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OPINIÓN - GUATEMALA

No condeno a Portillo

Quien se sumerje en el estiércol, embarrado sale.
Por Miguel Ángel Albizures (*)

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Rebanadas de Realidad - Ciudad de Guatemala, 28/01/10.- No soy nadie para condenar a un hombre que pasó por la Presidencia de la República y son los tribunales los que tienen, al final de cuentas, que dar su veredicto de acuerdo a las pruebas que recaben. Los medios de comunicación, más que los periodistas en particular, y dependiendo en qué manos estén, están acostumbrados no sólo a ver rodar cabezas, sino a cortarlas de un tajo cuando los personajes no son santos de su devoción. Nadie puede negar que el ex Presidente se echó encima al poder económico y aún cuando haya sido con un discurso demagógico, porque cambios profundos no se realizaron en su Gobierno, se ganó enemigos que no perdonan.

En ningún momento fui partidario de Portillo y critiqué su Gobierno y a quienes ciegamente le siguieron o se deslumbraron con el poder y fueron comparsas de él, pues sus vaivenes de un partido a otro y su caída en los brazos de Ríos Montt, eran imperdonables. Su discurso podría haber sido suscrito por muchos, pero los hechos demostraban todo lo contrario y la demagogia le brotaba por los poros. Su discurso de izquierda lo borraba con la derecha, sólo hay que revisar el tipo de funcionarios que tenía en determinados puestos para comprobar los hechos: Ortega Menaldo, los hermanos Salán Sánchez, Napoleón Rojas, Arévalo Lacs y otros acostumbrados a ser impunes y a desfalcar al Estado, pues quien se sumerge en el estiércol, embarrado sale, y más aún si padece de serias debilidades éticas y morales que permiten surtan efecto los bombazos millonarios o las amenazas que no faltaron. Estados Unidos puede llenarse la boca y pedir la cabeza de Portillo para trasquilarlo, pero nadie puede negar los monstruos que Estados Unidos crió y mantuvo a lo largo y ancho de América Latina y que muchos han buscado refugio en su país porque es en donde se sienten más tranquilos.

El precedente de la detención de Portillo, es uno de los más importantes en toda la historia del país, pues ni la detención de Manuel Estrada Cabrera cuando la insurrección de 1920, sirvió de ejemplo para evitar la presencia de los déspotas en el poder, por el contrario se reprodujeron como los hongos, ensangrentaron al país, regalaron o se adueñaron de sus recursos y desplumaron al Estado sin que la justicia se hiciera presente. El camino a seguir, es la persecución penal de todos aquellos que se han enriquecido a la sombra del Estado para que, quienes hoy ocupan puestos importantes o menores, sepan que la justicia, con pasos de tortuga empezó a caminar, y que no permitirá los abusos de poder ni mucho menos los crímenes del pasado y del presente.

(*) Periodista guatemalteco; miembro de la Asociación de Periodistas; trabaja en la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Guatemala, (FANDEGUA); columnista del diario El Periódico y ex Secretario General de la Central Nacional de Trabajares (CNT).