| Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, México, 07/11/06.- Según
diversas encuestas y opiniones de analistas de prensa, el presidente George W.
Bush llegó a la elección legislativa del 7 de noviembre con el índice de popularidad
más bajo en décadas, mientras que la suerte del Partido Republicano está pendiente
de un hilo luego de doce años de tener la mayoría de diputados y senadores. Sin embargo, no existe
ninguna certeza acerca del impredecible voto de los 200 millones de electores
estadounidenses que decidirán la composición de 435 escaños de la Cámara de Representantes
y de 33 de los cien del Senado. En estos comicios también están en juego 36 gobernaciones
de los 50 estados de la Unión Americana. El fallecido ex presidente
Ronald Reagan logró un índice de aprobación de 63 por ciento en las elecciones
legislativas de 1986. George H. Bush, su sucesor, contaba con un nivel de preferencia
de 54 por ciento en los comicios legislativos de 1990. William Clinton tuvo 46
por ciento en 1994 y llegó a 66 por ciento en las elecciones legislativas de 1998.
En cambio Bush, que
tenía un índice de aprobación del 63 por ciento en las elecciones legislativas
de 2002, ahora descendió -de acuerdo con sondeos de la empresa Gallup- a un escaso
38 por ciento. En este sentido, el mandatario comparte créditos estelares con
otros dos grandes mediocres que ocuparon la Casa Blanca: el demócrata Lyndon B.
Johnson y el republicano Richard Nixon. Johnson, aunque logró
algunos avances en materia de derechos civiles, ordenó una escalada en el conflicto
de Vietnan sólo porque le preocupaban las críticas de los conservadores acerca
de que era "blando" contra el comunismo. Nixon, pese a la distensión con la Unión
Soviética y la apertura diplomática hacia China, ordenó bombardeos masivos en
Vietnam y se involucró en las invasiones a Laos y Kampuchea, mientras que internamente
hizo un uso indebido del FBI y la CIA, hasta culminar con el escándalo de Watergate
en 1974. Los errores de uno y otro causaron 58 mil bajas estadounidenses en una
guerra lejana que no representaban ningún peligro para el país. George W. Bush, que
no avanzó en la cuestión de derechos civiles, ni en la distensión mundial, "puede
competir con cada una de estas mediocres luminarias de la presidencia", sostiene
Ivan Eland, director del Centro para la Paz y la Libertad en The Independent Institute,
de Oakland (California), y autor del libro The Empire Has No Clothes. "En lugar
de utilizar todos los recursos de la seguridad nacional del gobierno de los Estados
Unidos para capturar o matar a Osama bin Laden, el perpetrador de los ataques
del 11 de septiembre, Bush invadió un país no relacionado con ellos, ha quedado
atascado en un atolladero y una guerra civil, y le ha proporcionado de manera
no intencional un campo de entrenamiento para -y alimentado el odio de- un movimiento
terrorista jihadista que probablemente atacará objetivos estadounidenses durante
décadas". La agenda de esta
campaña electoral se caracterizó por la guerra en Irak, que según la mayoría de
encuestas constituye la principal preocupación de los votantes. Indagaciones del
Washington Post acerca de los temas que los electores toman en cuenta a la hora
de asistir a las urnas colocaron a Irak en primer lugar con un 31 por ciento.
Bastante más atrás siguen la economía, con 21 por ciento, y la salud, con 12 doce
por ciento. La publicitada la "lucha contra el terrorismo", uno de los puntos
fuertes de Bush, figura con sólo 11 por ciento. El presidente se
lanzó a una gira electoral por diez estados para respaldar las candidaturas republicanas
que se encuentran amenazadas. Pero, al mismo tiempo, unas cuantas "espadas" demócratas
como Hillary y William Clinton, junto con la combativa californiana Nancy Pelosi
-quien podría transformarse en la primera mujer presidente de la Cámara de Representantes-
ganaron protagonismo en actos de campaña. A partir de mayo de este año, Bill Clinton
efectuó 60 visitas a 27 estados en apoyo a candidatos de su partido. El periodista conservador
Robert Novak, columnista del Chicago-Sun Times y presentador del programa Fuego
Cruzado, de la CNN, un respetado profesional con más de 40 años de experiencia,
estimó que la impopularidad de la guerra de Irak y del presidente Bush podría
derivar en un triunfo demócrata similar a la era posterior al escándalo de Watergate.
Otro analista conservador, Charlie Cook, del National Journal Group, pronosticó
48 horas antes de las elecciones que sólo un "milagro" podrá salvar al Partido
Republicano. |