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AMÉRICA LATINA

El viejo "patio trasero" se emancipa

Por Roberto Bardini / Web

Rebanadas de Realidad - Bambú Press, México, 17/01/08.- Los recientes acuerdos económicos entre Brasil y Cuba, sumados a los millonarios convenios energéticos de Venezuela con la isla, son elocuentes detalles un ambicioso cuadro continental, cuyas pinceladas iniciales se dieron en la Cuarta Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata (Argentina) en noviembre de 2005, y que desde entonces cobra forma, relieve y color.

Con un intercambio comercial de alrededor de 500 millones de dólares, Brasilia es el segundo socio comercial de La Habana en América Latina después de Caracas. Tras una visita de apenas 24 horas, el presidente Lula da Silva suscribió convenios para la exploración de petróleo en aguas profundas cubanas en el Golfo de México, crear una empresa mixta para fabricar lubricantes en Cuba y producir en Brasil el Alfa 2B, un medicamento cubano contra la hepatitis C.

En el otro extremo del continente, a pesar de ciertas dificultades que aún persisten, continúan los esfuerzos para consolidar y ampliar el Mercado Común del Sur (Mercosur). Uruguay -un socio díscolo que no se termina de definir, según algunos; un aliado desfavorecido al que no hay que abandonar, según otros- tiene un ritmo propio de marcha y retrasa el avance del conjunto mientras elabora sus propias especulaciones de conveniencia. No obstante, en el Mercosur no hay vuelta atrás.

Simultáneamente, durante la asunción de presidencial de Cristina Fernández de Kirchner en diciembre pasado, se colocó en Buenos Aires la piedra fundacional del Banco del Sur, otro ambicioso proyecto en el que participan Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, y que comenzará a funcionar con un capital de siete mil millones de dólares. Y hay más: América del Sur podría disponer de una moneda única en un plazo de cinco a ocho años, según estiman algunos funcionarios de gobierno y economistas independientes.

Fuera de los acuerdos de integración económica regional, hay otros síntomas que marcan un cambio de timón y un nuevo rumbo político: en la reciente liberación de rehenes colombianos en poder de las FARC, participaron como garantes delegados de Argentina, Cuba, Bolivia, Brasil y Ecuador que respaldaron la mediación del presidente venezolano Hugo Chávez. Años atrás esto hubiera sido impensable sin el visto bueno de Estados Unidos y la participación de algún dócil funcionario de la OEA.

En todo este laborioso cuadro continental, México ha perdido su antiguo protagonismo y actualmente no figura ni siquiera como detalle del paisaje. La otrora activa y altiva política exterior simbolizada en el edificio de Tlatelolco, hoy ha quedado reducida a un recuerdo de mejores tiempos.

Cuando de la fría geopolítica se trata, es inútil tratar de elevar la temperatura con adjetivos como "gorila fascista" o "tirano comunista", que son los contradictorios epítetos con los que ciertos editorialistas locales pretenden descalificar a Chávez y a su tenaz agenda integracionista.

El presidente del Inter-American Dialogue, Peter Hakim se preguntaba en febrero de 2006: "¿Washington está perdiendo a América Latina?". Ese mismo mes, el director de la revista Foreign Policy, Moises Naim, era más categórico: para Estados Unidos, "América Latina es un continente perdido". En diciembre del año pasado, Le Monde Diplomatique citó a ambos en un artículo cuyo título dice mucho: "El 'patio trasero' se emancipa".