| Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, México, 22/11/05.- El
domingo 20 de noviembre la prensa de Buenos Aires recordó que 60 años antes comenzaron
en Alemania los juicios de Nüremberg y que, tres décadas atrás, murió el dictador
Francisco Franco en España. Independientemente
de que la derrota del nazismo puso fin a una gran tragedia europea, esos juicios
fueron la farsa más dantesca de la que se tenga registro en la historia del siglo
XX. Algún día habrá que sentar en el banquillo a ciertos herederos actuales de
aquellos jueces, jurados, fiscales y testigos de cargo, los que hoy ejecutan un
lento y sistemático holocausto neoliberal contra el Tercer Mundo. El destino de Argentina
no se selló en Stalingrado, bajo el Arco del Triunfo de París o en las ruinas
de la Cancillería en Berlín. Mucho menos en el Palacio del Escorial, al norte
de Madrid. Por eso lo llamativo
de este domingo que pasó fue que a ningún columnista "políticamente correcto"
de diario, revista, radio o televisión se le ocurrió mencionar que el 20 de noviembre
de 1845 se libró en Argentina la batalla de la Vuelta de Obligado. Fue un desigual enfrentamiento
de criollos contra una flota pirata anglo-francesa, "coalición de la libertad"
de la época, como la que hoy permanece en Afganistán e Irak -y antes en Somalia-
dirigida por Estados Unidos. Algo que se les olvida, incluso, a varios analistas,
politólogos y "cientistas sociales" enrolados en el progresismo light. El
combate estalla en un recodo del Río Paraná. Comienza a las ocho y media de la
mañana, y concluye a las cuatro de la tarde, cuando la artillería argentina -apenas
30 cañones de bajo calibre- ya no tiene proyectiles. Dos mil 200 hombres, entre
soldados regulares y gauchos voluntarios, dirigidos por el general Lucio N. Mansilla
-padre de Lucio V. Mansilla, también militar y escritor, autor de Una expedición
a los indios ranqueles- enfrentan a los invasores. En
1845, el brigadier general Juan Manuel de Rosas gobernaba la Confederación Argentina.
La escuadra anglo-francesa, integrada por 11 buques de guerra y 40 barcos mercantes,
había invadido aguas territoriales desde principios de noviembre, con el pretexto
de "atenuar" las tensiones entre Buenos Aires y Montevideo. Como más de un siglo
después harán con los hutus y tutsis en Burundi y con los chiitas y sunnitas en
Irak. El verdadero objetivo
de Gran Bretaña y Francia es navegar libremente por el Río de la Plata y los ramales
interiores pertenecientes a su cuenca. Los invasores quieren abrir una comunicación
directa con Paraguay y, en el trayecto, tener acceso a los mercados de las provincias
ribereñas para vender sus productos. Los dos países cuentan con el visto bueno
de los unitarios, enemigos a muerte de los federales encabezados por Rosas. En 1843, Florencio
Varela había solicitado, como representante de los unitarios en Europa, la intervención
armada anglo-francesa. En septiembre de 1845, ambas potencias declararon el bloqueo
a Buenos Aires. Los criollos se instalan
en un paraje conocido como la Vuelta de Obligado (entre los pueblos de San Pedro
y Ramallo, hoy provincia de Buenos Aires), donde el río Paraná tiene 700 metros
de ancho y una curva muy marcada que dificulta la navegación a vela. La artillería
enemiga triplica a la de los defensores y, además, es de mayor poder: 99 cañones
de calibres 24 y 80. Mansilla ordena tender
de una orilla a la otra tres gruesas cadenas montadas sobre 24 botes. La barrera
está custodiada por Republicano, el único barquito de guerra nacional.
Durante
esas ocho horas de combate los argentinos sufren la peor parte: 250 muertos, 400
heridos y 21 cañones destruidos. El propio general Mansilla es lesionado en el
estómago por esquirlas de metralla al dirigir una de las cargas. Los atacantes
incendian las lanchas que sostienen las cadenas. Cuando el capitán del Republicano
ve que no puede enfrentar a las naves enemigas, ordena a su tripulación abandonar
el buque y lo hace explotar en el medio del río para dificultar el avance enemigo.
Ingleses
y franceses sufren, en comparación, pocas bajas: 26 muertos y 86 heridos. Pero
los daños en sus buques obligan a la escuadra a permanecer 40 días en la Vuelta
de Obligado para repararlos. Su triunfo es relativo: logran pasar pero fracasan
en su intento de ocupar las costas. Y los barcos mercantes no venden un solo producto.
Las noticias
del desigual combate se divulgan por todo el continente. Los gobiernos de Chile
y Brasil, hasta entonces adversos a Rosas, manifiestan su apoyo a la Confederación
Argentina. La prensa de Estados Unidos, país entonces considerado cuna de la democracia
americana, elogia al caudillo federal. El general unitario Martiniano Chilavert
ofrece unirse a los federales para combatir a "los enemigos europeos". Otro
unitario, Rafael Hernández, hermano del autor de Martín Fierro, describe
el enfrentamiento con admiración, dejando de lado intereses partidistas: "Los
jefes vencedores al elevar el parte oficial a sus respectivos gobiernos, hacían
elogios muy honrosos del valor y perseverancia a nuestros bravos, que morían dando
vivas entusiastas a la independencia americana (…). Aquel día fue un verdadero
triunfo para las armas de Buenos Aires, por el valor heroico que desplegaron nuestros
guerreros, y como combate naval, es uno de los más grandes y gloriosos que se
registran". El
historiador Ernesto Palacio afirma en su Historia de la Argentina (1515-1943):
"Todas las provincias, con sus gobernadores y legisladores, se pronunciaron contra
la agresión y ofrecieron sus contingentes para resistir. El glorioso general San
Martín escribía desde su retiro poniendo su espada y su persona al servicio de
la nación y felicitaba al gobernador de Buenos Aires como defensor de la Independencia
Americana". El
conflicto causa grandes pérdidas comerciales a las dos potencias europeas, que
deciden iniciar negociaciones de paz en forma separada. Inglaterra firma un tratado
el 24 de noviembre de 1849 y Francia el 31 de agosto del año siguiente. La
ley Nº 20.770 establece el 20 de noviembre como Día de la Soberanía. No obstante,
los historiadores oficiales -reacios a la controvertida figura de Juan Manuel
de Rosas- continúan minimizando hasta el día de hoy el combate de la Vuelta de
Obligado. La fecha no se conmemora en escuelas primarias ni colegios secundarios.
Los actuales comunicadores siguen ese ejemplo: prefieren recordar los juicios
de Nüremberg y la muerte de Franco. No
se debe permitir más que los historiadores que escamotearon el pasado y los analistas
light que distorsionan el presente nos roben el futuro. Se debe continuar
dando testimonio hasta que la verdad nos haga libres. Hoy la memoria es un arma
cargada de futuro. |