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El MERCOSUR, el "pensamiento único" y Domingo F. Sarmiento

Por Roberto Bardini

Rebanadas de Realidad - Bambú Press, México, 15/11/05.- Los ecos de la Cuarta Cumbre de las Américas, realizada el 4 y 5 de noviembre en Mar del Plata, todavía resuenan en varias capitales hispanoamericanas, aunque un poco distorsionados.

Además de los posteriores cortocircuitos diplomáticos Argentina-México y México-Venezuela, a muchos editorialistas de países que no pertenecen al Mercado Común del Sur (MERCOSUR) les atacó un súbito patriotismo que, en general, no exhiben hacia Estados Unidos aún cuando existen condiciones reales para reaccionar en contra. En cambio, dirigieron en desafinado coro sus belicosos comentarios hacia Buenos Aires y Caracas.

En opinión de estos columnistas, el presidente argentino Néstor Kirchner es un "oportunista de centro-izquierda" y el mandatario venezolano Hugo Chávez es un "dictador gorila". En un diario del Distrito Federal, alguien condenó "la vulgaridad de los caciques que sienten que al eructar una ordinariez creen que han legado una frase digna del mármol y el oro". Ni Diego Armando Maradona se salvó de esta catarata de adjetivos calificativos.

Es una victoria del "pensamiento único": hispanoamericanos contra hispanoamericanos.

El dios mercado

El francés Alain Finkielkraut, nacido en 1949, profesor de Filosofía en la reconocida Escuela Politécnica de París y considerado uno de los más importantes pensadores actuales, se refiere al "pensamiento único" en un libro cuyo título lo dice todo: La derrota del pensamiento (1987). Afirma que "el mandato inapelable de la vida cotidiana la dicta el dios llamado mercado".

El dios mercado tiene feligreses muy distintos a los primeros cristianos que compartían el pan en las catacumbas romanas. Rafael Ballén, profesor investigador colombiano y presidente de Alianza Universal por la Paz (Univerpaz) escribe: "Los dueños del pensamiento único son también los dueños del mundo: los recursos naturales, las fábricas, las corporaciones financieras, las grandes cadenas comerciales, los laboratorios, la ciencia y la cultura. Y para que nadie se atreva a decir, hacer o pensar algo distinto […], también son dueños de los únicos medios de comunicación que desinforman al mundo".

En enero de 1995, en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet define al "pensamiento único" como "una especie de doctrina viscosa, que, insensiblemente, envuelve cualquier razonamiento rebelde, lo inhibe, lo perturba, lo paraliza y acaba por ahogarlo".

El arzobispo sudafricano Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz 1984, recurre a una breve parábola que lo resume en pocas palabras: "Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: 'Cierren los ojos y recen'. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia".

El fin de una historia... que no termina

Uno de los principales teóricos del "pensamiento único" es el economista político Francis Fukuyama, nacido en 1952 en Chicago, graduado en Harvard, ex funcionario del Departamento de Estado norteamericano y profesor en la Universidad John Hopkins. Fukuyama se hizo famoso en 1989 por su polémico libro El fin de la historia, en el que sostiene que la lucha entre ideologías terminó al concluir la guerra fría. Las ideologías, afirma, fueron sustituidas por la economía. Y económicamente la única opción es el liberalismo. El derrumbe de la Unión Soviética en 1985-1991 y la caída del Muro de Berlín en 1989 parecieron darle la razón.

"El fin de la historia significa el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas", escribe Fukuyama. Pero frente al rumbo que tomó el planeta, posteriormente se retractó en parte y explicó que en realidad no dijo lo que dijo, sino que fue mal interpretado.

En su libro La gran ruptura, publicado una década después, el economista destaca que las naciones ricas experimentaron grandes cambios por el quiebre en sus valores: la gente perdió confianza en las instituciones y tendió a comprometerse menos y a vincularse en grupos pequeños. Opina que para que un país pueda adaptarse a un mundo globalizado, es fundamental que los ciudadanos tengan confianza en las instituciones: "Si el presidente roba no hay confianza en ese país; la sociedad civil debe organizarse, deben fortalecerse los partidos políticos, las organizaciones sociales, laborales y sindicales". La economía, agrega, "debe funcionar sobre valores éticos".

El desarraigo iberoamericano

"Pensamiento único" hubo en el pasado -aunque entonces no se llamaba así- en casi todos los países de Iberoamérica y tuvo sus implacables exponentes. Uno de ellos fue Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), escritor, militar, político y presidente de 1868 a 1874.

Liberal a ultranza, promotor de la inmigración europea y enemigo despiadado del nacionalismo representado por Juan Manuel de Rosas, Sarmiento es considerado por la historia oficial como el máximo modelo educativo. Hombre de armas, fundó el Colegio Militar y la Escuela Naval. El 11 de septiembre, fecha de su muerte, se estableció en Argentina como el Día del Maestro. El catalán Leopoldo Corretjer (1862-1941) le compuso un himno que lo menciona como "padre del aula" y en sus estrofas iniciales lo presenta como un prócer de la pedagogía: Fue la lucha, tu vida y tu elemento; / la fatiga, tu descanso y calma. / La niñez, tu ilusión y tu contento, / la que al darle el saber, le diste el alma. / Con la luz de tu ingenio iluminaste / la razón en la noche de ignorancia.

Autor del libelo Civilización o barbarie (1845), publicado por entregas durante su exilio en Chile en el periódico El Progreso, Sarmiento estableció un sistema de dicotomías que enfrentó -y aún enfrenta- a sus compatriotas: ciudad-campo, unitarismo-federalismo, frac-poncho, europeos y estadounidenses-indios, teatros-pulperías.

Sarmiento fue ministro plenipotenciario durante la presidencia de Bartolomé Mitre (1821-1906), otro político, escritor y militar que gobernó de 1862 a 1868, fundador del diario La Nación. Ambos se asociaron para reescribir y reinterpretar la historia argentina, logrando un determinado tipo de "pensamiento único" que continúa enquistado hasta hoy en programas de estudio, partidos políticos liberales y sectores sociales "progresistas".

Para toda esa amplia franja que prefiere no mirar hacia el pasado con ojos críticos, los escritores revisionistas son personajes incómodos y siempre inoportunos, a quienes hay que escamotearles las cátedras, las tribunas públicas y los medios de comunicación. Los revisionistas son investigadores que hurgan en documentos, discursos y cartas, y exponen al "otro" Sarmiento, el de carne y hueso, el que no corresponde con su imagen de prócer inmortalizado en los bustos de bronce.

Veamos el pensamiento del "padre del aula" sobre algunos temas a través de sus propias palabras:

El gaucho: "La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos" (Carta a Mitre, 20 de septiembre de 1861).

El pueblo: "Tengo odio a la barbarie popular [...]. La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil [...]. Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden. [...] Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas" (Carta a Mitre, 24 de septiembre de 1861).

El Estado, los pobres y los huérfanos: "Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le de dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer" (Discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires, 13 de septiembre de 1859).

Las provincias: "En las provincias viven animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor" (Informe a Mitre, 1863).

Los indígenas: "¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado" (El Progreso, 27 de septiembre de 1844, El Nacional, 25 de noviembre de 1876, 8 de febrero de 1879 y 19 de mayo de 1887).

La Patagonia: "Es una tierra desértica, frígida e inútil. No vale la pena gastar un barril de pólvora en su defensa. ¿Por qué obstinarse en llevar adelante una ocupación nominal? (El Nacional, 19 de julio de 1878).

Las Islas Malvinas: "La Inglaterra se estaciona en las Malvinas. Seamos francos: esta invasión es útil a la civilización y al progreso" (El Progreso, 28 de noviembre de 1842).

José Artigas: "Un bandido, un tártaro terrorista. […] Jefe de bandoleros, salteador, contrabandista, endurecido en la rapiña, incivil, extraño a todo sentimiento de patriotismo, famoso vándalo, ignorante, rudo, monstruo, sediento de pillaje, sucio y sangriento ídolo (Obras Completas, editorial Luz del Día, Buenos Aires, 1948-1956).

Paraguay: "Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto a falta de razón. En ellos se perpetúa la barbarie primitiva y colonial. Son unos perros ignorantes de los cuales ya han muerto 150 mil. Su avance, capitaneados por descendientes degenerados de españoles, traería la detención de todo progreso y un retroceso a la barbarie [...]. Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que le obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana: raza perdida de cuyo contagio hay que librarse" (Carta a Mitre, 1872).

Chile: "Es nuestra patria querida. Para Chile debemos vivir. En esta nueva afección deben ahogarse todas las antiguas afecciones nacionales" (El Progreso, 11 de enero de 1843).

En Sarmiento y el desarraigo iberoamericano: Reflexiones ante una actitud (Actas del VI Seminario de Historia de la Filosofía Española, Ediciones Universidad de Salamanca, 1990), el español José Luis Gómez-Martínez sostiene: "De este modo se ocultaban las verdaderas causas del fracaso iberoamericano: la falta de originalidad, la imitación absoluta, el despego de las propias circunstancias que preferían ignorar. Nunca se había contado con el pueblo para gobernarlo; se le había dado constituciones que no sentía, leyes que se oponían a sus tradiciones y que le eran desconocidas y, ahora, se les acusaba también del fracaso de unas formas de gobierno en las cuales no le habían permitido participar".

Gómez-Martínez publicó lo anterior hace 15 años, pero parece redactado al finalizar la Cuarta Cumbre de las Américas en Mar del Plata.

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