin, China, adonde llega como secretaria de la empresa petrolera soviética "Soyuzneft". El primer viaje al exterior tuvo éxito. Durante dos años Zoia cumplió misiones asignadas por el Centro en una época caracterizada por reñidas pugnas en el Ferrocarril Oriental Chino.

Después de volver a Moscú, a Zoia Voskresenskaia la envían a Berlín y Viena para aprender el idioma y acostumbrarse a las condiciones especiales de la vida en Europa para luego realizar actividades ilegales. Le enseñaron el dialecto y reglas de urbanidad.

A comienzos de 1935 Zoia Voskresenskaia fue enviada a Finlandia como jefa adjunta de la red de agentes secretos. En Helsinki recababa información expeditiva sobre planes de la Alemania nazi. Trabajó con éxito en Finlandia cuatro años. Allí en 1936 se casó con el legendario agente de inteligencia soviético Borís Ribkin. En Finlandia ella representa la empresa "Intourist" y es vicejefe de estación, mientras que su elegido era conocido como cónsul Yártsev. La sede del Servicio de Inteligencia les bendijo el matrimonio mediante un mensaje criptografiado.

Después de regresar de Helsinki, Zoia Voskresenskaia-Ríbkina se hace funcionaria del aparato central del servicio de inteligencia externa, y a comienzo de 1941 la promueven al cargo de vicejefe del departamento alemán. Fue justamente ella quien trabajó con los mensajes sobre la invasión enviados por nuestros valiosos agentes en Berlín "Alférez" y "Corso" (que formaban parte de la famosa "Orquesta Roja") quienes informaban sobre los planes de Alemania de agredir a la URSS. Zoia Voskresenskaia se hizo una de las principales analistas en el servicio de inteligencia.

En abril de 1941, Arvid Harnak ("El Corso"), quien era funcionario del Ministerio de Economía del Reich nazi y uno de los dirigentes de la "Orquesta Roja", informaba al Centro, citando a unos allegados de Rosenberg: "La cuestión del ataque armado contra la URSS está decidida".

Otro agente valioso, el teniente primero del Ejército Alemán, Harro Schulze-Boisen ("El Alférez"), era sobrino del gran almirante Tirpiz y funcionario del Ministerio de Aviación y del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas de Alemania. Ese mismo mes comunicó lo siguiente: "La cuestión de la agresión de Alemania a la Unión Soviética está decidida definitivamente. Su comienzo debe esperarse en los próximos tiempos". Zoia Voskresenskaia presentó a sus superiores una memoria relativa a los planes bélicos del mando alemán. El 17 de junio de 1941, el jefe del servicio de inteligencia, Pável Fitin, firmó este parte y presentó a Stalin.

"Nuestra memoria -, recordaba en aquel período Zoia Voskresenskaia -, resultó bastante voluminoso, mientras que el resumen era breve y conciso: estamos a las puertas de una guerra. Todas las actividades militares que Alemania realizaba con vistas a invadir a la URSS están totalmente concluidas, y de un momento a otro puede esperarse un ataque".

El servicio de inteligencia informaba sobre la amenaza de guerra ya desde noviembre de 1940. En aquellos momentos Zoia Voskresenskaia formó un expediente en que se recogían datos importantes sobre la amenaza bélica alemana. El análisis de datos recogidos lo hacía junto con Pável Zhuravliov, jefe del departamento alemán de nuestro servicio de inteligencia.

La cartera que Zoia Voskresenskaia y Zhuravliov reunieron contenía documentos que infundían alarma.

"Estos materiales, indicaba Pável Sudoplátov, nos ayudaban a seguir el desarrollo de los acontecimientos e informar a los dirigentes soviéticos sobre las tendencias básicas de la política militar alemana. Los materiales del expediente arriba mencionado a veces se ponían en conocimiento de Stalin y Molotov".

Poco antes del comienzo de la Gran Guerra Patria, en mayo de 1941, el embajador de Alemania en la URSS, el conde von Schulenburg dio una recepción oficial en la embajada. Hacia aquel momento Schulenburg ya sabía que Alemania agrediría a la URSS porque acababa de regresar de Berlín donde el Führer le había dado audiencia. Schulenburg era adversario fervoroso de la invasión contra la Unión Soviética. Después de que le presentó a Hitler su informe sobre la situación en la URSS, el Führer le dijo sobre el Plan Barbarossa. El embajador intentó disuadir a Hitler de hacerlo, demostrando que los rusos no quieren una guerra con los alemanes pero éste sólo le ordenó regresar a Moscú y preparar la misión diplomática para el cierre.

Durante aquella memorable recepción Schulenburg se fijó en una mujer vistosa y decidió invitarla a bailar. Esta mujer bonita era precisamente Zoia Voskresenskaia. La danza era poco común: valseando, pasaron de una sala a otra. Era claro que el embajador alemán quería mostrarle a su acompañante lo que pasaba en la embajada. Zoia se dio cuenta de que la embajada se disponía a evacuarse: en el centro de las salas y despachos estaban reunidos maletas, cajas, sacos. Los armarios estaban vacíos, sin libros ni jarrones. Hasta en las paredes se veían manchas rectangulares: se habían sacado los lienzos que estaban allí desde hacía muchos años. Además, notó que el personal de la embajada estaba reducido al mínimo, hecho que confirmaba una vez más que la información que poseía el servicio de inteligencia. Un par de horas después informó de todo lo que había visto a sus jefes quienes, a su vez, informaron a Stalin.

En 1944, el ex embajador de Alemania en la URSS fue ejecutado por los nazis por haber participado en la operación encabezada por el coronel von Stauffenberg (atentado contra Hitler).

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI
El presente material se edita en Rebanadas de Realidad por gentileza de Yuri Nikolaev, Director de la Agencia de Información de Rusia RIA Novosti, en Argentina. Web / Correo
Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones