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El mundo árabe recela de las recetas democráticas de Bush
Por María Appakova, RIA Novosti

Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, 15/01/08.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, durante su reciente visita a Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), afirmó que Irán y Al Qaeda son los principales obstáculos que impiden a Oriente Próximo emprender la senda hacia la libertad y la democracia, porque patrocinan y encarnan el terrorismo mundial y amenazan la estabilidad regional.

Por los visto, esas afirmaciones será la tesis política central que expondrá el mandatario estadounidense durante su gira por países del Golfo Pérsico, que de paso, ponen en evidencia los planes de EEUU de crear una coalición anti-iraní con la mayoría de los Estados árabes de esa región.

Sin embargo, es poco probable que esa propuesta sea aceptada por los Estados árabes a pesar de que Bush les prometerá toda clase de ayuda comenzando por la cooperación en asuntos de seguridad, asistencia económica y el desarrollo de programas sociales.

Simultáneamente al discurso de Bush en Abu Dhabi, el ministerio de Asuntos Exteriores de Irán entregó a los embajadores de los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo Pérsico (CCEAGP) acreditados en Teherán, un mensaje del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, con una invitación a ampliar la cooperación en todos los frentes.

Recordamos que el pasado mes de diciembre, por primera vez, Ahmadineyad participó en una cumbre de la CCEAGP donde propuso crear una organización de seguridad en el Golfo Pérsico y se manifestó a favor de intensificar las relaciones económicas y culturales entre Irán y todos los países del área.

Ahora, Ahmadineyad ha insistido en que mantiene en vigor sus propuestas, esta vez, de cara a la gira emprendida por Bush.

Las propuestas de cooperación en asuntos de seguridad formuladas simultáneas por Bush y Ahmadineyad pueden ser interesantes para los líderes de la región si no hubiera la sospecha de que Washington y Teherán sencillamente están consolidando sus respectivas posiciones a costa de los países del Golfo Pérsico.

Sobre todo, cuando esos países no quieren verse en la situación de tener que hacer una elección categórica entre EEUU o Irán.

Para los países del Golfo Pérsico EEUU es un aliado y socio económico importante, mientras que Irán es un antiguo adversario.

No obstante, esto no quiere decir que los gobiernos de esos países rechacen cualquier posibilidad para mantener relaciones estables y amistosas con Irán, sobre todo cuando la mayoría de su población siente más simpatía por Teherán que por Washington.

Por esta razón, la tarea primordial de la élite dirigente de esos países radica en mantener una postura de equilibrio.

A pesar de la severa retórica que algunas capitales de la zona pronuncian contra Teherán, los gobiernos de los países del Golfo Pérsico comprenden que sus relaciones con Irán son clave para la estabilidad en esa zona, independientemente de los problemas a nivel internacional planteados en la mesa de negociaciones.

Mientras que Teherán no provoque un conflicto directo, los Estados árabes no apostarán por la confrontación contra Irán.

Las conjeturas de EEUU de que esto puede ocurrir son poco probables porque los iraníes son lo suficientemente cuerdos para evitar que los acontecimientos se desarrollen de una forma desfavorable para ellos.

Por esta razón, los argumentos de Bush difícilmente podrán convencer a los líderes del Golfo sobre la urgencia de crear una coalición efectiva y seria contra Irán.

En lo que respecta a la opinión pública de los países del Golfo Pérsico, los planteamientos de Bush no tendrán ningún efecto.

Independientemente de su actitud hacia los iraníes y la política exterior de Teherán, la población árabe recela y desconfía de Washington, y la gira y el discurso del presidente estadounidense en Abu Dhabi sólo empeoró la situación.

A la población árabe le cuesta comprender los planteamientos sobre lo buena que es la democracia, los derechos del hombre y la supremacía de la ley en boca de una figura política con responsabilidades sobre la violencia en Irak, las violaciones de los derechos humanos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y Guantánamo.

Muchos consideraron de hipócritas los halagos que hizo Bush a los comicios que tuvieron lugar en algunos de esos países.

Si mencionar las manipulaciones e irregularidades, Bush se refirió a las elecciones en Arabia Saudita, Jordania, Marruecos, Bahrain, Yemen y hasta incluso la aspiración del pueblo palestino hacia la democracia y la paz con la elección de Mahmud Abbas como jefe de la Administración Palestina.

No obstante, con mucha cautela, Bush evitó el tema de los comicios legislativos palestinos en 2006 en los que salió vencedor el movimiento Hamas.

Esos comicios transcurrieron de acuerdo a todas las normas democráticas internacionales, pero sus resultados no fueron del agrado de EEUU.

El bloqueo impuesto a los palestinos tras esos comicios ha sido el ejemplo de democracia más palpable que han visto los árabes, mucho más elocuente que cualquiera de los discursos que pueda pronunciar Bush.

Tras exhortar a todos los pueblos de Oriente Próximo a ejercer su voluntad en las urnas, el presidente estadounidense no está preparado para reconocer la elección que puedan hacer esos pueblos.

En la mayoría de estos países, la oposición no está representada por liberales pro occidentales sino por líderes islamistas calificados por Bush como enemigos de la democracia y la paz.

Con un apoyo considerable entre el electorado, precisamente esos líderes son los que piden la realización de comicios limpios y transparentes. Pero el presidente estadounidense prefiere ver únicamente lo que le conviene y por esa razón, divide al mundo entre los partidarios de su concepción de democracia y extremistas.

En Oriente Próximo saben que el presidente Bush no conoce esa región y tampoco comprende las particularidades y mentalidad de sus habitantes. Los líderes árabes, que necesitan del apoyo de Washington, también son concientes de ello y comprenden las consecuencias que puede tener la política estadounidense en la zona.

Por estas razones, es poco probable que el discurso del presidente estadounidense tenga acogida en la sociedad árabe, a pesar de la necesidad de transformaciones y de apoyo exterior. La población de esta región necesita democracia y reformas y no la confrontación.

Porque aquí además de la confrontación contra Irán, también se pone en juego y se cuestionan determinadas líneas divisorias que pasan por el mundo árabe y en cada país en concreto.

Y los árabes consideran que la visita de Bush por Oriente Próximo únicamente agudiza esas divisiones.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

El presente material se edita en Rebanadas de Realidad por gentileza de Yuri Nikolaev, Director de la Agencia de Información de Rusia RIA Novosti, en Argentina. Web / Correo
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