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Masacres, viudas y huérfanos

Las palmas aceiteras florecen con la sangre campesina
Aguan Honduras
Por Juan Almendares (*)

Artículos de Juan Almendares editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Tegucigalpa, 04/06/11.- A menos de dos semanas de haberse firmado el Acuerdo del Presidente de Honduras Porfirio Lobo Sosa, con el Ex presidente José Manuel Zelaya, avalado por el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos , el Presidente de Venezuela Hugo Chávez y el Frente Nacional de Resistencia Popular(FNRP) y a dos días de haber sido reincorporada Honduras al seno de la Organización de Estados Americanos(OEA), el domingo 4 de junio del 2011, a las 11 am fueron asesinados los campesinos : José Santamaría, Guillermo Recinos y Genaro Cuestas de la Cooperativa San Sebastián pertenecientes a la margen izquierda del Rio del Aguan y al Movimiento Autentico Reivindicador de los Campesinos del Aguan (MARCA).

Estos hechos vulneran los acuerdos citados y son un indicador de la ausencia de garantías y del respeto a la vida de los hondureños incluyendo al Sr. Manuel Zelaya Rosales, los exiliados que ingresaron al país e incluso al Presidente Lobo que está recibiendo agrias críticas ´de la ultraderecha por la firma del Acuerdo y futuros convenios con PetroCaribe Venezuela.

La oligarquía y su guardia privada articulada al Complejo Militar Energético – Minero Agrario Financiero- Industrial actúa con toda impunidad y se considera propietaria todopoderosa del Estado de Honduras.

Estos crímenes de lesa humanidad son cometidos a vista y paciencia del Aparato de Seguridad del Estado, la Fuerza Naval, el Batallón de Infantería de la zona del Aguan en un país militarme ocupado por el Pentágono.

Mientras la savia de las plantas es transfundida con la sangre de los campesinos asesinados; decenas de huérfanos y viudas son sometidas a la tortura, el pánico y el terror. Las mentes infantiles están pobladas de pesadillas aterrorizantes y las viudas son objeto de la extrema violencia estructural y la discriminación de clase y de género.

Los mosquitos del dengue y la malaria proliferan en el monocultivo de palma africana; la biodiversidad se desvanece y al desaparecer el hábitat de los animales nativos, la sangre humana no solo es chupada por los zancudos sino también por la explotación humana de los terratenientes.

Las viviendas sin techo y sin piso; las tormentas tropicales y la inundación de los ríos contribuyen a la proliferación del hambre, desnutrición, parasitosis y el menoscabo del desarrollo cerebral.

La autofagia o sea el autoconsumo de las carnes ante la ausencia de los alimentos conduce al Síndrome de multi-enfermedad y desgaste energético crónico.

Extirpar esta monstruosidad criminal en el Aguan, es el desafío ético y político, para cada nación que se precia de ser democrática nación.

¡Nunca podrá haber democracia si existe una sociedad donde el sicariato terrateniente tiene la orden del día y la libertad para matar!

¿Dónde está la humanidad de los pueblos que claman ser democráticos y civilizados si guardan silencio cómplice ante el exterminio de las familias campesinas?

¡La unidad y dignidad histórica de nuestro pueblo y de todos los pueblos del mundo articulado a la lucha por los derechos humanos es el camino para detener la maquinaria de la barbarie en el Aguan Honduras!

(*) Miembro de la resistencia contra el golpe militar en Honduras. Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, defensor de los derechos humanos y presidente del Movimiento Madre Tierra.