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BOLIVIA

Cómo se deforma la justicia comunitaria

Linchamientos.
Por Antonio Peredo Leigue, Senador por el MAS.

Rebanadas de Realidad - MAS, La Paz, 18/11/08.- Once personas sometidas a golpes, humillaciones y, en el colmo de la brutalidad, bañados en gasolina y quemados. Que haya sucedido en una u otra población, es simple anécdota. El hecho en sí es lo repudiable. Cometieron delitos, como se ha probado, y son pasibles a un castigo severo; esto es indudable. Pero la venganza es una irracionalidad que no puede tolerar ninguna sociedad. Es tan irracional como el odio que destila la declaración de quienes ven, en este hecho, un motivo más para acusar al gobierno; esto, no merece siquiera un comentario.

La acción de quienes tomaron en sus manos el castigo, es el tema en cuestión. Es un hecho inaceptable y merece una rápida acción legal que castigue a los culpables. Son culpables los ladrones, pero también los vengadores. Lo han dicho las autoridades y esperamos que cumplan, con presteza, este cometido. La fuerza pública, la fiscalía y los tribunales, son responsables de llevar adelante el juicio y castigar a quienes lo merecen.

La justicia comunitaria

Lo que ocurrió con ese grupo de ladrones, fue un linchamiento. Esta palabra proviene del inglés; deriva del nombre de Charles Lynch, un plantador de Virginia que, en el siglo XVIII, encabezó un tribunal irregular que decretaba, sin ninguna figura de juicio, la muerte de quienes eran acusados de robo.

Como es evidente, esto nada tiene que ver con la justicia comunitaria. Los pueblos originarios, cuando entre en vigencia la nueva Constitución Política del Estado, están obligados a determinar, con claridad, cuáles son las normas que rigen esa justicia y el modo de aplicarlas.

Es una tremenda falsedad que, los crímenes que se cometen en las ciudades medias y los pueblos pequeños, se argumenten como parte de la justicia comunitaria.

Seguridad ciudadana

Pero también debemos establecer cuáles son las causas para que ocurran estos hechos y, lo que es más, que se produzcan con relativa frecuencia. La fuerza del orden ha sido incapaz de dar seguridad a los ciudadanos. Lo muestra el alarmante hecho de que, en principio, los pobladores de ese lugar llevaron a los ladrones hasta un cuartel, donde se negaron a recibirlos. Que haya sido un cuartel militar, es un detalle de segunda importancia. Si los hubiesen recibido, no se hubiese producido el trágico acontecimiento.

Esta es la falta de seguridad que lleva a la irracionalidad. Sucede desde hace mucho tiempo. Hay quienes piensan que aplicando penas más fuertes contra los delincuentes, se dará mayor seguridad a los ciudadanos. ¿Habrá castigo mayor que el que sufrieron estos ladrones? Pero, por supuesto, esto no disminuirá el índice de latrocinio ni de cualquier otro delito. La vía adecuada es la prevención.

La posibilidad de llevar a la práctica la prevención, pasa necesariamente por la participación de la misma sociedad, de la sociedad organizada. En Bolivia tenemos las mejores posibilidades; tenemos una sociedad organizada en las bases. No se trata, por supuesto, se incorporarlas a los organismos oficiales, que es la forma de distorsionar su función. Desde el lugar que ocupan en el barrio, en el distrito, en la ciudad, pueden y deben cumplir determinadas funciones. La ley debe asignarles ese rol y debe promover su mejor cumplimiento.

El linchamiento debe ser erradicado. Podremos hacerlo sólo cuando los miembros de la sociedad se apropien de la tarea. Todo otro intento, caerá en el vacío, incluso las torpes acusaciones contra el gobierno.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de Naira, del Equipo de Prensa del Movimiento al Socialismo de Bolivia. / Web