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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - BOLIVIA

Y si fuéramos capaces de unirnos

Por Antonio Peredo Leigue, Senador por el MAS.

Rebanadas de Realidad - MAS, La Paz, 30/12/08.- El "Mensaje a la Tricontinental" es el programa revolucionario, síntesis de la experiencia de Ernesto Che Guevara en la guerra revolucionaria que caracterizó los años '60 de esta sufrida América morena. Mientras la CIA inventaba las más atrevidas versiones sobre el destino del Che, al sureste de Bolivia, el Comandante de América, preparaba la histórica hazaña que lo llevaría a la inmortalidad.

Aquel fue el lazo más fuerte que unió a Bolivia con Cuba. Pero no fue el único ni el primero. El triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, fue el llamamiento a la unidad de las fuerzas populares en Bolivia, que sonó repetidamente en aquellos años de desorientación.

La desilusión del '52

A fines de 1956, apenas cuatro años después del triunfo de la Revolución Nacional, el gobierno inició un viraje que lo llevaría al mayor sometimiento de sus políticas económicas y sociales. Los organismos internacionales, desde entonces, dictaron las normas para restablecer el estado de cosas anterior a las conquistas populares del '52.

Fue precisamente en diciembre del '56 que el gobierno dictó el decreto de estabilización monetaria, más conocido como "Plan Eder"; comparativamente, es similar al decreto 21060 que impuso el modelo neoliberal en 1985. En ambos casos, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que había conducido la Revolución Nacional, el que impuso aquellas medidas de sometimiento.

Conquistas esenciales como el control obrero en las minas nacionalizadas y la participación de la Central Obrera Boliviana (COB) en el gabinete ministerial, fueron anuladas al iniciarse el segundo gobierno de ese partido. La COB rompió con el MNR y comenzó una dificultosa lucha contra el Plan Eder. El régimen quiso romper la unidad de los mineros, infiltrándose en el poderoso sindicato de Huanuni, pero la respuesta obrera fue contundente con un saldo sangriento. Más adelante trató de dividir a la COB, usando como anzuelo a un versátil dirigente ferroviario, pero tampoco tuvo éxito.

1959 era, a no dudar, un año de desorientaciones. Talvez por eso mismo, el triunfo de la Revolución Cubana, fue como un llamado a la unidad del movimiento popular.

De vuelta al Palacio Quemado

Víctor Paz Estenssoro era un viejo político que podía manejar situaciones complejas y sortear los más difíciles escollos. Al mismo tiempo que iniciaba el llamado "Plan Triangular" para rescatar las minas del control de los obreros para ponerlas al servicio de los intereses transnacionales, transaba engañosamente con el movimiento popular. Terminado el segundo periodo de aquel proceso, postuló y fue elegido presidente para el periodo 1960-64. Buscaba que, el Plan Triangular, se aplicara con el menor costo social posible. Para ello, expulsó del MNR a la facción derechista encabezada por Walter Guevara Arce y embelesó a los sindicatos designando a su líder Juan Lechín como candidato a la vicepresidencia.

No fue solamente aquello. Contra toda previsión, puesto que ya Washington se mostraba contra el gobierno de La Habana, patrocinó una reunión latinoamericana de partidos populares en La Paz, en lo que parecía ser un respaldo a la Revolución Cubana.

El movimiento popular, unido por el proceso revolucionario en la isla antillana, comenzó nuevamente a resquebrajarse. Aquellos que creían en un cambio de actitud del gobierno y quienes sólo veían un disfraz que ocultaba las verdaderas intenciones.

Si la aplicación del Plan Triangular no hubiese sido suficiente, el rompimiento de relaciones con el gobierno de Fidel Castro, fue demasiado. Para entonces, sin embargo, el daño estaba hecho y era muy difícil esperar que el movimiento obrero y popular restablezca la unidad necesaria para salvar el programa social que se inició en abril de 1952.

Esa división permitió la fácil sustitución de Paz Estenssoro por el general René Barrientos en la silla presidencial, en noviembre de 1964. De hecho, no hubo ninguna oposición popular al inicio de ese periodo de dictaduras militares que, con ligeros intervalos, se prolongó hasta octubre de 1982.

La gesta de Ñancahuazú

El carismático aviador que hablaba quechua y envolvía en su retórica a los dirigentes campesinos, muy pronto mostró su verdadero programa de gobierno. En mayo y septiembre de 1965, ocupó militarmente las minas disparando sobre cualquiera que intentara oponerse e ilegalizó a los sindicatos. Fueron las condiciones para terminar de imponer el Plan Triangular, que no pudo concluir su antecesor Paz Estenssoro.

Aquellas matanzas habrían de plantear seriamente, para algunos cuadros políticos, la necesidad de armarse contra el enemigo que ocupaba el gobierno. Contra las reticencias de los dirigentes del Partido Comunista, Inti y Coco Peredo comenzaron la organización y el entrenamiento de un numeroso grupo de jóvenes militantes. Inicialmente se trataba de formar grupos de choque con capacidad para responder las arremetidas militares; en el transcurso del entrenamiento, entendieron que no bastaba esa disposición, sino que había que emprender la lucha, pues la guerra había sido declarada por el dictador Barrientos.

En aquellas circunstancias, la incorporación del Comandante Che Guevara, que venía de un frustrado intento en el Congo, dio una dimensión continental a aquella lucha que preparaban los militantes bolivianos, dispuestos a responder de la única forma posible a la dictadura propiciada por Washington: con la guerra revolucionaria.

Las alternativas de esa lucha titánica (50, 30, 20 contra mil y dos mil soldados) han sido sobradamente relatadas. El intento de disfrazar su asesinato, la exposición del cadáver en la lavandería del hospital de Vallegrande y la posterior desaparición de los cadáveres, fueron circunstancias que ayudaron a crear la leyenda de San Ernesto de la Higuera. Pobladores de la zona, hoy en día aún, afirman que 'el Che nunca falla' cuando le piden algún favor.

Pero esos lazos de integración entre Bolivia y Cuba fueron evidentes cuando Fidel Castro visitó La Paz, en agosto de 1993. Espontáneamente, una doble columna de hombres, mujeres, niños y ancianos se prolongó desde el aeropuerto hasta el hotel en que iba a alojarse el líder cubano; 14 kilómetros en que se situaron entre 150 y 200 mil personas. Aquella mañana, ante un amplio paseo rebosante de personas, Fidel habló sin micrófono y la diáfana atmósfera de esta altura, permitió que su voz llegara hasta el más lejano de los asistentes. Luego, durante los diez días de su permanencia, sin que nadie se ocupase de organizar, se instaló una vigilia frente al hotel que no cesó hasta el mismo momento de su despedida. Tan vibrante demostración de integración dio al traste con cualquier argumento de invasión cubana, aunque siga siendo la monserga de los retrógrados que nunca entenderán el verdadero sentido de la guerrilla de Ñancahuazú.

La firmeza de la solidaridad

Desde que se restablecieron relaciones con Cuba, en 1982 y aún antes, los estudiantes bolivianos de escasos recursos eran becados para adquirir formación universitaria en la isla caribeña. Una decena y otra más al año siguiente, fue aumentando esa solidaridad de quien comparte lo poco que tiene. En los años 2004 y 2005, con la valiosa contribución de Venezuela, se hizo posible la "Operación Milagro". Ancianos pobres eran trasladados en avión venezolano hasta La Habana donde se les operaba y recibían tratamiento durante una semana; retornaban también por vía aérea con la vista recuperada.

Pero, sin que se publicitase mucho, grupos de altos oficiales militares visitaban Cuba, visitas que tendieron lazos de entendimiento e intercambio entre las fuerzas armadas de ambos países. Quizás el hecho más remarcable, haya sido la visita del entonces presidente Hugo Banzer que despejó sus reticencias con el trato respetuoso que le brindó el gobierno y el propio Comandante Fidel Castro.

Pero la solidaridad se manifestó plenamente a partir de enero de 2006, cuando Evo Morales asumió la presidencia de la república. Mucho más allá de las posibilidades normales, haciendo un gran esfuerzo, Cuba se comprometió íntegramente con la Revolución Democrática y Cultural liderada por el presidente indígena. 5.000 becas universitarias, cerca de dos mil médicos llegados al país llevando salud sin costo hasta el último rincón del país, cientos de alfabetizadores que han logrado erradicar el analfabetismo, más de 6 millones de focos ahorradores para consumir menos energía eléctrica, decenas de trabajadores sociales para fortalecer la organización popular.

Pero, por encima de esos datos, está el hecho de la influencia que ejerce el ejemplo de una revolución que ha moldeado un pueblo sano en cuerpo y en espíritu, orgulloso de su educación, digno en su pobreza, grande en su solidaridad, firme en sus principios y decidido en su voluntad de defender su soberanía.

Este es el objetivo que nos hemos trazado los bolivianos. Esta es la meta que debemos alcanzar. Es la enseñanza que recibimos de nuestros abuelos pero que vemos, como ejemplo vivo, en esa hermosa isla que un día conquistó su libertad y ha luchado, durante cincuenta años, por protegerla, afirmarla y, con ello, ganar la voluntad de todos los pueblos del mundo.

Por supuesto, la primera lección es la unidad. Hemos sido capaces de unirnos para obtener los logros de estos tres primeros años.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de Naira, del Equipo de Prensa del Movimiento al Socialismo de Bolivia. / Web