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Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, México, 28/03/07.-
Radar, suplemento
cultural de Página 12, le pidió a Roberto Baschetti -uno de los más acuciosos
compiladores de la historia del peronismo- un artículo sobre Rodolfo Walsh
con motivo de cumplirse 30 años de su asesinato. Baschetti envió su trabajo,
pero lo llamaron para informarle que el editor del suplemento, Juan Boido,
no estaba de acuerdo con el contenido. El artículo no fue publicado.
Lo más curioso del
caso es que el trabajo de Baschetti da la palabra a Walsh a través de
una selección de citas. Es el autor de Operación masacre quien se expresa
sobre el peronismo, la "revolución libertadora" de 1955, los fusilamientos
clandestinos de junio de 1956 en José León Suárez, la resistencia a la
última dictadura cívico-militar, el papel de los intelectuales en favor
de "las esperanzas, las inquietudes y los reclamos de la clase obrera".
Al final del artículo,
Baschetti escribe: "Los bien pensantes, los intelectuales 'progresistas',
con el retorno de la democracia en 1983, primero tratan de ignorar a Walsh,
luego de 'ningunearlo'. Ante la contundencia de sus escritos y valores
deben resignarse a hacerle un lugar; eso sí, explicando permanentemente
o dando a entender que era un brillante intelectual pero políticamente
equivocado".
Se supone que Página
12 -a veces oficialista y a veces oficioso- es un diario "progresista",
de "centroizquierda". Cuenta con un par de firmas antiperonistas que cada
cierto tiempo, como "viudas de Walsh", escriben sobre él. Uno de ellos,
incluso, prologó una de las últimas ediciones de Operación masacre. Ellos
lo recuerdan como escritor, como amigo querido, como ser humano. Se saltean,
eso sí, su opción política por el peronismo en el que militó hasta el
último día de su vida. Pasan por esa cuestión como gato entre las brasas:
a los saltos y en zig zag.
Pues bien, la actitud
de Juan Boido demuestra que han pasado tres décadas desde la muerte de
Rodolfo Walsh y su palabra precisa sigue restallando como un látigo sobre
la conciencia de algunos imbéciles. Los "intelectuales progresistas" y
los "bien pensantes" no logran digerirlo. Han logrado convertir a Jacobo
Timerman, mediante un complicado juego de prestidigitación, en un mártir
del cuarto poder, en un esforzado periodista democrático, en un ciudadano
que nunca alentó golpes militares,en una víctima del terrorismo de Estado.
Ni Bartolomé Mitre -un pionero en eso controlar el pasado para dominar
el presente- lo hubiera hecho mejor. Pero esos mismos no consiguen domesticar
la figura de Walsh para colocarlo en el anaquel de lo políticamente correcto.
El editor de Radar
no censuró a Roberto Baschetti. Censuró post mortem a Walsh.
Boido ha ganado su
minuto de fama con su "obediencia debida". Lo hizo a través de una idiotez
que pasará a la historia de lo más bajo del periodismo argentino. Una
mezquindad más, idéntica a la de quienes en 1956 enterraban la cabeza
en el suelo como avestruces para no ver a ese hombre que circulaba de
diario en diario buscando quién le editara su serie de artículos sobre
los fusilamientos en el basural de José León Suárez.
Walsh ya se ganó
un lugar en el sitial de los periodistas valientes, los del "violento
oficio de escribir", esos que permanecen "fieles a su compromiso de brindar
testimonio en momentos difíciles". Los otros quizá figuren, con mucha
suerte, en una lacónica nota de pie de página.
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