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Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, Buenos Aires, 19/04/09.- Después
del golpe cívico-militar que el 16 de septiembre de 1955 derrocó al
general Juan Perón, corre el rumor que en el noroeste argentino hay
guerrilleros africanos Mau Mau, famosos porque decapitan a sus enemigos
británicos.
Nadie los ha visto,
pero se dice que operan en la zona ferroviaria de Tafí Viejo, en Tucumán,
y a veces llegan a Salta y Jujuy. Y para preocupación de los servicios
de inteligencia de la "revolución libertadora", también se comenta que
están con la Resistencia Peronista.
Mau Mau es una organización
rebelde que de 1952 a 1960 combate en Kenia contra las tropas del Imperio
Británico, que ha ocupado el país a fines del siglo diecinueve. Su líder
es Jomo Kenyata, quien después de la independencia en 1963 será el primer
presidente y gobernará hasta 1978. Los Mau Mau tienen pocos fusiles;
pelean con lanzas y machetes. Los ingleses cuentan que cortan las cabezas
de los blancos, las colocan en la punta de la lanza y las exhiben como
escarmiento.
La verdadera historia
-prácticamente desconocida en la actualidad- me la contó en 2007 el
inclaudicable Juan Carlos Cena, hijo de un ferroviario de Córdoba y
también él ferroviario desde los 12 años. Luego de la caída de Perón,
padre e hijo se unieron a la Resistencia. Miembro fundador del Movimiento
Nacional de Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos (MoNaReFA),
hoy es un experto en el tema.
"En 1955, mientras,
los burócratas sindicales se reunían en Olivos con el general Lonardi
primero y con el general Aramburu después, para reacomodar las relaciones
con el nuevo poder, el Partido Justicialista se había volatilizado",
recuerda Cena. que conoce de primera mano la anécdota de los Mau Mau.
"La Resistencia se fue conformando a través de los cuerpos de delegados,
seccionales de sindicatos, por zona o región, comisiones internas y
de reclamos. No hubo ningún ideólogo, intelectual o político que preparara
la Resistencia".
En el caso de los
obreros ferroviarios, las reuniones comenzaron después del bombardeo
a la Plaza de Mayo en junio de 1955. Cena fue testigo de esos encuentros
porque se realizaron en la casa de su padre, en Córdoba.
"Con el pretexto
de jugar a la taba, llegaban compañeros de todos los lugares ferroviarios
del país. Los articulaba la unidad territorial del oficio y el sindicato.
Los encuentros organizativos fueron rotando. La reunión más importante
fue en la Estación La Reducción, en Tucumán".
Luego del golpe del
16 de septiembre, las comisiones internas y de reclamos de la Unión
Ferroviaria en Tafí Viejo crean el Comando Interseccional Peronista
de Obreros del Norte (Cipon). El núcleo está en Tafí Viejo, pero se
extiende a todo el norte del país. Es la concentración obrera más grande
del noroeste. Le siguen los Altos Hornos Zapla.
"El Cipon estaba
formado por compañeros duros, probados y disciplinados, defensores a
ultranza de los ferrocarriles estatales", narra Cena. "En más de una
oportunidad, en el gobierno de Perón descabezaron jefaturas del taller
por corruptas o ineptas. Esta metodología perduró después del golpe
de 1955. Fueron los primeros en operar fuera de la organización partidaria.
En todo el norte organizaron paros y sabotajes, no sólo ferroviarios.
También impulsaron aprietes a comandos civiles, rompehuelgas, delatores
y traidores. Eran absolutamente independientes y nunca pudieron ser
controlados. Antes del advenimiento del peronismo, los anarquistas tenían
gran influencia en los talleres; instauraron maneras de comportamiento,
códigos éticos, métodos de organización y trabajo gremial. Con Perón
en el gobierno, la relación entre anarquistas y peronistas continuó,
basada en un respeto mutuo".
Los antiperonistas
de Tafí comienzan a llamarlos Mau Mau. Los militantes del Cipon no se
sienten ofendidos: también reivindican la guerra de independencia en
Kenia. Y para hacer honor al nombre le "cortan la cabeza" a dos jefaturas
de taller seguidas, expulsándolas por "gorilas".
Varios oficiales
del ejército retirados y en actividad que se dicen peronistas van a
ver a los dirigentes del Cipon para influenciarlos. Todos son rechazados,
especialmente el general Miguel Ángel Iñiguez, del Comando de Operaciones
de la Resistencia (COR), más afecto a los golpes militares que a las
revoluciones populares. "Los Mau Mau sólo recibieron al entonces capitán
Adolfo César Phillipeaux, quien en 1956 se había unido en La Pampa al
levantamiento del general Juan José Valle", cuenta Cena. "Con él mantuvieron
una relación militante y de gran respeto".
El ferroviario cordobés
evoca por sus apodos a viejos conocidos de la Resistencia Peronista:
Cutiti Díaz, Chichilo Céliz, Tableta Gutiérrez, Andrés Suter... De ellos
sólo viven El Toto Romero y El Inglés Campbell.
"El anecdotario de
sus vidas es enorme", recuerda Cena. "Todos murieron pobremente, orgullosos
de haber sido lo que fueron. El primer desaparecido ferroviario de la
Resistencia es Raúl Lechessi, en el gobierno de Isabel Martínez. Ni
siquiera durante la dictadura cívico- militar de 1976-1983 los trabajadores
ferroviarios claudicaron".
Unas últimas líneas
sobre los Mau Mau de Kenia: durante años, historiadores y periodistas
británicos presentaron una imagen feroz de los independentistas, pero
el investigador Mark Curtis, fundador del Royal Institute of International
Affairs, tiró abajo estas descripciones. En su libro Web of Deceit
("Red de engaños"), publicado en 2003, Curtis revela que más de
un millón de kenianos fueron prisioneros en "aldeas cercadas". A los
sospechosos se les interrogaba con "cortado de orejas, perforación de
tímpanos, azotes y quemaduras con cigarrillos encendidos".
Y
el historiador David Anderson, de la Universidad de Oxford y autor de
Histories of the Hanged: The Dirty War in Kenya and the End of Empire
("Historias de los colgados: La guerra sucia en Kenia y el fin del imperio"),
publicado en 2005, presenta evidencias de la brutal represión británica:
20.000 rebeldes asesinados, 150.000 civiles acusados de simpatizar con
ellos enviados a campos de trabajos forzados y más de mil ejecutados
en la horca. Anderson demuestra que sólo 32 colonos ingleses murieron
durante un conflicto que duró más de siete años.
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