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Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, Buenos Aires, 01/06/09.- En
1999, el historiador Enrique Pavón Pereyra le aseguró a un periodista
que el general Juan Domingo Perón llegó a evaluar, durante su destierro
en Madrid y mientras gobernaba el radical Arturo Illia, una propuesta
de invadir el noroeste de Argentina con legionarios españoles para crear
un "foco rebelde" que posibilitara su retorno al poder.
El plan -según Pavón
Pereyra- fue presentado en 1964 por un audaz y leal hombre de negocios
llamado Julio Gallego Soto, un español nacionalizado argentino que había
sido amigo del escritor nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz.
La operación sería
financiada por el magnate griego Aristóteles Sócrates Onassis, importador
de tabaco turco y armador de barcos. El comandante de la avanzada militar
era el general Raoul Salan, ex cabecilla de la Organisation de l'Armée
Secrète (OAS), grupo terrorista que se había enfrentado al general Charles
de Gaulle, presidente de Francia, a causa de la independencia de Argelia.
En la entrevista,
realizada por Ricardo E. Brizuela y distribuida el 11 de abril de 1999
por la agencia de noticias Infosic, Pavón Pereyra sostiene que fue precisamente
la participación de Salan en el operativo lo que determinó que Perón
descartara la propuesta de Gallego Soto. El líder exiliado mantenía
una excelente relación con De Gaulle.
"A última hora Perón
la deja sin efecto", relata el historiador. "El asunto consistía en
transportar por aire, a una zona entre Tucumán y Salta, a un tercio
español de setecientos a ochocientos hombres de la Legión Extranjera,
para crear un foco rebelde".
Los "tercios", creados
en el siglo XVI, eran unidades de infantería del ejército español, utilizados
fundamentalmente en las guerras coloniales. Aunque fueron oficialmente
disueltos en 1920, los regimientos de la Legión española aún conservan
esa denominación.
Más adelante, Pavón
Pereyra agrega: "Pero resulta que el que comandaría la operación sería
Raoul Salan, famoso general argelino que levantó el ejército de su país,
antidegaullista, que también aplastó el movimiento independentista de
Argel con mano durísima y cruel, con un costo tremendo en vidas humanas
para el bando rebelde. Cuando Perón se enteró dijo: De ninguna manera,
ni hablar".
Pavón Pereyra, fallecido
en enero de 2004, es el primer biógrafo en vida del tres veces presidente
argentino. Algunos de los títulos que publicó lo dicen todo: Perón (1953),
Vida de Perón (1965), Coloquios con Perón (1965), Perón, tal como es
(1973), Perón, tal como fue (1986), Conversaciones con Juan Domingo
Perón (1978), Correspondencia de Perón (1981), Los últimos días de Perón
(1981), Diario secreto de Perón (1985) y Yo, Perón (1993).
Sin embargo, en sus
revelaciones sobre el presunto proyecto de invasión de legionarios españoles
al noroeste argentino, el historiador desliza dos errores. Salan, el
"famoso general argelino" era francés. Conocido como "El mandarín" y
"El chino" desde que fue comandante de las tropas francesas en Indochina,
había nacido en Roquecourbe, al sur de Francia, en 1899.
El segundo error
es más grave: en 1964, Salan estaba preso. Dos años antes había sido
condenado a cadena perpetua por su vinculación con la OAS. Sin embargo,
el militar salió en libertad en julio de 1968 gracias a una amnistía
del general De Gaulle. Y ese detalle echa por tierra todo el relato
del "foco rebelde".
No obstante, Pavón
Pereyra rescata la figura de un personaje desconocido por los peronistas
jóvenes y poco conocido por los no tan jóvenes: Julio Gallego Soto.
Nacido en noviembre de 1915 en una pequeña localidad de Castilla y León,
llegó muy joven a Buenos Aires, donde se hizo amigo de Raúl Scalabrini
Ortiz. Integrante de una familia que se dedicaba a la importación de
telas inglesas, se relacionó con Perón en 1943 y se convirtió, con apenas
28 años de edad, en su colaborador en las sombras durante tres décadas.
Y aunque esquivaba los puestos públicos, en 1946 fue un discreto asesor
económico del ministro de Salud Pública, Ramón Carrillo
Pavón Pereyra lo
describe así: "Era un hombre de circunstancias, le servía a Perón desde
un principio, haciéndole llegar y atendiendo a las necesidades urgentes.
No sólo de plata. Tenía acceso a los centros económicos con mucha familiaridad.
No tenía aspiraciones económicas. No se le quedaba pegada plata que
no le perteneciera".
El periodista Rogelio
García Lupo, a su vez, ahonda la descripción en Zona, suplemento de
Clarín, el 11 de octubre de 1998: "Julio Gallego Soto fue agente de
Perón para las operaciones confidenciales de mayor riesgo. Conocía las
cuentas numeradas de los bancos de Nueva York, Barcelona, Montevideo
y París, donde era mayor la discreción y también podía reconstruir de
memoria la historia de los contradocumentos y las transferencias de
fondos que respaldaban los pactos políticos del jefe del justicialismo.
Gallego Soto fue un eximio conspirador que construyó como una obra de
arte su bajo perfil, a pesar de haber vivido momentos históricos junto
a Perón o por cuenta de Perón".
Su vida se cortó
abruptamente a los 61 años de edad. En julio de 1977, agentes del Batallón
601 de Inteligencia lo secuestraron y torturaron para averiguar sus
"conexiones financieras" con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
"Se llevó muchos secretos a la tumba sin nombre, cuando un comando militar
lo desapareció para siempre", escribe García Lupo.
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