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Esperanzas truncadas (Parte III)

Por Miguel Ángel Albizures (*)

Artículos de Miguel Ángel Albizures editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Guatemala, 02/11/08.- Con el ánimo de extirpar el "virus del comunismo", según ellos inyectado a los millares de campesinos y obreros, inmediatamente después de la contrarrevolución constituyeron el Comité de Defensa Contra el Comunismo, que persiguió a la dirigencia de los partidos políticos y las organizaciones sociales. La Confederación General de Trabajadores de Guatemala, (CGTG), la Confederación Nacional Campesina (CNC), el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala (STEG), el Sindicato de Acción y Mejoramiento Ferrocarrilero (SAMF), el Sindicato de la United Fruit Company y las principales federaciones, fueron disueltas violentamente "por ser integrantes activos del comunismo", según reza el decreto 48, del 10 de agosto de 1954.

La ley de los monopolios y transnacionales, a quienes la Revolución puso en cintura, empezó a regir en el país en 1954 como fruto de la contrarrevolución. A la frutera le fueron devueltas las tierras afectadas con la reforma agraria, (aunque unos dinosaurios de la época digan lo contrario), se tasajeó el Código de Trabajo promulgado el Primero de Mayo de 1947, se eliminó el derecho de sindicalización y huelga de los trabajadores del Estado, los salarios fueron reducidos, se produjeron millares de despidos, el sindicalismo se debilitó de golpe y más de cinco mil personas murieron a manos de los grupos paramilitares afines a quienes asumieron el poder. Estos mismos grupos fueron los que, a lo largo de varias décadas, siguieron activando en contra de todo aquél que propugnara por el cambio del sistema.

La simple comparación de la composición del movimiento sindical y campesino antes de la contrarrevolución y su situación en 1961, nos demuestra los estragos ocasionados por el anticomunismo que actuó con la bendición de la iglesia católica, aliada importante del Movimiento de Liberación Nacional y de la tropa invasora, financiada y dirigida por los agentes norteamericanos.

El Congreso Unitario de la CGTC y la CNC, realizado en Octubre de 1951, arrojó la participación de 2,000 delegados de más de 400 organizaciones. Para 1952 la Confederación Nacional Campesina (CNC) decía tener 215 mil afiliados y, en 1953, la CGTG tenía 104 mil miembros. Mientras que en 1961 las estadísticas oficiales nos presentan un panorama desolador en el que existen únicamente 50 sindicatos, de los cuales 9 son organizaciones campesinas y el resto urbanas que apenas llegaban a 23,985 afiliados, según leemos en el libro de Mario López Larrave, "Breve Historia del Movimiento Sindical".

En síntesis, los últimos seis años de la década de los cincuenta y la década de los sesenta, están marcados por los acontecimientos poscontrarrevolucionarios: La constante convulsión social en los dos años anteriores, 58 y 59, y la intervención del Estado a favor de los patronos; el levantamiento de los cadetes el 2 de agosto del 54 contra el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y por la dignidad nacional; el asesinato del Coronel Carlos Castillo Armas y las elecciones fraudulentas; la rebaja de salarios de los trabajadores, especialmente del campesino en un 50%, según cuenta Fernando González Davison, en su libro "Guatemala 1500-1970, Reflexiones sobre su Desarrollo Histórico"; así como el aumento de precios de los productos y los constantes despidos; la debilidad del movimiento sindical, al haber sido disueltas múltiples organizaciones; las constantes huelgas de los ferrocarrileros, del IGSS y del magisterio; la psicosis anticomunista, que afecta el desarrollo del movimiento sindical, popular y democrático; el triunfo de la Revolución Cubana, que reafirma la lucha por la recuperación de las conquistas y el levantamiento del 13 de noviembre de 1960, que trae consigo el aparecimiento y accionar de las organizaciones guerrilleras.

Con estos hechos y justa razón podemos decir hoy que, con la contrarrevolución, Estados Unidos y los traidores del ejército de Guatemala truncaron las esperanzas del pueblo de lograr un país democrático, lo que llevó a que, de una u otra forma, los militares detentaran el poder desde 1954 hasta 1986, tiempo durante el cual reprimieron cualquier movimiento democrático y de protesta de la población, aplicando políticas genocidas. A pesar de haber hecho una transición a gobiernos civiles, los militares trazaron su estrategia de mantenerse a la sombra, pero influenciar en las decisiones políticas y mantener sus prerrogativas y control sobre la política nacional, es decir, entregar el gobierno sin perder el poder real, aspectos que levemente empiezan a cambiar con la reducción de los efectivos militares, pero sigue haciendo falta la posición firme de los gobiernos civiles.

(*) Periodista guatemalteco; miembro de la Asociación de Periodistas; trabaja en la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Guatemala, (FANDEGUA); columnista del diario El Periódico y ex Secretario General de la Central Nacional de Trabajares (CNT).