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Abrazo a la transformación de la conciencia

Cuarenta luchas ATI.
Por Juan Almendares (*)

Artículos de Juan Almendares editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Tegucigalpa, 03/05/11.- Ha pasado una década de nuestra relación constructiva y fraternal en el seno de Amigos de la Tierra Internacional(ATI). Ha sido un aprendizaje en un ámbito donde no hay maestros ni alumnos, se respeta la condición de género, la diversidad sexual, los derechos humanos y los derechos a la vida planetaria.

Todos y todas hemos comprendido que el aprendizaje mutuo mediante la organización, la resistencia, la movilización y la transformación en lo local, regional, nacional e internacional es un compromiso esencial en la estrategia para preservar el buen vivir y salvar la Madre Tierra de la injusticia climática y de la destrucción de la biodiversidad.

Cada experiencia por pequeña que sea es hermosa porque las lecciones aprendidas nos enseñan a reflexionar sobre las prácticas desarrolladas.

Hemos valorado la naturaleza del trabajo colectivo y la necesidad de un compromiso mayor con las comunidades originarias, campesinas, indígenas, garífunas y la articulación con el movimiento social (obrero, juvenil, feminista, ambiental, artístico y cultural).

En estos diez años se ha celebrado la vida en los momentos de alegría, dolor y sufrimiento. El proceso de lucha es la celebración de la esperanza.

El sentido organizativo crece, se fortalece y se transforma cualitativamente cuando se trabaja con amor y solidaridad en el seno del pueblo.

Las necesidades surgen y cambian en el marco de las relaciones desiguales entre la Madre Naturaleza y la sociedad; entre las clases sociales y las relaciones de los pueblos oprimidos con los sistemas de dominación cuya génesis se encuentra en la acumulación originaria y la mundialización del capital.

Resistir no es una condición pasiva, por el contrario es activa, requiere reflexión creatividad y compromiso ético liberador con el pueblo y la justicia ambiental.

Las comunidades originarias nos han enseñado el respeto y la defensa de los derechos de la vida, del agua, la Madre Tierra. Las formas de resistir son diversas y debemos respetarlas. No obstante nuestro trabajo organizativo como institución se enmarca en la “no violencia”.

Se resiste mediante el saber y la sabiduría cultural de los pueblos originarios frente al poder del conocimiento que está basado en la destrucción del planeta. Para nuestros pueblos cada parte de la totalidad planetaria, tiene vida y es inseparable de la vida.

En tal sentido para el indígena, el campesino la esencia de la vida son las relaciones con la Madre Tierra y las que se establecen en la vida comunitaria. El ser indígena o campesino desaparece si son despojados de la tierra, de sus territorios y de la vida comunitaria.

Sin organización no se puede resistir y sin la articulación solidaria local y global con otros sectores del movimiento social, la resistencia no es sólida y sostenible.

Sin embargo la resistencia se enriquece cuando participamos en la movilización del pueblo y nos identificamos con la unidad indisoluble con la comunidad y la vida, el sentido planetario y cósmico.

Sentirnos y ser parte inseparable de la unidad del ser social con la naturaleza y la sociedad nos ha permitido ir corrigiendo las formas viciadas del trabajo individualista, protagónico, patriarcal propio del los valores de una sociedad basada en la ganancia, la competencia, el sexismo, la homofobia y el verticalismo autoritario.

Trabajamos en una área geopolítica y militar considerada como una de las más violentas del mundo. El Golpe militar del 28 de junio del 2009, nos ha dejado varias lecciones aprendidas; la primera como luchar, resistir y movilizarnos en un medio de terror, persecución, amenazas a muerte, tortura, tratos crueles y degradantes, masacres campesinas y asesinatos de ambientalistas y defensores de los derechos humanos.

Esta cruda violencia y terror nos ha desnudado la realidad y nos ha mostrado la verdad. Una de las mayores causas de violaciones a los derechos humanos y ambientales tiene su raíz en el sistema económico político capitalista neoliberal aliado con la oligarquía local.

Históricamente hemos sido invadidos en el sentido militar, tecnológico, ideológico y político para despojar a nuestros pueblos de las aguas, bosques y tierra.

En este performance teatral de la violencia del sistema capitalista, detrás del telón están los ejércitos, los guardias privados, los cuerpos policiales, los sicarios, cuyos perpetradores han sido entrenados en la Escuela de las Américas y en los regímenes militares de Pinochet y la ex Junta Militar argentina.

La celebración de la vida ante el dolor y el sufrimiento nos ha llevado a una reflexión esencial: ¿Hacia dónde está dirigida nuestra misión a ser ambientalistas puros, neutros limpios y a no mezclar nuestro trabajo con las raíces de la violencia y la destrucción ambiental? ¿Cuál es la intencionalidad de la conciencia: reformar o transformar?

La formación de la conciencia ambientalista es inseparable de la conciencia política y la conciencia de clase. Entendiendo como conciencia política la praxis social transformadora de la realidad que tiene como objetivo el buen vivir en un planeta sostenible, con justicia, paz y respeto a la vida, la dignidad, la justicia climática, la soberanía alimentaria y autodeterminación de los pueblos.

Reformar no es cambiar la esencia del sistema aunque en algunas circunstancias históricas puede ser el preludio de un cambio significativo. Sin embargo transformar es un cambio cualitativo de la forma y esencia de una realidad y es por lo tanto el camino para un proceso más sustancial.

La revolución verde no fue una revolución porque fue una reforma tecnológica y política que no cambió la esencia de un sistema basado en la tasa de ganancia los agronegocios industriales y financieros.

La conciencia se transforma con la participación activa, reflexiva, crítica y solidaria con la lucha de pueblos en defensa de la vida y supervivencia de la Madre Tierra. Sin embargo no podemos contribuir a la transformación sino transformamos nuestras conciencias en el marco de la praxis social.

Nuestra misión es transformar y no reformar y si se habla sin miedo de una revolución verde debemos hablar sin tapujos de una revolución agraria que garantice el derecho planetario de las semillas originarias, la medicina alternativa, el respeto a la vida y la biodiversidad.

La maquinaria de la barbarie de la biotecnología y la tecnología invasora cuyo objetivo principal es el crecimiento económico de las empresas multinacionales solo han generado, hambre, enfermedad, desolación y han convertido a nuestro pueblo en una área de cementerios vivientes y desechos humanos.

Nuestro equipo integrado por Candy , Mery, Claudia, la cooperante María, Franci, Francisco, Maritza, Margarita, Blanca, Hilda, Cándida, Tesla y veinte y seis mujeres coordinadoras de las comunidades abrazan el proceso de la conciencia transformadora de los hermanos y hermanas de Amigos de la Tierra Internacional, cuya relación con nuestra organización y con el pueblo hondureño ha sido fructífera y solidaria en los momentos más difíciles de los desastres naturales-sociales y en la defensa de los derechos durante el proceso del golpe militar.

Sin esta condición humana solidaria y honesta no podría uno agregar, a la satisfacción de haber servido a la humanidad, un sentimiento de gratificación y felicidad.

(*) Miembro de la resistencia contra el golpe militar en Honduras. Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, defensor de los derechos humanos y presidente del Movimiento Madre Tierra.