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Ante un nuevo Defensor del Pueblo: ¿ombusdman o tribuno de la plebe?

Por Antonio Elio Brailovsky (*)

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 30/07/03.- Estamos en los últimos meses de nuestra gestión en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. La Legislatura de la Ciudad acaba de abrir el registro de postulantes para el cargo de Defensor del Pueblo y sus Adjuntos.

La pregunta es si esto va a ser oportunidad para un debate sobre qué quiere la sociedad que se haga con el organismo o si va a ser un mero reparto de cargos entre los partidos políticos. Sin duda que los acuerdos parlamentarios son un elemento decisivo en un régimen democrático. La cuestión es si esos acuerdos son suficientes para definir una institución de esta envergadura, o si el pueblo podrá opinar acerca de quienes deberán defenderlo en los próximos cinco años.

Sería bueno que esta renovación de cargos fuera acompañada de un debate ciudadano. ¿Están de acuerdo los vecinos con el modo en que funcionó hasta ahora la Defensoría del Pueblo? ¿Qué aspectos reforzarían y cuáles modificarían?

¿Queremos un Defensor que solamente recomiende cosas? ¿O alguien que juegue un rol mucho más enérgico? ¿Se tiene que parecer al suave ombusdman sueco o al duro tribuno de la plebe de la antigua Roma? Vale la pena hablar un poco de las diferencias entre uno y otro:

· El modelo del ombudsman sueco es lo que en el lenguaje técnico se suele llamar una "magistratura de opinión". El ombudsman es alguien que emite una opinión sobre cómo deberían hacerse las cosas. Esa opinión se llama "recomendación" y las autoridades no tienen obligación de cumplirla. La principal herramienta que tiene el ombudsman para defender al pueblo es el prestigio de su cargo y de su trayectoria personal, los que hacen que contradecirlo tenga un costo político alto para los funcionarios. Por sus mismas características, el ombudsman actúa en representación del pueblo pero sin estar acompañado por el pueblo. Esto hace que en ciertas situaciones haya sido criticado por distender los conflictos sociales sin lograr resolverlos.

· Por el contrario, el tribuno de la plebe de la Roma antigua es un caudillo. Su rol no es remplazar al pueblo en el reclamo sino liderar los movimientos sociales que buscan reformas profundas. Es un orador que se enfrenta al Senado para defender las causas populares. Su casa debe tener siempre la puerta abierta para recibir a aquellos que estén injustamente perseguidos. Atiende casos individuales pero también impulsa leyes que procuran el cambio social y la redistribución de la riqueza en beneficio de los sectores más postergados. Esto hace que haya tenido fuertes enfrentamientos con los sectores de poder de la vieja Roma.

¿Cuál debe ser la relación del Defensor del Pueblo con el poder político de turno? ¿Es bueno que pertenezca al mismo partido político que el Jefe de Gobierno? ¿De qué modo preservar su independencia? ¿Cómo evaluar la calidad de su gestión? ¿Por una mera estadística o usando también criterios cualitativos? ¿Qué modalidad de relación tiene que existir entre el Defensor Titular y los Defensores Adjuntos?

Y, por supuesto, ¿cómo seleccionar a las personas más idóneas? ¿Por elecciones, como se propone a menudo? ¿Por concurso público, como ocurre en Ciudad de Neuquén? ¿Por acuerdo entre los distintos bloques partidarios de la Legislatura, como se hace en la Ciudad de Buenos Aires? ¿En representatividad del principal partido de oposición, como ocurre en la Ciudad de La Plata? ¿O por algún otro procedimiento diferente de estos?

Para tratar de abrir este debate estamos enviándoles la desgrabación de un programa de televisión de la Fundación Ciudad, en el que se discute este tema. Esto no significa compartir todo lo dicho en este programa (en particular, las dudas sobre la necesidad de la institución, entre otros temas), pero me parece útil, en el sentido de que aporta ideas que nos ayuden a pensar un tema que es mejor que no se resuelva en silencio.


Tribunos de la plebe en la Roma antigua:

1) En Roma se concedía a los ciudadanos comunes, que recibían el nombre de plebe, el derecho de elegir tribunos que intercedieran por ellos cuando consideraban que el gobierno los había tratado de una forma injusta.("Sufragio." Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001).

2) Cada uno de los Magistrados que elegía el pueblo romano reunido en tribus, y tenían facultad de poner el veto a las resoluciones del Senado y de proponer plebiscitos.

Eran elegidos por el pueblo en los comicios por un periodo de un año, no podían ausentarse de Roma y habían de mantener la puerta de su casa permanentemente abierta, ya que se consideraba lugar de asilo. (Obdulio López Fernández: "Diccionario ilustrado de las fiestas de cartagineses y romanos").

3) Su autoridad y poder consisten en bloquear el poder de un magistrado y en la eliminación de una autoridad excesiva... Puesto que el tribunado deriva en su origen del pueblo, el elemento popular es muy fuerte; y de mucha importancia es el hecho de que el tribuno no se eleve sobre el resto del pueblo, sino que conforme su apariencia, forma de vestir y manera de vivir a la de los ciudada nos ordinarios... El tribuno no debe dificultar el acceso a él..., de ahí la costumbre de que la puerta de su casa permanezca abierta, de día y de noche, para servir de refugio para quien lo necesite. Todo lo humilde que es en apariencia es poderoso en realidad... convierten su persona en sagrada e inviolable. Plutarco, Cuestiones romanas, 81

4) Cayo Graco, Tribuno de la Plebe:

En el año 123 a. de C. Cayo Graco fue elegido tribuno de la plebe. Hizo aprobar varias leyes que transformaban la sociedad romana:

Primero, la ley agraria que ordenaba recuperar tierras de dominio público en las comarcas más fértiles, para distribuirlas entre los ciudadanos pobres.

Segundo: la ley frumentaria que mandaba que el estado comprase trigo y lo vendiera en menos de lo que había costado a los ciudadanos pobres de Roma.

Tercero: una ley ordenaba que el precio de las ropas dadas a los soldados no fuera descontado de su sueldo.

Cuarto: una ley transformaba los tribunos en materia criminal. Hasta entonces, los jueces eran todos senadores, es decir nobles, lo que hacía muy difícil lograr la condena de un noble. Cayo logró que los jueces fueran nombrados entre los caballeros. Decía "con este golpe he concluido con el orgullo y el poder de los nobles".

(*)Defensor del Pueblo Adjunto de la Ciudad de Buenos Aires.

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