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Los rostros bellos de la iglesia (Parte 1)

Ningún ser estudioso de la historia…
Por Juan Almendares (*)

Artículos de Juan Almendares editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Tegucigalpa, 23/01/11.- Ningún ser estudioso de la historia podrá negar que la religiosidad tenga una influencia profunda en la vida de los pueblos de América Latina.

"Humildemente me esforzaré
en amar,
en decir la verdad,
en ser honesto y puro,
en no poseer nada que no me sea necesario,
en ganarme el sueldo con el trabajo,
en estar atento siempre a lo que como y bebo,
en no tener nunca miedo,
en respetar las creencias de los demás,
en buscar siempre lo mejor para todos,
en ser un hermano para todos mis hermanos".
ORACIÓN DE MAHATMA GANDHI

Entre los seres que me inspiraron a conocer los rostros bellos de la iglesia fue mi madre la primera; apenas curso el primer grado escolar y sin embargo fue una gran lectora.

Recuerdo las palabras que me dijo cuando era niño: "estudia la sabiduría de las diferentes iglesias e incluso de aquellas personas que no creen en Dios; pero no te apegues a ninguna creencia "

A través de la pedagogía de los sueños mi madre me iluminó en la visión ecuménica y en el amor a la vida material, cultural y espiritual en que viven las comunidades pobres. Yo tenía inclinación para ser sacerdote; sin embargo tuve la orientación materna de que la medicina puede ser un sacerdocio al servicio de los más desfavorecidos.

Dos seres tiernos, rebeldes e iconoclastas: San Francisco de Asís (el hermano sol y la hermana luna) y Santa de Teresa de Jesús influyeron profundamente en mi adolescencia.

Dos pensamientos de esta Santa recuerdo todavía: "De devociones absurdas y santos amargados, líbranos, Señor." "El amor de Dios no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras."

Cuando estudiaba medicina, me impresionó la sencillez del primer Arzobispo de Tegucigalpa, Monseñor José de la Cruz Turcios y Barahona, quien visitaba las comunidades de su parroquia a pie, a caballo y en un viejo jeep. De esa manera promovió el amor a las comunidades campesinas

En 1966 (año que coincide con mi graduación de médico) Monseñor Marcelo Guerin, organiza en Choluteca los Delegados de la Palabra de Dios (17 campesinos).

Fue un prelado a quien tuve el honra de conocer y admirar. Murió el primero de junio de 1997. El trabajo de Guerin, se consolida con la cooperación de las Hermanas del Santo Rosario y las Hijas de Jesús. Se funda el Instituto de las Mensajeras de la Inmaculada, integrado por mujeres religiosas hondureñas que constituirían la organización Hermana de los Delegados de la Palabra Dios.

Para asuntos de Medicina Alternativa, Ecología fui invitado en diversas ocasiones por el Obispo Emeritus de la Diócesis Choluteca Raúl Corriveau (autor de la Carta Pastoral Ecológica) y por hermanas y sacerdotes de esta región.

De igual forma conocí a Monseñor Evelio Domínguez, sacerdote campesino, "sol radiante de humildad y sabiduría", fundador de Caritas de Honduras, Radio Católica y de las Escuelas Radiofónicas alfabetizadores.

Durante mis estudios de postgrado en Estados Unidos de América en California y en Filadelfia me sensibilizó Martín Luther King y la transformación espiritual de Malcolm X. La espiritualidad de los dos mártires religiosos me enseño el camino de la desobediencia civil y el método de la no violencia de Gandhi.

El movimiento Libertad de Expresión (Mario Savio) de la Universidad de Berkeley, las protestas contra la guerra de Vietnam, el movimiento chicano (Cesar Chávez) y negro (Ángela Davis) situaron y posicionaron mi conciencia antiimperialista y me invitaron a la lucha permanente por la paz, la justicia y los derechos humanos.

Mis detractores quedarían asombrados acerca del origen de mis ideas socialistas, las que tuvieron su fermento en la visión ecuménica de mi madre, la religiosidad, el proceso de liberación de América Latina y el despertar de la conciencia del pueblo estadounidense.

Con los años aprendí que el ser radical no está basado en el odio ni en el fanatismo. El amor es la esencia de los cambios radicales que conduce a la verdadera transformación del poder patriarcal y el poder de la clase dominante.

Al respecto el Che Guevara manifiesta: "Déjame decirle sin miedo a parecer ridículo que el revolucionario necesita, sobre todo, amar mucho".

El amor humano y planetario nos transforma en insobornables e incorruptibles. Nos obliga a no ser neutros y tomar la opción preferencial de los pobres.

El poeta de La Divina Comedia señalaba: "Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que, en tiempos de grandes crisis morales, mantienen su neutralidad".

(*) Miembro de la resistencia contra el golpe militar en Honduras. Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, defensor de los derechos humanos y presidente del Movimiento Madre Tierra.