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Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, Buenos Aires, 06/10/08.-
Pocos
días atrás se cumplieron 42 años de la Operación Cóndor en las Islas
Malvinas y, como sucede desde hace décadas, el aniversario fue totalmente
ignorado en los grandes diarios, radios y canales de televisión de Argentina.
Los medios de comunicación,
más ocupados en comentar temas derivados del exitoso programa filantrópico
Bailando por un sueño -un educativo compendio de nalgas movedizas, senos
descomunales, enanos cantores, salivazos y recomendaciones prácticas
de sexo oral- no le dedicaron una sola línea impresa o un minuto al
aire a la pequeña gran gesta patriótica del 28 de septiembre de 1966,
cuando 18 jóvenes desviaron un avión de Aerolíneas Argentinas hacia
las Malvinas para reivindicar la soberanía nacional en el archipiélago
sur.
El acontecimiento,
sin embargo, fue decisivo en su momento para que uno de los más renombrados
pensadores británicos contemporáneos se lamentara de que el nacionalismo
se hubiera convertido en "una religión más potente que el cristianismo"
y no vacilara en recomendar a los hispanoamericanos que "arrojaran al
mar" todas las estatuas de José de San Martín, Bernardo O'Higgins y
Simón Bolívar.
El exabrupto figura
en el libro Entre el Maule y el Amazonas, publicado en 1967 por Oxford
University Press. Su autor es el filósofo e historiador Arnold Toynbee,
quien obtuvo renombre internacional con Estudio de la historia, doce
volúmenes que le demandaron 27 años de trabajo.
Toynbee (1889-1975),
graduado en Oxford, profesor en Cambridge y director del Real Instituto
de Relaciones Internacionales, recorrió 11 países iberoamericanos en
1966 y era huésped del régimen militar del general Juan Carlos Onganía
cuando se produjo el secuestro aéreo. El presidente de facto, como muchos
de sus camaradas del arma de caballería, se mantenía a cautelosa distancia
de bibliotecas y librerías. Sus esporádicos golpes de mano en territorio
impreso se reducían a revistas sobre perros de raza y caballos de polo,
pero un par de asesores civiles habían dedicado 20 minutos a explicarle
quién era el historiador británico.
De regreso a Londres,
Toynbee escribió en un capítulo titulado "¿Falkland o Malvinas?":
"Me encontraba en
Córdoba, Argentina, en momentos en que un 'comando' secuestró en vuelo
un avión obligándolo a aterrizar en las Islas Falkland, y cuando la
noticia de esta actuación melodramática fue seguida por las informaciones
de los ataques a la embajada británica en Buenos Aires y al consulado
británico en Rosario.
"Como era de esperarse,
tanto el gobierno argentino como el británico se condujeron con una
prudencia ejemplar y -lo que es más importante- con recíproca comprensión
y buena voluntad. La contrariedad del gobierno argentino por la inconducta
de un puñado de jóvenes ciudadanos argentinos fue bastante natural.
Bajo la capa de gestos aparentemente patrióticos, los participantes
en la escapada del comando y los más serios transgresores que efectuaron
los disparos, estaban buscando en realidad crear dificultades a su propio
gobierno, saboteando tal vez su intento de llegar a un acuerdo en la
prolongada disputa sobre las islas. La acción de los saboteadores fue,
en consecuencia, muy censurada no sólo por el gobierno sino también
por el periodismo responsable. Sin embargo, nosotros en Gran Bretaña
debemos advertir que, al censurar la terquedad de la acción directa
de los transgresores, tanto la prensa como el gobierno, enfatizaron
de todas maneras el hecho de que todos los argentinos estaban de acuerdo
en sostener que las islas eran legalmente suyas, que el reclamo británico
sobre ellas no tenía valor alguno y que la ocupación británica de las
islas es, en consecuencia, una usurpación ilegítima".
Especializado en
la civilización griega, el despiste de Toynbee sobre temas americanos
es tan imponente como el Partenón. ¿Cuál era en ese momento el "reclamo
británico" sobre las Malvinas? ¿Qué usurpación no es ilegítima? En lo
único que acierta es en la censura, por parte de lo que él denomina
"periodismo responsable", a la operación patriótica. Más de cuatro décadas
después, ese tipo de periodismo continúa ignorando la Operación Cóndor.
Pero las reflexiones
de Toynbee van mucho más allá de este episodio. Al final de Entre el
Maule y el Amazonas, en el capítulo titulado "¿Hacia la integración
latinoamericana?", el historiador perpetra una sorprendente recomendación:
"En algunos países
latinoamericanos, los libertadores nacionales del siglo XIX son ahora
venerados como héroes; se los reverencia como verdaderos dioses. El
nacionalismo, en verdad, se ha convertido en una religión más potente
que el cristianismo.
"Cuando se visitan
los templos del nacionalismo, se ven procesiones de niños de escuela
guiados por sus maestros para ser adoctrinados. Si este adoctrinamiento
no se contrarresta con la inculcación de una lealtad algo menos estrecha,
estos niños crecerán como nacionalistas incorregibles. Se resistirán
al llamado para la integración regional, para no hablar del llamado
a la unidad en una escala mundial.
"Si yo fuera un integracionista
latinoamericano, mi primer paso sería arrojar todas las estatuas de
San Martín al Atlántico, todas las estatuas de O'Higgins al Pacífico
y todas las de Bolívar al Caribe, y prohibirían que las reemplazaran,
bajo pena de muerte".
En los actuales tiempos
de consolidación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la
recomendación suena como una involuntaria muestra de humor al estilo
de Groucho Marx, Woody Allen o George W. Bush.
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