| Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, México, 31/08/06.- A
diferencia de la mayoría de mandatarios de América Latina, Luiz Inácio Lula da
Silva, hijo de campesinos analfabetos, no egresó de las carreras de Derecho, Economía
o Administración de Empresas, sino que fue lustrador de zapatos, ayudante de tintorería
y operador metalúrgico. Entonces tenía 14 años, trabajaba 12 horas diarias y seguramente
ignoraba que llegaría a ser dirigente sindical y luego presidente de la nación.
Ahora, después de
haber asumido el gobierno en enero de 2003 con más de 57 millones de votos -la
más alta votación mundial- y luego de tres años de ejercer el poder como el "primer
presidente obrero" de Brasil, trascendió que al día siguiente de haber ganado
las elecciones, ya quería saber cómo se manejan algunos secretos de Estado. Nunca
es tarde para aprender y él ha demostrado que es un hombre que quiere superarse. Según el libro Viajes
con el Presidente, de los periodistas brasileños Eduardo Scolese y Leonencio
Nossa, a las 24 horas de su triunfo electoral en octubre de 2002, una de las primeras
preguntas que Lula le hizo a su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, fue: - Fernando, ¿cómo
haces para hacerte una escapadita? Como Cardoso es sociólogo,
profesor universitario y autor de varios libros, posiblemente el ex sindicalista
se refería al modo de tomarse un receso para asistir en forma desapercibida a
conferencias, cursos de economía, actividades académicas y presentaciones de libros.
Quizá fueran pequeñas "debilidades" de un ex obrero con ansias de conocimiento. Si los autores del
libro se refieren a otro tipo de "debilidades", la historia abunda en casos que
podrían resultar ilustrativos para el presidente con deseos de aprender. Hay ejemplos
en las esferas de poder monárquico, comunista y capitalista. Un caso se encuentra
en su propio país. Pedro I de Braganza, emperador del Brasil de 1822 a 1831, fue
conocido como "el rey soldado": posiblemente gracias a sus conocimientos de táctica
y estrategia, lograba hacer varias "escapaditas" con numerosas amantes para saciar
sus ímpetus sin el concurso de su esposa Leopoldina de Habsburgo. En el otro extremo
del arco ideológico, el ruso Vladimir Ilich Lenin, enemigo de la aristocracia
y padre de la Unión Soviética, de quien Lula seguramente aprendió mucho en su
etapa de líder gremial, también tuvo sus largos momentos de esparcimiento con
la feminista francesa Inessa Armand, primera presidenta de la Internacional de
Mujeres Comunistas en 1919. Si se buscan ejemplos
"capitalistas", Lula debería investigar acerca de los que en su momento fueron
secretos presidenciales en el hemisferio norte. Thomas Jefferson, redactor de
la Declaración de Independencia de Estados Unidos y tercer presidente de su país,
tuvo amoríos -y parece que también hijos- con una esclava negra llamada Sally
Hemings. Franklin Delano Roosevelt andaba en silla de ruedas, pero no necesitó
alejarse mucho de la Casa Blanca para sus andanzas extraconyugales: Lucy Mercer,
su secretaria, fue fiel amante durante 29 años. Al multipublicitado John Fitzgerald
Kennedy se le atribuye una relación con las actrices Jane Mansfield y Marilyn
Monroe. Aunque más torpe, William Clinton tampoco buscó entretenimiento fuera
de la avenida Pensilvania Nº 1600 de Washington: se entretuvo detrás de una puerta
del Salón Oval con las destrezas bucales de la rolliza Mónica Lewinsky. En todo caso, si
a esta altura Lula no aprendió a "hacer sus escapaditas", aún le quedan dos años
en la presidencia para ponerse al día. Fuera de esto, Viajes
con el Presidente, de Eduardo Scolese y Leonencio Nossa, trae otras "perlas".
Los periodistas, que cubren las noticias del Palacio del Planalto, sede de la
presidencia brasileña, describen una cena realizada en la embajada de Brasil en
Tokio, en mayo de 2005, en la que delante de unas 20 personas Lula soltó palabrotas
contra sus colegas del Mercado Común del Sur. Según los autores,
el mandatario brasileño habría dicho: "Hay momentos que tengo ganas de mandar
a Kirchner a la puta que lo parió". Sobre Jorge Battle, entonces presidente de
Uruguay, Lula habría opinado: "No es uruguayo, carajo. Fue criado Estados Unidos.
Es cachorro de los (norte)americanos". Y para completar sus comentarios a tres
bandas, también habría comentado: "Chile es una mierda. Ellos hacen acuerdos con
los (norte)americanos. Quieren que uno se joda por aquí. Ellos se cagan en nosotros". Posiblemente algún
espíritu sensible considere que Lula aún está a tiempo para mejorar su vocabulario,
sobre todo si hay reporteros cerca. Como se dijo al principio, nunca es tarde
para aprender y él ha demostrado que es un hombre que quiere superarse. |