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El Oriente Medio siempre está en la mira del Imperio

Por Eduardo Dermardirossian

Rebanadas de Realidad - Diario Armenia, Buenos Aires, 05/08/06.- El avance de las fuerzas israelíes sobre la franja de Gaza primero, y después sobre el sur del Líbano, y el bombardeo de ciudades principales como Beirut, Tiro y Sidón, invitan a revisar algunas inconsistencias de la política mundial. También invitan a examinar hasta dónde el manejo de los medios masivos de comunicación falsifica la opinión de las gentes y manipula sus conciencias, de modo de ponerlas al servicio de la vocación imperial de algunos. El crimen informativo al servicio de los poderosos.

Credo quia absurdum, decía Tertuliano, creo porque es absurdo. Parecida cosa parecen decir los Ehud Olmert, los George W. Bush y los que han elegido la tibieza o la ambigüedad para pronunciarse sobre la guerra que hoy vuelve a cabalgar sobre el Oriente Medio.

Pero no voy a hablar sobre los hechos puntuales que abundantemente analizan los que sobrevuelan sin turbulencias por los cielos oscurecidos del Líbano y de Gaza, de Haifa y de Kiriat Shmona. Voy a mirar por los entresijos de la realidad, revisar el debe y el haber en los cuadernos de los poderosos, para comprender este sesgo trágico de nuestro tiempo.

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Ante la fiereza de los hechos y en medio de los bombazos que siembran muerte y destrucción a ambos lados de la frontera, uno debe ser cauto. Pero no puede soslayar algunas cosas. La primera de ellas es la excusa del gobierno israelí para avanzar sobre sus vecinos, desarticulándolos aún más de lo que hizo Estados Unidos cuando avanzó sobre Afganistán e Irak. Al apoyo explícito que la superpotencia le dio a Israel, le siguieron las tibias manifestaciones de desaprobación de la Unión Europea y los llamados al cese del fuego de algunos jefes de Estado y del propio Benedicto XVI. Con pocas excepciones, los países árabes dijeron su moderada condena y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, incapaz de tomar la iniciativa, catorce días después de iniciado el ataque sobre Beirut se limitó a ser un contertulio más en Roma. Otra vez esa organización mundial, creada para asegurar la paz y la seguridad internacionales, defeccionó de su objetivo.

El Imperio, que en la segunda mitad del siglo pasado había frenado los ímpetus panarabistas, a partir del 11 de septiembre de 2001 decidió intervenir directamente en Medio Oriente. Y hace algunas semanas le franqueó el paso a Israel para ratificar que ahí nada ocurre sin su venia. Por su parte el gobierno de Olmert se presentó como víctima ante la opinión pública mundial. Heredero de un atavismo que viene de los tiempos bíblicos, y desventurado peregrino del mundo, el pueblo judío reivindica el monopolio del dolor y la unicidad del genocidio (holocausto, en su nomenclatura). Y al hacerlo soslaya o niega la existencia de otros genocidios, el armenio entre ellos. Cortedad de miras que arriesga una de las características más valiosas del judaísmo: su humanismo.

Conviene decirlo con claridad. Bajo la superficie de este y de otros episodios bélicos se disputa no tanto la hegemonía de los Estados Unidos, cuanto el sistema de alianzas que en el futuro sostendrá esa hegemonía. Según los estrategas norteamericanos su país seguirá imperando por largo tiempo sobre el mundo y hoy nada induce a pensar lo contrario. El tamaño de los intereses determina la importancia de las alianzas. Israel lo sabe y actúa en consecuencia.

Hace poco leí en algún lugar que los norteamericanos carecen de verdaderos especialistas en Medio Oriente y por eso actúan con desatino en la región. Yo no lo creo así. Creo que desde 1956 en que estalló la guerra del canal de Suez, las administraciones norteamericanas percibieron el valor estratégico de los países árabes, que por entonces coqueteaban con la Unión Soviética. Y creo que la actual fragmentación de los árabes es el resultado de esa percepción.

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“Cuando hay ocupación hay resistencia. Esa es una constante desde George Washington. La ocupación israelí del sur del Líbano creó a Hezbollah, y su mala conducta en los territorios ocupados dio luz a Hamas“, dijo el ministro de información sirio Moshen Bilal, y remató: “¿Qué ha hecho la ocupación norteamericana en Irak?”. Por su parte el turco Timur Goksel, que entre 1982 y 2000 fue el vocero y negociador de la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas en el Líbano (Finul), dijo que “esta es una guerra asimétrica, Hezbollah está peleando como puede. Israel es una máquina de guerra”. Conscientes de esa asimetría, Israel y Estados Unidos ponen tres condiciones para acordar un cese del fuego: la primera es que se libere a los militares cautivos; la segunda, que el cese del fuego debe hacerse sobre bases sólidas para evitar la vuelta a las hostilidades, lo cual implica diferir la tregua; y la tercera, que debe destinarse una franja del territorio libanés para impedir que Hezbollah siga hostigando el suelo israelí, y que esa franja debe estar bajo la custodia de diez mil efectivos de Turquía y Egipto y de otros miembros de la alianza noratlántica. La reunión de los quince que se realizó en Roma el 26 de julio último y que previsiblemente fracasó en su intento de imponer un alto el fuego, al menos consiguió desbaratar esta última exigencia.

El alto el fuego no tolera esperas o condiciones que lo demoren. Es una medida urgentísima y autosostenida, es decir, que se impone adoptarla ya y se justifica por sí misma. Es un acto provisorio por excelencia, cuya extensión en el tiempo algunas veces se acuerda entre las partes beligerantes y otras veces depende del avance de las negociaciones o del progreso de una mediación o arbitraje. El alto el fuego quiere detener temporalmente los efectos devastadores del conflicto para abrir un canal de encuentro que restablezca la paz.

En cuanto a la creación de una franja de seguridad en el sur del Líbano, es una experiencia amarga que Israel conoce y que no quiere repetir. Por eso ahora pretende que esa franja sea custodiada por fuerzas extranjeras. Rechaza la presencia de las Naciones Unidas e insiste que sean fuerzas de estados complacientes con su política los que custodien la frontera, Turquía entre ellos. Este aliado de los Estados Unidos, que ahora mismo está tentado a resolver la cuestión kurda en medio de las bombas que distraen la atención internacional, tiene cuestiones pendientes con la vecina Chipre, bloquea a la República de Armenia y alimenta el encono azerí en el conflicto de Nagorno Karabagh. Este aliado del Imperio ahora más que antes necesita gozar del beneplácito de los poderosos para ingresar en la Unión Europea.

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Y en medio de este obsceno toma y daca están los medios de comunicación cohonestando intereses que no resisten la luz del día, tratando de explicar lo inexplicable y buscando la fórmula que les permita culpar a las víctimas. Un soldado israelí capturado por Hamas y otros dos apresados por Hezbollah fueron la excusa para desatar otra guerra en esa región caliente del mundo. Aviones artillados, buques, tanques, misiles y soldados, todos al servicio de la muerte y la destrucción, necesitan la condescendencia de la opinión pública. Y para eso están los medios que travisten los hechos. La prensa organiza sus titulares, sus copetes y sus páginas principales para anticipar una versión de los hechos que luego perdurará en los lectores, generalmente desprevenidos ante estos manejos. Es el crimen informativo que en las sociedades liberales goza de impunidad. De otro modo, ¿cómo explicarle a la sociedad que la captura de un soldado no puede desencadenar tanta furia en Gaza? ¿Cómo distraerla para que vea sólo una parte de lo que ocurre en el Líbano? La decisión de desencadenar una guerra viola el derecho humano a la vida, quienquiera que la tome y cualesquiera que sean los motivos que se invoquen. Por eso cuando una guerra se desata lo primero que hace el agresor es culpar a la víctima. Quién es el victimario y quién la víctima debe ser, por lo menos, dudoso. Luego la victoria llegará con su manto de legitimidad para coronar a unos y demonizar a otros. La historia nos habla de estas cosas.

El gobierno de Israel se presentó como víctima ante la opinión pública mundial. Heredero de un atavismo que viene de los tiempos bíblicos, y desventurado peregrino del mundo, el pueblo judío reivindica el monopolio del dolor y la unicidad del genocidio (holocausto, en su nomenclatura). Y al hacerlo soslaya o niega la existencia de otros genocidios, el armenio entre ellos. Cortedad de miras que arriesga una de las características más valiosas del judaísmo: su humanismo.

Gentileza de Jorge Rubén Kazandjian Editor On Line del Diario Armenia. Web
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