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OPINIONES
Ehud Olmert, inocente
Por María Appákova, para RIA Novosti

Rebanadas de Realidad - RIA Novosti, 05/02/08.- Más de un año duró la investigación oficial de la actuación de los máximos dirigentes israelíes durante la guerra con el Líbano (verano de 2006). El miércoles pasado, la comisión encabezada por el ex juez Eliahu Vinograd hizo público el tan esperado informe que, sin embargo, no aclara quiénes son los culpables de los reveses sufridos por el Ejército israelí.

Los israelíes culpaban ante todo al Jefe del Estado Mayor General, Dan Halutz, al ministro de Defensa, Amir Peretz, quien a la sazón lideraba también el partido Avoda, así como, desde luego, al primer ministro Ehud Olmert. Los primeros dos ya dimitieron. Los adversarios políticos en reiteradas ocasiones le sugerían a Olmert que presentara la dimisión también. El informe de la comisión presidida por Vinograd debería servir de motivo oficial para este paso.

La comisión no dio respuestas precisas a estos interrogantes fundamentales: ¿Quién tiene la culpa de que el más fuerte Ejército no estaba preparado para la guerra? ¿Por qué el movimiento libanés Hezbollah bombardeaba impunemente zonas norteñas de Israel? ¿Por qué en los últimos días de la campaña militar, cuando era evidente que no se tardaría en llegar a un acuerdo sobre el cese del fuego y el Consejo de Seguridad de la ONU adoptaría la correspondiente resolución, los dirigentes israelíes emprendieron operación terrestre (en la que murieron unos 30 soldados israelíes, casi un tercio de las bajas sufridas durante toda la guerra).

La comisión no mencionó un solo nombre, limitándose a decir que los mandos políticos y militares cometieron serios errores, achacando la responsabilidad no sólo a quienes gobernaron el país durante la guerra sino también a sus predecesores. Para Israel cuya élite política es bastante reducida, esta conclusión significa que la culpa recae prácticamente sobre todos.

El informe está redactado de manera que cada uno pueda interpretarlo cómo le parezca. No en vano Olmert y sus allegados se muestran satisfechos con el documento, mientras sus oponentes lo interpretan como motivo para la destitución del gabinete.

De un lado, los miembros de la comisión afirman que Israel no ganó la guerra, que fueron cometidos crasos errores y la operación terrestre resultó ser ineficaz. De otro, los autores del informe sostienen que los máximos dirigentes adoptaban decisiones en interés de Israel, rigiéndose por los datos de que disponían. Vinograd califica de "prácticamente inevitable" y "fundamentada" la operación terrestre. La nación no estaba preparada para la guerra. Ello no obstante, pese a los errores cometidos, Israel alcanzó algunos éxitos, incluyendo en el ámbito diplomático.

Al propio tiempo, las apreciaciones de la comisión no pueden calificarse de contradictorias, pues reflejan perfectamente la realidad. De veras, los resultados de la guerra se prestan a valoraciones dispares: no hubo victoria ni derrota. Pero los medios sociales no necesitan debates politológicos, sino que quieren que se mencione a los culpables. Para la sociedad, la dimisión de Olmert podría significar que la época de fracasos se terminó y los culpables están castigados. Y de estos ánimos se vale hábilmente la oposición.

El partido Likud encabezado por Benjamín Netanyahu exigió la dimisión de Olmert tras la intervención de Vinograd. Las opciones son dos: ora el primer ministro dimite voluntariamente ora se desmorona la coalición gubernamental. Pero otros miembros de la coalición, los partidos Shas y Avoda, no se decidieron a romper la alianza con el partido Kadima, encabezado por Olmert. De todas formas, el líder de Avoda, Ehud Barak, bien podría cambiar de opinión. Todavía antes de ser elegido para este cargo, prometió retirarse del Gobierno inmediatamente después de ser publicado el informe de Vinograd. Por mucho que quisiera mantener la cartera del ministro de Defensa, aún menos deseable sería perder la confianza de los electores de cara a las muy probables elecciones parlamentarias anticipadas. La dimisión voluntaria de Olmert sería una variante óptima para Barak, pero el primer ministro no se apresura a abandonar su cargo. También Barak podría olvidar su promesa, con tanta más razón que el informe no contiene un veredicto inequívoco sobre la culpabilidad de Olmert.

Pero el problema no se limita a carteras ministeriales. De cómo evolucione la situación política en Israel depende la suerte de las negociaciones palestino-israelíes.

Recordemos que el presidente Bush prometió lograr hacia finales de este año la creación del Estado palestino y la suscripción de un tratado de paz entre éste e Israel. Olmert se muestra dispuesto a hacerlo, consciente de que la paz supone serias concesiones. Por algo varios políticos israelíes de izquierda que abogan por las negociaciones con los palestinos, pese a haber sido sometidos a una rígida crítica por parte de Olmert durante y después de la campaña libanesa, ahora consideran indeseable su dimisión. En opinión de ellos, los errores del pasado no deben extinguir las esperanzas de paz. El problema estriba en que las fórmulas de compromiso que acepten los palestinos (ante todo, las relativas al estatuto jurídico de Jerusalén) podrían hacer tambalear al gobierno de Olmert. Por ejemplo, el partido Shas amenaza con retirarse de la coalición, si el primer ministro acepta dividir Jerusalén. Ello no obstante, en vísperas de la publicación del informe de Vinograd, el líder religioso de Shas, Ovadia Josef, telefoneó al jefe del gabinete para expresarle su apoyo. Los medios de comunicación israelíes opinan que a cambio el primer ministro le prometió a Shas aplazar el examen, en las negociaciones con los palestinos, del tema que preocupa tanto a este partido político y a la mayoría de los palestinos. ¿Pero cómo piensa lograrlo? La redacción de la agenda no es facultad privativa de Olmert.

De modo que incluso si Olmert logra mantenerse en su sillón tras el ataque al gabinete provocado por informe de Vinograd, este ataque no será el último. Durante el proceso negociador palestino-israelí inevitablemente enfrentará la amenaza de desmoronamiento de la coalición. ¿Qué objetivos realmente pretenden lograr los israelíes? ¿Se fían de Ehud Olmert? ¿De veras necesitan la paz de manos de un político con quien relacionan los sucesos más trágicos de los últimos años? ¿Qué precio están dispuestos a pagar por la paz?

Mientras Hezbollah, entusiasmado por el informe de Vinograd, enuncia a los cuatro vientos la derrota militar de Israel, mientras los palestinos no cesan los bombardeos del territorio israelí desde la franja de Gaza, los israelíes difícilmente aceptarán alguna fórmula de compromiso. Aunque Israel no ganó la guerra en 2006, pero ¿qué ganaron Hezbollah, los palestinos y los demás? Con toda seguridad se puede afirmar que no ganaron la paz.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

El presente material se edita en Rebanadas de Realidad por gentileza de Yuri Nikolaev, Director de la Agencia de Información de Rusia RIA Novosti, en Argentina. Web / Correo