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Rebanadas
de Realidad
- Bambú
Press, México, 09/09/07.-
Una
explicación no académica -pero tan aceptable como cualquier otra- acerca
del surgimiento, crecimiento y consolidación de Estados Unidos debería
considerar un factor que muchos historiadores soslayan: la vocación para
el tiro al blanco y la puntería de sus hombres más decididos, también
esenciales para la expansión dentro y fuera de sus fronteras.
Esta característica
poco analizada podría resumirse con una simple pero certera expresión
de Mao Tse Tung, formulada por primera vez en Problemas de la guerra
y de la estrategia, obra publicada en 1938: "El poder nace del
fusil". La célebre frase también le cabe a Estados Unidos como un
cartucho en la recámara.
No
es por azar que el fortalecimiento del capitalismo y la extensión del
imperialismo fueran acompañadas por legendarias marcas de fábrica, como
Springfield, Remington y Winchester, junto con artefactos Colt, Browning
y Smith & Wesson. Es casi imposible imaginar a célebres cazadores, tramperos
y exploradores como Davy Crockett, Daniel Boone, Jim Bowie, Kit Carson
y William Frederick Cody, más conocido como "Búfalo Bill", sin una carabina
como prolongación del brazo.
Con revólveres, rifles
y escopetas desde Washington se conquistó el Lejano Oeste. Estados Unidos
casi duplicó su territorio con la apropiación de la mitad de la superficie
original de México, los marines desembarcaron en casi todos los
puertos de América Latina y el Caribe, la bandera de barras y estrellas
ondeó en los rincones más apartados del planeta. Los hombres que llegaban
a esas comarcas lejanas, desconocidas y exóticas no llevaban flores en
sus manos, ni golosinas, ni espejitos de colores. Llevaban pistolas, fusiles
y cañones.
Lo mismo puede decirse
de próceres menores, pero también partidarios de la iniciativa privada,
la libre empresa y la "mano invisible del mercado", como William Henry
Booney, alias "Billy the Kid", y los hermanos Dalton, John Dillinger,
Bonnie & Clyde.
Ninguna de estas
celebridades podía permitirse una equivocación, un mal cálculo o fallas
en la puntería. En aquellas épocas los menesteres se hacían a mano, y
se hacían bien. Eran artesanales, exactos y fríos como un rubí de la India.
En 1935, el general
Smedley M. Butler, comandante de Infantería de Marina dos veces condecorado
con la Medalla de Honor, pronunció un memorable discurso en el Congreso
de Estados Unidos y relató cómo había participado en invasiones a México,
Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Honduras y China: "Fui premiado
con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero
que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone", dijo Butler. "Él,
como gangster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como marine,
operé en tres continentes".
Pero
los tiempos cambian y aunque muchos hombres decididos aún viajan a los
confines más distantes de la tierra para poner las cosas en orden, la
tecnología se impone y las tradiciones se van perdiendo. Computadoras,
radares, controles remotos y consolas han suplantado la corajuda eficacia
del dedo en el gatillo a pocos metros de distancia de los malos, frente
a frente con rebeldes, bandidos, nativos y otras alimañas bípedas.
La semana pasada
un bombardero estadounidense B-52 transportó por error seis misiles de
crucero provistos de cabezas nucleares desde Dakota del Norte, en la frontera
de Canadá, hasta Luisiana, al sur de Estados Unidos, frente al Golfo de
México. El avión llevaba los cohetes para su destrucción, pero las cabezas
nucleares deberían haber sido retiradas de los proyectiles antes de ser
subidos a la nave y, además, la tripulación ignoraba ese detalle.
Fabricado en 1954,
en plena "guerra fría" entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el B-52
mide 48 metros y medio de largo por 12 metros de alto y puede transportar
190 mil kilos.
Un misil de crucero,
propulsado por un reactor, es prácticamente un avión no tripulado que
mide más de cinco metros y pesa entre 1.300 y 1.500 kilos. Es un arma
de destrucción masiva porque lleva una cabeza nuclear, cuyo elemento explosivo
es uranio o plutonio. Por seguridad, cuando se transporta de un lugar
a otro, la cabeza debe ser desmontada.
En seis horas la
mortífera carga atravesó cinco estados de un extremo a otro del país:
Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma y Arkansas. El error que puso
en riesgo a miles de vidas se descubrió recién cuando el aparato llegó
a destino. No hay que tener una excesiva imaginación para suponer qué
hubiera ocurrido en caso de accidente del avión.
La revelación de
la revista independiente Army Times, publicada desde 1940 por una
compañía privada que también edita USA Today y USA Weekend,
ya provocó que rodaran algunas cabezas, no atómicas sino humanas. Un alto
oficial fue relevado de su cargo y a varios más se les retiró el permiso
para manejar armas nucleares.
Las Fuerzas Armadas
de Estados Unidos no abusan en el uso de la palabra "error", sino que
prefieren el concepto "daño colateral", eufemismo que comenzó a ser manejado
internamente en la guerra de Vietnam (1958-1975) y se hizo público durante
la guerra del Golfo Pérsico, en 1991. La expresión indica, bastante benévolamente,
daños no intencionales o accidentales sobre personas, equipos y construcciones
aliadas o neutrales, generalmente civiles.
Afganistán e Irak
suministran unos cuantos ejemplos de "daños colaterales". El 1 de julio
de 2002, un error de puntería transformó una boda en un funeral: tres
aviones abrieron fuego y lanzaron bombas en la aldea afgana de Kakarak,
a unos 250 kilómetros al suroeste de Kabul, donde se celebraba un casamiento,
y perpetraron una de las peores masacres desde el inicio de la ocupación:
40 personas murieron y más de 70 fueron heridas. Todos eran civiles.
El 9 de enero de
2005 un avión estadounidense arrojó una bomba en una casa de Mosul, al
norte de Irak y mató a 14 personas inocentes. Un vocero militar admitió
que fue un "objetivo equivocado".
El 17 de agosto de
2006 murieron doce policías afganos cuando un avión lanzó una bomba "erróneamente"
sobre dos vehículos policiales en el este de Afganistán, cerca de la frontera
con Pakistán. Los agentes buscaban a terroristas de Al Qaeda.
El 8 de mayo de 2007,
siete niños, alumnos de una humilde escuela pública en la aldea iraquí
de Mandali, en la frontera con Irán, murieron junto a tres maestros, ametrallados
por un helicóptero estadounidense.
El 24 de agosto pasado
un avión norteamericano bombardeó por error a soldados británicos en Afganistán
después de que sus aliados les pidieron apoyo aéreo. Errores similares
por parte de los militares estadounidenses en Irak causaron la muerte
de 12 soldados ingleses.
Los buenos viejos
tiempos han quedado atrás: fueron sepultados por monitores, sensores y
chips. Ya nadie le dispara a un malo mirándolo a los ojos, lo despacha
al otro mundo, sopla el cañón de la pistola, enfunda el arma, monta en
el caballo y se aleja en el horizonte silbando una antigua canción sobre
una muchacha que espera en Misouri, Mississipi o Tennesee.
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